Los 40 poemas más románticos para vuestra boda civil
Federico García Lorca no podía ser más claro al afirmar que, "la poesía no quiere adeptos, quiere amantes". Por eso, ¿qué mejor que incluir poemas para bodas de amor en vuestra ceremonia, llenos también de pasión y emotividad? ¡Os encantarán!
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¡Cuánta creatividad e inspiración pide una boda! Sobre todo, las lecturas para una ceremonia civil. Para ayudaros al máximo en esta tarea, hemos recopilado 40 poemas para bodas de amor que, seguro, os encantarán. Unos versos que forman parte de la literatura de todos los tiempos y que encontraréis en estilos muy variados para que os resulte más fácil elegir. La mayoría son poemas cortos para boda civil, aunque encontraréis propuestas muy diversas. ¡Empezamos!
Índice de contenido
- Poemas para una boda populares
- Poemas para leer en una boda tradicionales
- Poemas de amor para una boda llenos de sentimiento
- Poemas cortos para bodas de amor
- Poemas para bodas largos y muy románticos
- Poemas para boda civil de amor
- Cómo escribir poemas de boda
- ¿Cuál de los poemas para recitar en una boda escoger?
Poemas para una boda populares
De Garcilaso de la Vega a Mark Twain, estos poemas para bodas son perfectos para leer en vuestra ceremonia de boda, aunque también podéis recurrir a alguno de ellos para vuestros votos nupciales. ¿Lo mejor? Podéis incluirlos tal cual o, si os parecen demasiado largos, tomar prestados solo algunos de sus versos.
1. Esto puedo prometer, Mark Twain
No puedo prometerte una vida de sol;
no puedo prometerte riquezas ni bienes ni oro;
no puedo prometerte un camino fácil
que te aleje del cambio y de la vejez.
Pero sí puedo prometerte todo el fervor de mi corazón;
una sonrisa para alejar tus lágrimas tristes;
un amor por siempre sincero y que crezca siempre;
una mano para sostener la tuya
cada mañana.
2. Soneto V, de Garcilaso de la Vega
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribistes, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;
cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.
3. Te quiero a las diez de la mañana, de Jaime Sabines
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once,
y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y
con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia.
Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me
pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la
comida o en el trabajo diario, o en las diversiones
que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con
la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y
siento que estás hecha para mí, que de algún modo
me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos
me convencen de ello, y que no hay otro lugar en
donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu
cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y
los dos desaparecemos un instante, nos metemos
en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo
hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente.
Y hay días también, hay horas, en que no
te conozco, en que me eres ajena como la mujer
de otro, Me preocupan los hombres, me preocupo
yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense
en ti durante mucho tiempo. Ya ves ¿Quién
podría quererte menos que yo amor mío?
4. Soneto 18, William Shakespeare
¿Habré de compararte a un día de verano?
Tú eres más adorable y más templado.
Rudos vientos sacuden los capullos de mayo
y el verano termina su arriendo brevemente.
A veces brilla el sol con demasiado fuego
y a menudo su semblante de oro se debilita.
A veces la belleza declina de su estado,
por la suerte o por causas naturales.
Pero tu eterno verano no se desvanece,
ni perderá su instinto de tener la hermosura,
ni la Muerte se jactará de haberte ensombrecido,
cuando crezcas en mis versos inmortales.
Mientras el ser respire y vean los ojos,
vivirán mis poemas y a ti te darán vida.
5. Intimidad, José Saramago
En el corazón de la mina más secreta,
En el interior del fruto más distante,
En la vibración de la nota más discreta,
En la caracola espiral y resonante,
En la capa más densa de pintura,
En la vena que el cuerpo más nos sonde,
En la palabra que diga más blandura,
En la raíz que más baje, más esconda,
En el silencio más hondo de esta pausa,
Donde la vida se hizo eternidad,
Busco tu mano y descifro la causa
De querer y no creer, final, intimidad.
6. Deseo, de Federico García Lorca
Solo tu corazón caliente,
y nada más.
Mi paraíso un campo
sin ruiseñor ni liras,
con un río discreto
y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
sobre la fronda, ni la estrella que
quiere ser hoja.
Una enorme luz que fuera
luciérnaga de otra,
en un campo de miradas rotas.
Un reposo claro y allí nuestros besos,
lunares sonoros del eco,
se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente, nada más.
Poemas para leer en una boda tradicionales
Por mucho tiempo que haga que han sido escritos, hay poemas que capturan a la perfección la verdad universal sobre el amor y lo que realmente significa. Unos poemas de amor para bodas que serán siempre una buena elección, tanto si la vuestra es una boda fiel a la tradición, como si apostáis por una boda moderna.
7. Amor y amistad, Emily Brontë
El amor es como el rosal silvestre,
La amistad como el acebo
El acebo está oscuro cuando florece el rosal
¿Pero cuál florecerá más constantemente?
El rosal silvestre es dulce en primavera,
Sus flores de verano perfuman el aire
Pero espera hasta que llegue el invierno
¿Y quién llamará bello al rosal silvestre?
Entonces desprecia ahora la tonta corona de rosas
Y adórnate con el brillo del acebo
Para que cuando diciembre marchite tu frente
Él todavía pueda dejar tu guirnalda verde.
8. Ella camina en la belleza, Lord Byron
Ella camina en la belleza, como la noche
De climas sin nubes y cielos estrellados,
Y lo mejor de lo oscuro y lo brillante
Convergen en sus rasgos y en sus ojos
Así, suavizados bajo la tierna luz
Que el cielo al llamativo día niega.
Una sombra más, un rayo de luz menos,
Mermada a medias la gracia sin nombre
Que ondea en cada trenza azabache
Alumbra con tenue luz su rostro,
Donde los pensamientos con serena dulzura expresan
lo pura y querida que resulta su morada.
Y sobre esa mejilla y ese ceño
Tan suave, calmo y elocuente,
Sonrisas que arrebatan, tonos que relucen,
Mas hablan de días transcurridos en bondad,
Una mente en paz con las bajas pasiones,
Un corazón cuyo amor es inocente.
9. Cuando por fin se encuentran dos almas, Victor Hugo
Cuando por fin se encuentran dos almas,
que durante tanto tiempo se han buscado una a otra entre el gentío,
cuando advierten que son parejas,
que se comprenden y corresponden,
en una palabra, que son semejantes,
surge entonces para siempre una unión vehemente y pura como ellas mismas,
una unión que comienza en la tierra y perdura en el cielo.
Esa unión es amor,
amor auténtico, como en verdad muy pocos hombres pueden concebir,
amor que es una religión,
que deifica al ser amado cuya vida emana
del fervor y de la pasión y para el que los sacrificios
más grandes son los gozos más dulces.
10. Amor (III), George Herbert
El Amor me dio la bienvenida pero mi alma se echó atrás,
Culpable de polvo y pecado.
Pero el Amor, de ojos rápidos, observándome aflojar
Desde mi primera entrada,
Se acercó a mí, preguntando dulcemente
Si me faltaba algo.
"Un invitado", respondí, "digno de estar aquí":
El Amor dijo: "Tú serás él".
"¿Yo, el ingrato, el desagradecido? Ah, mi querido,
No puedo mirarte".
El Amor me tomó de la mano, y sonriendo respondió:
"¿Quién hizo los ojos sino yo?"
"Verdad, Señor; pero los he estropeado; que mi vergüenza
Vaya donde se merece".
"¿Y no sabes", dice el Amor, "quién cargó con la culpa?"
"Mi querido, entonces serviré".
"Debes sentarte", dice el Amor, "y probar mi comida".
Así que me senté y comí.
11. Amor eterno, Gustavo Adolfo Bécquer
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.
12. La esperanza es esa cosa con plumas, Emily Dickinson
La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,
y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.
La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
mas nunca en la inclemencia
de mí ha pedido una sola migaja.
Poemas de amor para una boda llenos de sentimiento
La mayor libertad que ofrecen las bodas civiles permite que la ceremonia sea fiel a vuestros gustos y a vuestras personalidades. ¿Queréis que el amor esté presente desde el primer momento? Lo conseguiréis con cualquiera de estos poemas para bodas civiles. ¡Serán perfectos para añadir la intensidad deseada y para lograr ese efecto wow en todos los presentes!
13. Quiero, Jorge Bucay
Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas que hoy cuentas conmigo...
Sin condiciones.
14. Inventario galante, Antonio Machado
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.
De tu morena gracia,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
15. Amo, amas, Rubén Darío
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
el ser y con la tierra y con el cielo,
con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.
Y cuando la montaña de la vida
nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
amar la inmensidad que es de amor encendida
¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
16. Del matrimonio, Khalil Gibran
Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Más dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezcla entre orillas de vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis solo en una.
Compartid vuestro pan, más no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros
conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones.
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos.
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro.
17. Cuando por fin se encuentran dos almas, Victor Hugo
Cuando por fin se encuentran dos almas,
que durante tanto tiempo se han buscado una a otra entre el gentío,
cuando advierten que son parejas,
que se comprenden y corresponden,
en una palabra, que son semejantes,
surge entonces para siempre una unión vehemente y pura como ellas mismas,
una unión que comienza en la tierra y perdura en el cielo.
Esa unión es amor,
amor auténtico, como en verdad muy pocos hombres pueden concebir,
amor que es una religión,
que deifica al ser amado cuya vida emana
del fervor y de la pasión y para el que los sacrificios
más grandes son los gozos más dulces.
18. A veces, Nicolás Guillén
A veces tengo ganas de ser cursi
para decir: La amo a usted con locura.
A veces tengo ganas de ser tonto
para gritar: ¡La quiero tanto!
A veces tengo ganas de ser niño
para llorar acurrucado en su seno.
A veces tengo ganas de estar muerto
para sentir,
bajo la tierra húmeda de mis jugos,
que me crece una flor
rompiéndome el pecho,
una flor, y decir:
Esta flor, para usted.
Poemas cortos para bodas de amor
Como bien dice el refrán, "lo bueno, si breve, dos veces bueno". Así que no dudéis en incluir algunos de estos poemas para bodas cortos a lo largo de la ceremonia. Son breves, pero especialmente significativos. Tanto, que quizá más de un invitado necesite recurrir a los pañuelos para lágrimas de felicidad en algún momento.
19. Contigo, Luis Cernuda
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
20. Como si cada beso, Fernando Pessoa
Como si cada beso
Fuera de despedida,
Cloé mía, besémonos, amando.
Tal vez ya nos toque
En el hombro la mano que llama
A la barca que no viene sino vacía;
Y que en el mismo haz
Ata lo que fuimos mutuamente
Y la ajena suma universal de la vida.
21. Amor, Salvador Novo
22. Si me quieres, quiéreme entera, Dulce María Loynaz
Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, Y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda!… O no me quieras.
23. Madrigal, Amado Nervo
Por tus ojos verdes yo me perdería,
sirena de aquellas que Ulises, sagaz,
amaba y temía.
Por tus ojos verdes yo me perdería.
Por tus ojos verdes en lo que, fugaz,
brillar suele, a veces, la melancolía;
por tus ojos verdes tan llenos de paz,
misteriosos como la esperanza mía;
por tus ojos verdes, conjuro eficaz,
yo me salvaría.
24. Me tienes en tus manos, Jaime Sabines
Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro a todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.
25. Amor, Salvador Novo
Amar es este tímido silencio
cerca de ti, sin que lo sepas,
y recordar tu voz cuando te marchas
y sentir el calor de tu saludo.
Amar es aguardarte
como si fueras parte del ocaso,
ni antes ni después, para que estemos solos
entre los juegos y los cuentos
sobre la tierra seca.
Amar es percibir, cuando te ausentas,
tu perfume en el aire que respiro,
y contemplar la estrella en que te alejas
cuando cierro la puerta de la noche.
26. El enamorado, Jorge Luis Borges
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.
Poemas para bodas largos y muy románticos
Del mismo modo, si no queréis hacer muchas lecturas, pero deseáis compartir con vuestros familiares y amigos todo el amor que sentís y lo felices que sois en un momento tan especial de vuestras vidas, estos poemas para leer en una boda civil largos cumplirán a la perfección con ambos requisitos. ¡A ver qué os parecen!
27. Bajo tu clara sombra, Octavio Paz
Un cuerpo, un cuerpo solo, un solo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, solo un cuello,
unas manos tan solo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….
Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.
28. Dueña de la negra boca, de José Zorrilla
Dueña de la negra toca,
la del morado monjil,
por un beso de tu boca
diera a Granada Boabdil.
Diera la lanza mejor
del Zenete más bizarro,
y con su fresco verdor
toda una orilla del Darro.
Diera la fiesta de toros
y, si fueran en sus manos,
con la zambra de los moros
el valor de los cristianos.
Diera alfombras orientales,
y armaduras y pebetes,
y diera... ¡que tanto vales!,
hasta cuarenta jinetes.
Porque tus ojos son bellos,
porque la luz de la aurora
sube al Oriente desde ellos,
y el mundo su lumbre dora.
Tus labios son un rubí,
partido por gala en dos...
Le arrancaron para ti
de la corona de Dios.
De tus labios, la sonrisa,
la paz de tu lengua mana...
leve, aérea, como brisa
de purpurina mañana.
¡Oh, qué hermosa nazarena
para un harén oriental,
suelta la negra melena
sobre el cuello de cristal,
en lecho de terciopelo,
entre una nube de aroma,
y envuelta en el blanco velo
de las hijas de Mahoma!
Ven a Córdoba, cristiana,
sultana serás allí,
y el sultán será, ¡oh sultana!,
un esclavo para ti.
Te dará tanta riqueza,
tanta gala tunecina,
que ha de juzgar tu belleza
para pagarle, mezquina.
Dueña de la negra toca,
por un beso de tu boca
diera un reino Boabdil;
y yo por ello, cristiana,
te diera de buena gana
mil cielos, si fueran mil.
29. Poema 12, Pablo Neruda
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormía en tu alma.
30. Ven, Rafael Alberti
Ven, mi amor, en la tarde de Aniene
y siéntate conmigo a ver el viento.
Aunque no estés, mi solo pensamiento
es ver contigo el viento que va y viene.
Tú no te vas, porque mi amor te tiene.
Yo no me iré, pues junto a ti me siento
más vida de mi sangre, más tu aliento,
más luz del corazón que me sostiene.
Tú no te irás, mi amor, aunque lo quieras.
Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
aún yéndote, mi amor, jamás te irías.
Es tuya mi canción, en ella estoy.
Y en ese viento que va y viene voy,
y en ese viento siempre me verías.
31. Besos, Gabriela Mistral
Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.
Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan solo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.
Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.
Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.
Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.
Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.
Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.
Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.
Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.
Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.
¿Te acuerdas del primero...? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.
¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos... vibró un beso,
y qué viste después...? Sangre en mis labios.
Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.
32. Que el amor no admite cuerdas reflexiones, Rubén Darío
Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.
No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.
Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.
Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.
Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.
La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.
33. Rima XXIV, Gustavo Adolfo Bécquer
Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y al besarse
forman una sola llama;
dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan;
dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;
dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y al juntarse allí en el cielo
forman una nube blanca:
dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden…:eso son nuestras dos almas.
34. El beso, Anne Sexton
Mi boca florece como un corte.
Me han agraviado todo el año, tediosas
noches, sólo brutos codazos en ellas
y cajas delicadas de pañuelos gritando ¡llorona,
llorona, estúpida!
Hasta ayer mi cuerpo era inútil.
Ahora se está rompiendo por sus picos y esquinas.
Está rompiendo las piernas de la vieja Mary, nudo a
Nudo
y mira ─ ahora está todo invadido por esos rayos
eléctricos.
¡Zumba! ¡Una resurrección!
Érase una vez una barca, toda de madera
y sin tarea, ni agua salada debajo
y necesitada de alguna pintura. No era más
que un montón de tablas. Pero tú la izaste, la aparejaste.
Ella fue elegida.
Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
tocan sin cesar los tambores, las cuerdas. Tú lo hiciste.
La obra de un puro genio. Cariño, el compositor ha
penetrado en el fuego.
Poemas para boda civil de amor
El amor es el más universal de los sentimientos. Y, como tal, no podrá faltar el día de vuestra boda. ¿Una excelente manera de "gritarlo a los cuatro vientos"? Elegir cualquiera de estos poemas para leer en bodas civiles. Y es que esta poesía para boda lo refleja y lo define perfectamente.
35. Contigo, Luis Cernuda
¿Mi tierra?
Mi tierra eres tú.
¿Mi gente?
Mi gente eres tú.
El destierro y la muerte
para mi están adonde
no estés tú.
¿Y mi vida?
Dime, mi vida,
¿qué es, si no eres tú?
36. Hagamos un trato, Mario Benedetti
Hagamos un trato
Compañera, usted sabe que puede contar conmigo
No hasta dos o hasta diez, sino contar conmigo.
Si alguna vez advierte que la miro a los ojos
Y una veta de amor reconoce en los míos
No alerte sus fusiles, ni piense: ¡qué delirio!
A pesar de la veta, o tal vez porque existe
Usted puede contar conmigo.
Si otras veces me encuentra huraño, sin motivo
No piense que es flojera, igual puede contar conmigo.
Pero hagamos un trato: yo quisiera contar con usted
Es tan lindo saber que usted existe
Uno se siente vivo
Y cuando digo esto, quiero decir contar
Aunque sea hasta dos, aunque sea hasta cinco.
No ya para que acuda, presurosa, en mi auxilio
Sino para saber, a ciencia cierta
Que usted sabe que puede contar conmigo.
37. Tu voz, Federico García Lorca
Tu voz es sombra de sueño.
Tus palabras
son en el aire dormido
pétalos de rosas blancas.
Por tus cabellos dorados,
por tu mirada profunda,
por tu voz nublada y triste
¡rindo mi capa andaluza!
Tienen tus ojos la niebla
de las mañanas antiguas;
dulces ojos soñolientos,
preñados de lejanías.
Al escucharte se siente
dentro del alma un lejano
rumor de cálida fuente.
38. Si has de amarme, Elizabeth Barrett Browning
Si has de amarme que sea solo
por amor de mi amor. No digas nunca
que es por mi aspecto, mi sonrisa, la melodía
de mi voz o por mi dulce carácter
que concuerda contigo o que aquel día
hizo que nos sintiéramos felices...
Porque, amor mío, todas estas cosas
pueden cambiar, y hasta el amor se muere.
No me quieras tampoco por las lágrimas
que piadosamente limpias de mi rostro...
¡Porque puedo olvidarme de llorar
gracias ti, y así perder tu amor!
Por amor de mi amor quiero que me ames,
para que habite en los cielos, eternamente.
39. Bendito sea el año, de Petrarca
Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenose al alma mía.
Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.
Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.
Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.
40. Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan, Miguel de Unamuno
Hay ojos que miran, –hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, –hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen –risa placentera,
hay ojos que lloran –con llanto de pena,
unos hacia adentro –otros hacia fuera.
Son como las flores –que cría la tierra.
Mas tus ojos verdes, –mi eterna Teresa,
los que están haciendo –tu mano de hierba,
me miran, me sueñan, –me llaman, me esperan,
me ríen rientes –risa placentera,
me lloran llorosos –con llanto de pena,
desde tierra adentro, –desde tierra afuera.
En tus ojos nazco, –tus ojos me crean,
vivo yo en tus ojos –el sol de mi esfera,
en tus ojos muero, –mi casa y vereda,
tus ojos mi tumba, –tus ojos mi tierra.
Cómo escribir poemas de boda
¿Estáis pensando en escribir un poema para una boda juntos/as o de manera individual? ¡Es más fácil de lo que parece! El punto de partida es hacer una lista de los temas que os gustaría tratar en el poema y, a continuación, decidir si las distintas estrofas deben rimar o no.
Es importante crear un ritmo, lo que conseguiréis teniendo la misma cantidad de sílabas por línea, por ejemplo. Y tranquilos/as. Todo el mundo estará tan impresionado de que hayáis decidido escribir un poema de amor para una boda que triunfaréis seguro. ¡Aunque no sea perfecto!
Incluso podéis recurrir a un pequeño y divertido truco si os hace falta. Consiste en cambiar la forma de pronunciar las palabras para hacerlas rimar. Algo que os resultará especialmente efectivo si queréis crear un poema para boda civil divertido.
¿Cuál de los poemas para recitar en una boda escoger?
Si eres un familiar o amigo muy directo de la pareja que se casa, es muy probable que te pidan leer en la boda y un poema para boda es la elección perfecta. Como puedes ver, hay muchos poemas de amor para leer en una boda y recitar uno es un honor especial. Si estás nervioso/a, opta por uno de los poemas de amor cortos para bodas, ya que así no serás el centro de atención durante demasiado tiempo.
Si os han gustado estos poemas para bodas, no os perdáis esta bonita recopilación. ¡Solo tenéis que darle al play!
Cariño, amor, ternura… Estos 40 poemas para bodas de amor resultan casi imprescindibles en una jornada tan mágica. Gracias a ellos, vuestra ceremonia estará llena de grandes emociones de principio a fin. Vuestras respectivas entradas, el intercambio de alianzas, el "sí, quiero", el primer beso de casados y estos poemas para boda civil de amor marcarán realmente la diferencia. Y es que la poesía para boda se sumará a los instantes más bonitos, gracias a que habéis encontrado textos realmente especiales. ¡Felicidades!
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