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Luna de miel en España: 15 destinos perfectos para cuatro tipos de parejas

Porque no hace falta irse muy lejos para disfrutar de una luna de miel inolvidable con la que redescubrir nuestro país… o disfrutarla de una forma única. ¡Descubrid 15 lugares de España, perfectos para vuestro viaje!

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Hay datos objetivos de España capaces de acabar con cualquier prejuicio, como que tiene más kilómetros de costa que la exótica Malasia, que es el país con más viñas del mundo o que es el cuarto con más bienes del Patrimonio de la Humanidad del planeta.

Tres cifras empíricas que demuestran que nuestro país es mucho más completo y atractivo de lo que sospechamos. Así que, ¿por qué no redescubrirlo y disfrutarlo de la mejor forma posible? Es decir... ¿en un viaje de luna de miel? 

Los destinos son infinitos, pero lugares como Ribera del Duero, Menorca, el Matarraña, los Pirineos de Huesca, el Empordà, La Rioja, Ibiza, Cantabria, Tenerife, Jaén, Lanzarote, Galiciael Priorat y la Sierra de Tramuntana (Mallorca) conforman un listado insuperable para un viaje de novios que rompa con todos los estereotipos y expectativas. 

Índice de contenido:

Luna de miel en España: vista del pueblo de Cadaqués en la Costa Brava, Catalunya, España

¿Por qué ir de luna de miel por España?

Por encima de las razones paisajísticas, culturales o emocionales, elegir España como destino de luna de miel tiene muchas más ventajas de las sospechadas. 

  • En primer lugar, está el efecto psicológico de saber que podéis volver cuando queráis y que os permite disfrutar de cada momento con otros ojos, otros biorritmos y sin apenas FOMO. 
  • En segundo lugar, la flexibilidad que os permite viajar en coche (conduzcas tú o un chófer) o, en su defecto, en un transporte público eficaz que os permite improvisar muchos planes y adaptar cada día al mood con el que os levantéis. 
  • En tercer lugar, el idioma, que permite ser mucho más cercano e, incluso, exigente.
  • Y en cuarto lugar, un nivel hotelero, gastronómico y turístico muy por encima de la media mundial que en muchas ocasiones es invisible a los ojos del viajero medio. Estos 15 destinos de luna de miel por España son ideales para eliminar cualquier prejuicio y, sobre todo, vivir un viaje único… en todos los sentidos. 

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1. Para parejas foodies: una luna de miel gastronómica

Ribera del Duero

El plan no puede ser más apetecible: despertar rodeados de historia, descubrir bodegas fascinantes, catar vinos desconocidos, pasear por pueblos y castillos icónicos y ver el atardecer sobre un mar de viñas. Y es que la Ribera del Duero ha pasado, en los últimos lustros, de ser un destino bodeguero a ser un paraíso gastronómico. Es decir, que al compás de sus vinos más famosos ha ido proliferando una oferta hotelera y de restauración ideal para aquellas parejas que se enamoran cada día por el estómago. 

Hoteles como Abadía Retuerta (donde se casó Stella Banderas), Castilla Termal Monasterio de Valbuena, la Residencia Real Castillo de Curiel o el Hotel Arzuaga mezclan a la perfección relax, sabores y catas, y ejercen de inmejorable punto de partida para descubrir la comarca. 

  • En modo romántico: 

Imprescindible visitar Peñafiel y su castillo, perderse en las entrañas de Aranda de Duero o descubrir algunos parajes insospechados como la Plaza Mayor de Peñaranda de Duero, la iglesia de Santa María de Gumiel de Izán (conocida como La Petra de Burgos) o Moradillo de Roa, donde las bodegas parecen madrigueras de Hobbits. 

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Rioja sin fronteras

Aquí no estamos hablando de la preciosa Comunidad Autónoma homónima, sino de ese paisaje histórico y vitivinícola que se extiende en La Rioja Alta y Rioja Alavesa y que, sin exagerar, conforma uno de los conjuntos paisajísticos y culturales más sabrosos del mundo. 

Porque entre Logroño y Haro hay mucho que descubrir y catar, empezando por el barrio con más bodegas históricas del mundo (el de La Estación de Haro), siguiendo por las bodegas arquitectónicas de Marqués de Riscal, Baigorri o Ysios y terminando en cualquiera de sus mesas. 

Gastronomía para todos

Lo bueno de La Rioja es que la gastronomía es omnipresente. Aquí brillan tanto los pinchos de la famosísima Calle Laurel de Logroño, los de la Herradura en Haro o los de Laguardia, como la nueva oleada de restaurantes gastronómicos encabezada por Nublo (Haro), Tierra y Vino (Samaniego), Héctor Oribe (Páganos), Ajonegro, Ikaro o Kiro Sushi (los tres en Logroño).

  • A ello hay que sumarle las imprescindibles peregrinaciones a El Portal de Echaurren (Ezcaray) o a Arrea, en Santa Cruz de Campezo (Álava). 

Para dormir, el siempre imprescindible Hotel Marqués de Riscal, el lujo discreto pero apabullante de Palacio de Samaniego o el novísimo (pero enraizado) Palacio de los Ángeles en Haro. 

Para pasear, las calles de Laguardia, Elciego, Santo Domingo de la Calzada, Labastida, San Vicente de la Sonsierra o Nájera son un contrapunto patrimonial perfecto para maridar con tantas viñas. ¿La guinda? Un viaje en globo sobrevolando las viñas o una aventura en kayak por los meandros del Ebro. 

Jaén entre olivos y sorpresas

Hay lugares que tienen sus momentos. O, mejor dicho, regiones en las que de repente tiene lugar una generación espontánea en las que chefs y hosteleros ponen de moda una coordenada insospechada. Eso es lo que le ha sucedido a Jaén, una provincia olvidada por el turismo masivo en Andalucía que ha encontrado en la gastronomía su razón de ser. O, mejor dicho, el mejor acompañamiento a un paisaje oleico donde no faltan joyas patrimoniales y rurales como Úbeda, Baeza, Cazorla o Alcalá la Real. 

Los mejores restaurantes y almazaras de Jaén

Eso sí, aquí los protagonistas son esos restaurantes que han dado origen a esa Nouvelle Vague gastronómica jienense que comienza por su capital, la única ciudad del mundo que concentra cuatro restaurantes con estrellas Michelin en menos de 300 metros (Bagá, Malak, Radis y Damajuana).

El viaje continúa por Valdenvira (Baeza), Cantina La Estación (Úbeda) o Aerum by Picualia (Bailén).  ¿El contrapunto? El oleoturismo que florece entre sus más de 65 millones de olivos con espacios como Castillo de Canena, Hacienda La Laguna donde se ubica la catedral del aceite u Oleícola San Francisco.

Proveedores de la luna de miel

El Priorat

Ya fuese por sus curvas o por su lejanía de las grandes ciudades, el caso es que esta comarca tarraconense estuvo muchos años olvidada. Hasta que hace unas décadas el vino la puso de moda, convirtiéndose en ese pequeño paraíso secreto para winelovers de todo el mundo.

Este boom trajo consigo un lento pero sofisticado desarrollo turístico que ahora está recogiendo sus frutos y que convierte este paisaje en un tánico objeto de deseo ideal para esos recién casados que buscan un destino slow exquisito… y nunca mejor dicho. 

Dormir, catar y pasear 

Alojamientos como Mas d’en Bruno (Torroja del Priorat), Terra Dominicata (Escaladei) o Trossos del Priorat (Gratallops) son un sumum de sofisticación donde amanecer entre viñas. 

2. Para un viaje de novios al sol: los mejores destinos de playa

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Menorca

La isla más oriental de España es todo un ejemplo de cómo combinar naturaleza, playa y turismo. O, como se diría ahora, es el epítome de la sostenibilidad por una gestión de su costa que le ha permitido recibir a viajeros de todo el mundo sin saturarla ni cometer verdaderas atrocidades urbanísticas.

No, aquí no hay beach clubs a pie de playa ni monstruos de hormigón que perturben el paisaje. Lo que hay es un Mediterráneo limpísimo, hectáreas y hectáreas de campo, bosque y silencio y una serie de nuevos alojamientos que saben sacarle todo el partido a este lujo orgánico. Es el caso de CAP Menorca (Alaior), Son Vell (Ciutadella), Torralbenc (Alaior), Morvedra (Ciutadella) o Son Blanc (Ciutadella). Ideales para una luna de miel repleta de pequeños placeres difíciles de imaginar. 

Un safari de playas y atardeceres

Más allá de estos magnéticos hoteles, la isla espera con un manual de usuario muy particular. Sobre todo, porque para disfrutar de sus paraísos playeros es necesario alquilar un vehículo o, incluso mejor, buscar un chófer o un capitán de barco para poder visitarlos a vuestro antojo. Eso sí, muchas de ellas con una pequeña caminata de acceso que exige y garantiza poder disfrutar de estos oasis mediterráneos. 

En el universo playero menorquín hay dos submundos. En el sur están las calas soñadas más codiciadas, entre las que sobresalen Cala en Turqueta, Cala Mitjana, las playas y calas de la bahía de Son Saura o el dúo más exclusivo: Macarella y Macarelleta, a las que solo se puede acceder en autobús entre junio y octubre.

En el norte, lo que esperan son playas más abruptas e, incluso, tranquilas, como es el caso de Cala Pilar, Pregonda o Cavalleries, la más accesible de todas.

Y para acabar el día, el atardecer en el faro de Punta Nati, un paisaje desnudo y fascinante donde el sol recuerda que sigue siendo el astro rey y que es un preludio perfecto para una velada en Ciutadella entre veleros durmientes, monumentos dorados y terrazas irresistibles. 

Marbella

El emblema de la Costa del Sol está viviendo una segunda juventud. Su clima y sus playas siguen siendo aquellos que atraparon a la jet set europea en los años 60 y que la transformaron en ese destino de lujo tan particular y legendario.

Aquella forma tan particular y despreocupada de disfrutar del Mediterráneo ha evolucionado en nuestros días hasta redibujar el paradigma del sol y la playa más sofisticado. O dicho en otras palabras, lo mejor de Marbella y su entorno sigue ahí y disfrutarlo desde las habitaciones de hoteles como Finca Cortesín (Casares), Anantara Villa Padierna (Benahavís), Marbella Club (Marbella), Puente Romano (Marbella) o Kimpton Los Monteros (Marbella) es un capricho digno de una luna de miel. 

Redescubrir la Costa del Sol 

Disfrutar aquí de la luna de miel permite darle una vuelta de tuerca sofisticada al clásico sol y playa. ¿Cómo? Con salidas en barco o yate para disfrutar del mar en exclusividad, disfrutando del dolce far niente en sus infinitos beach clubs, degustando el cada vez más hermoso y sabroso casco histórico de Marbella o revisitando Málaga, la ciudad andaluza que más ha cambiado en los últimos lustros.

Lanzarote

A la isla más oriental de las Canarias le sucede lo mismo que a Menorca. Tras décadas en las que combatió contra el turismo más masivo y agresivo –abanderado por artistas como César Manrique– ahora se ha convertido en un remanso de paz ideal para estrenar el matrimonio. Con una ventaja extra sobre las otras integrantes de la lista: una climatología ideal para escaparse en cualquier época del año. 

Una luna de miel volcánica

En Lanzarote resulta irresistible bañarse en las playas de la península del Papagayo, animarse a surfear en Famara o serpentear entre los cráteres de Timanfaya. Incluso coleccionar los rincones que el propio Manrique legó a su isla, como el Mirador del Río o los Jameos del Agua.

Pero más allá de los clásicos, Lanzarote es capaz de sorprender a los recién casados con otros planes hedonistas como escaparse a La Graciosa, una isla sin apenas tráfico ni turistas repleta de playas asombrosas o una cata de vinos en el insólito paisaje de La Geria. Sin olvidar la proliferación de alojamientos que integran el lujo en esta isla tan particular como es el caso de Casa de las Flores, de Ca’Mur, de César Lanzarote o de Palacio Ico, todos ellos en Teguise. 

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Ibiza 

Pese a su pequeño tamaño, Ibiza sigue empeñada en demostrar que es una isla versátil e ideal para aquellos recién casados que buscan volver (o descubrir) este paraíso con otros ojos. Porque sí, hay una versión privada e íntima que merece la pena disfrutar y no hay mejor excusa que esta. 

El primer mandamiento para disfrutar de la isla a dúo es huir de las grandes aglomeraciones. Para ello, nada como priorizar la parte este de la isla así como los alojamientos de interior, hotelitos boutique en los que el trato es casi familiar y la privacidad rima a la perfección con el silencio.

Entre los más recomendables están Aguamadera (Santa Eulalia), Can Domo (Santa Eulalia), Los Felices (San José), Atzaró (Santa Eulalia) o incluso el hotel Six Senses Ibiza (San Juan). Y si la apuesta es combinarlo con Formentera, el novísimo Hotel Teranka (Es Pujols). 

La segunda regla: apostar por actividades privadas como viaje en barco por las calas secretas del norte y este de la isla, ver el amanecer desde un globo, alquilar un velero con patrón para zambullirse en Ses Illetes (Formentera) o, para los más activos, realizar una excursión en bicicleta eléctrica por los caminos y acantilados menos concurridos de la isla. El resultado es inmejorable: volver con la sensación de haber alquilado este paraíso para los dos.

3. Un road trip romántico: las rutas más sofisticadas entre pueblos bonitos y paisajes idílicos

El Matarraña

A esta comarca turolense le precede una metonimia juguetona y certera: la Toscana española. Pero, como sucede con la mayoría de las comparaciones generosas, es solo una llamada de atención un tanto injusta. Básicamente, porque El Matarraña ya no necesita ningún apodo tras años demostrando que el turismo rural puede ser exquisito y sorprendente. 

Es cierto que su encanto siempre estuvo ahí, pero hay que reconocer que proyectos hoteleros y gastronómicos como Torre del Marqués (Monroyo), La Torre del Visco (Fuentespalda), Consolación (Monroyo) o Somnifabrik (Valderrobres) le han dado un salto de calidad considerable a esta constelación de pueblecitos monumentales.

Y por no hablar de las Solo Houses, un conjunto de villas diseñadas por arquitectos de todo el mundo que, de repente, irrumpen en el paisaje y demuestran que lo rural y lo contemporáneo no están reñidos. Ideales para una luna de miel de silencio y contemplación. 

Los pueblos más bonitos del Matarraña

Mientras que estos alojamientos elevan el nivel hostelero de la zona, sus pueblos y paisajes son capaces de sorprender hasta al viajero más experimentado. La ruta indispensable exige atravesar Beceite para recorrer las famosas pasarelas de El Parrizal, atravesar el puente sobre el río Matarraña en Valderrobres para acabar conquistando su colegiata y su castillo, así como parar en Cretas para honrar sus plazuelas y sus dulces. 

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También adentrarse en su capital, Calaceite, para descubrir sus portales barrocos y acabar hollando el poblado ibérico de San Antonio, desde donde se contempla uno de los atardeceres más bonitos de la Península. Otros indispensables son las calles porticadas de La Fresneda o las excursiones desde Peñarroya de Tastavins, con las rocas de Masmut como principal anzuelo.

Para los más activos está la Vía Verde de la Val de Zafán, una excusa para cruzar pedaleando hasta la vecina comarca de Terra Alta, donde esperan pueblos inspiradores como Horta de Sant Joan o Arnés. 

Empordà

El mérito de esta comarca histórica ha sido el de llegar a ser tan evocadora como su litoral, la Costa Brava. Y lo ha logrado sin renunciar a las olas, simplemente reivindicando el encanto rural de unas poblaciones que parecen retarse a ver cuál es más bella o cuál esconde más rincones fotogénicos.

Ayuda, y mucho, que cocineros y hoteleros catalanes hayan fijado aquí algunos de los proyectos más interesantes de las últimas décadas, completando de este modo un regreso al pueblo que, para los recién casados, se traduce en decenas de experiencias inesperadas… y con los pies en el terruño. 

Los hoteles más románticos para una luna de miel en el Empordà

El listado puede ser eterno, pero hay proyectos que llevan años deslumbrando con luz propia como Mas de Torrent (Torrent), Talaia Plaza Ecoresort (Begur), Arkhé (Begur), VIU Empordà (Torrent), La Bionda (Begur), Castillo de Vallgornera (Peralada) o el Hostal Empúries (L'Escala). 

Además de por su autenticidad, todos estos hoteles son un perfecto punto de partida para vivir momentos tan insuperables como una travesía en velero por el Cap de Creus, una cata de vinos en una bodega arquitectónica como Bell-Lloc o Perelada, para un paseo en bicicleta eléctrica por esas colinas tan mediterráneas y, por supuesto, para un safari de pueblos.

  • Una ruta en la que no pueden faltar Cadaqués, Pals, Peratallada, Monells o Calella de Palafrugell, pero que se guarda un as en la manga en rincones menos conocidos como Palau-Sator, Madremanya o Castelló d'Empúries.  

Cantabria

Silencio, naturaleza y pueblos asombrosos. Esta combinación, que podría definir al nuevo lujo rural, es la honesta propuesta que ofrece esta comunidad autónoma a los recién casados que se atreven a descubrirla. Porque, por encima de todo, esta clorofílica región es un verdadero secreto que, pese a ser cada vez más atractiva, no ha perdido ni un ápice de autenticidad. 

Qué ver en la Cantabria rural: la ruta definitiva

Dejamos atrás la capital, Santander, para hacer una primera parada en Liérganes y descubrir la fascinante leyenda del hombre-pez. Viramos hacia el occidente para descubrir dos auténticas joyas rurales rodeadas de verde: Carmona y Bárcena Mayor, esta última transformada en un pueblo-monumento donde los coches están prohibidos. De vuelta hacia la costa, conviene parar en Santillana del Mar para caminar hasta su espectacular colegiata y vivir un día modernista en Comillas entre calles empedradas y joyas arquitectónicas, entre las que destaca El Capricho de Gaudí.

La despedida del Cantábrico merece la pena realizarla en San Vicente de la Barquera para coger la N-621 y atravesar el épico desfiladero de La Hermida. La recompensa no está solo en descubrir el monasterio de Santo Toribio, sino en sumergirnos en una comarca, La Liébana, donde mirar cara a cara a los Picos de Europa y pasear por pueblecitos congelados en el tiempo como Potes o Mogrovejo. La guinda más épica: coger el teleférico de Fuente Dé para subir hasta los 1.823 metros de altitud y sentirse, un poco, el rey de la montaña. 

Y para dormir, una constelación de hoteles nuevos y renovados que justifican por sí mismos un viaje, entre los que destacan Castilla Termal Solares, Palacio Helguera, Cabañas de Pax o el Hotel Boutique Pico Velasco.

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Sierra de Tramuntana

La madurez turística y, por qué no decirlo, el calentamiento global, está provocando que Mallorca haya dejado de ser hace mucho tiempo un destino solo de verano. Y su mayor exponente es la Sierra de Tramuntana, ese reducto natural repleto de pueblos donde se está refugiando la hotelería más sofisticada. 

El recorrido rural, de oeste a este, ya se lo saben muchos viajeros de memoria. 

  • Primera parada: Valldemossa en busca de las huellas de Chopin en su cartuja y en su decena de calles empedradas adornadas de buganvillas. 
  • Segunda parada: Deià, el recuerdo de Robert Graves y su mezcla irresistible de masías rústicas y vistas de escándalo. 
  • Tercera parada: Sóller y la magnética estampa de su tranvía posando frente a la iglesia de Sant Bartomeu. 
  • Cuarta parada: Fornalutx, uno de los pueblos que mejor han resistido al boom turístico y que mejor ejemplifican esta sierra como patrimonio natural y cultural. 
  • Quinta parada: Pollença y su armonioso Calvari. 
  • Sexta parada: Alcúdia y el sinfín de monumentos que abrazan murallas medievales. 
  • Y la despedida más épica: el cabo de Formentor, donde se yergue uno de los faros más espectaculares del Mediterráneo. 

Lo mejor de esta ruta está en los numerosos hoteles románticos que salpican su recorrido. Alojamientos del más alto estándar de calidad internacional que ofrecen lo que cualquier pareja recién casada busca: sofisticación y silencio. Entre los más recomendados sobresalen Castell Son Claret (Es Capdellà), Belmond La Residencia (Deià), Son Bunyolas (Banyalbufar), Can Aulí (Pollença) o el Four Seasons Resorts (Formentor).  

4. Luna de miel para parejas que quieren relajarse: wellness y naturaleza

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Pirineos de Huesca

Dicen que el amor no mueve montañas, pero da fuerza para escalarlas. No obstante, no hace falta proponerse un hito deportivo para disfrutar de los primeros días de casados en unos paisajes tan sexis como estos. El modo de usuario es más contemplativo y relajante, si bien las parejas más activas pueden calzarse las botas para mezclar romanticismo con cascadas e ibones.

Un día romántico en los Pirineos de Huesca

Lo ideal es comenzar el día disfrutando de la naturaleza, ya sea con un baño de bosque o con un pequeño paseo. Para ello, lo mejor son los valles de Tena, Ordesa y Benasque, un trío que comparte espectacularidad paisajística con cierta accesibilidad para que el road trip natural no sea extenuante.

Rincones como las Gradas de Soaso (Ordesa), el puente Románico de San Nicolás de Bujaruelo (Ordesa) el Ibón de Piedrafita (Tena), las pasarelas de Panticosa (Tena), la cascada de Orós Bajo (Tena), el Forau de Aiguallut (Benasque) o las Gorgas de Alba (Benaque) son ideales para un respiro poco exigente. 

Para comer, nada como buscar mesa en pueblos repletos de encanto como Torla, Lanuza, Eriste o Sallent de Gállego para maridar cocina de montaña con un paseíto monumental. Y por la tarde-noche, acudir a algunos balnearios imprescindibles como las termas de Tiberio (Panticosa), el spa del SOMMOS Hotel Benasque o el balneario Vilas de Turbón. ¿La guinda? Pasar la noche en uno de los hoteles monumentales más icónicos de nuestro país: el Canfranc Estación. 

Tenerife

No es que la mayor de las Islas Canarias haya dejado de ser un destino de sol y playa, es que en los últimos años se ha redescubierto. O, mejor dicho, ha sacado a relucir otros muchos encantos para combinar y sublimar su fabuloso clima. Entre ellos están los gastronómicos (la isla ahora mismo atesora nueve restaurantes con estrella Michelin), los naturales con el Teide como punta de lanza y, también, los del bienestar más completo. Por eso, Tenerife es un rincón perfecto para una luna de miel en la que desconectar y revisitar la isla

Qué hacer en una relajante luna de miel en Tenerife

Puede sonar a exageración, pero Tenerife es un continente en sí mismo con infinitas sorpresas. Habría que casarse seis o siete veces para disfrutarlas de todas, pero en una primera elección habría que incluir una excursión privada para ver cetáceos en Los Gigantes, un picnic al anochecer en el Teide, una cata para dos en cualquiera de sus bodegas o un baño de bosque en Anaga. 

Y, por supuesto, disfrutar de su constelación de spas y centros termales que sofistican la isla con sus tratamientos y sus propuestas, muchas de ellas vinculadas al mar (talasoterapia) y a la peculiar flora de Tenerife. Entre los más singulares destacan:

  • Bahía Wellness Retreat (Hotel Bahía del Duque, Costa Adeje), el gran referente en talasoterapia del archipiélago. 
  • The Oriental Spa Garden (Hotel Botánico, Puerto de la Cruz) por su combinación de terapias orientales y paisajismo local. 
  • Spa del Royal Hideaway Corales Resort (Costa Adeje),por su diseño contemporáneo y su enfoque, centrado en el mindfulness y en la cosmética de alta gama. 
  • YHI Spa en Hacienda del Conde (Buenavista del Norte), por la exclusividad que ofrece su ubicación aislada y su entorno salvaje.
  • Hotel Spa Villalba (Vilaflor) por el contraste entre la montaña y la inmersión forestal gracias a su circuito termal.

Rías Baixas

Tanto este tramo de la costa gallega como la provincia de Ourense llevan décadas combinando los placeres consabidos de este territorio con un termalismo de vanguardia. O sea, que cualquier pareja de recién casados que elija venir aquí no solo se va a encontrar con unas playas de infarto y unos restaurantes generosos, sino también con unas propuestas de bienestar que integran el paisaje. 

En este relajante safari se mezclan rincones imprescindibles como las islas Cíes, el monte de Santa Tecla o las calles de pueblos encantadores como Cambados o Baiona con unas cuantas experiencias a remojo. Entre las más sobresalientes, asoman el balneario del Eurostars Gran Hotel La Toja (O Grove), una isla destinada al bienestar; el de Mondariz, donde vivir el termalismo en un ambiente 100% Belle Époque, el de Caldas de Partovia (O Carballiño) por sus líneas modernas o el de Outariz, inspirado en los onsen japoneses. 

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