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Los poemas de amor largos más bonitos para dedicar a tu pareja

Decir lo que sientes con una poesía es siempre un acierto. Clásicos o actuales, para una boda, un aniversario o una carta: estos 24 poemas de amor largos te ayudarán a elegir los versos que mejor se ajusten a vuestra historia.

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Poemas de amor largos: poema Te quiero, de Mario Benedetti

Poemas de amor largos: poema Te quiero, de Mario Benedetti

Como 24 poesías son muchas (sobre todo si vas con prisa y quieres atinar a la primera), para que no tengas que leer a ciegas, hemos ordenado estos poemas de amor largos según el momento. Los clásicos encajan cuando os gusta la literatura y apetece ponerse un poco solemne; los contemporáneos hablan con menos distancia; los de aniversario miran todo lo que ya habéis vivido; los de boda están pensados para decirse delante de otros, y los últimos se disfrutan mejor a solas, dentro de una carta.

No hace falta que el poema cuente vuestra historia de principio a fin. De hecho, encontrar uno ad hoc no es nada fácil. Basta con que haya un verso que te lleve a una conversación, un viaje o una noche concreta. Puedes combinarlo con uno de estos textos de amor o tomar una idea de estas frases románticas. Lo que añadas tú será, seguramente, lo que más recuerde.

Índice de contenidos

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Poemas de amor largos clásicos

Shakespeare, Lope de Vega, Rubén Darío y Bécquer no escribían como hablamos hoy, claro. Aun así, estos poemas de amor largos siguen siendo un acierto cuando a tu pareja le gusta la literatura o cuando la ocasión pide bastante más que un mensaje de WhatsApp.

Si vais a celebrar un aniversario y quieres decirle que el tiempo no ha cambiado la forma en que miras a tu pareja, Shakespeare ya hizo buena parte del trabajo. Escríbelo en una carta y añade al final cuántos veranos lleváis juntos.

1. ¿A un día de verano compararte?, William Shakespeare

Si vais a celebrar un aniversario y quieres decirle que el tiempo no ha cambiado la forma en que miras a tu pareja, Shakespeare ya hizo buena parte del trabajo. Escríbelo en una carta y añade al final cuántos veranos lleváis juntos.

¿A un día de verano compararte?

Más hermosura y suavidad posees.
Tiembla el brote de mayo bajo el viento
y el estío no dura casi nada.

A veces demasiado brilla el ojo
solar y otras su tez de oro se apaga;
toda belleza alguna vez declina,
ajada por la suerte o por el tiempo.

Pero eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos

cuando crezcas en versos inmortales.
Vivirás mientras alguien vea y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.

Poemas de amor largos: poema ¿A un día de verano compararte?, de William Shakespeare

 

2. Soneto XII, Lope de Vega

Estar feliz y enfadado, seguro y muerto de miedo, querer acercarse y salir corriendo... Lope de Vega reúne en catorce versos todas esas contradicciones. Gana mucho leído en voz alta y tiene un punto cómplice que lo aleja de la declaración empalagosa.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

Poemas de amor largos: poema Soneto XII, de Lope de Vega

3. Que el amor no admite cuerdas reflexiones, Rubén Darío

Este no es un poema para enviar a las ocho de la mañana junto a un “buenos días”. Intenso es, así que déjalo para en una carta íntima o en una dedicatoria que se quede entre vosotros.

Señora, Amor es violento,
y cuando nos transfigura
nos enciende el pensamiento
la locura.

No pidas paz a mis brazos
que a los tuyos tienen presos:
son de guerra mis abrazos
y son de incendio mis besos;
y sería vano intento
el tornar mi mente obscura
si me enciende el pensamiento
la locura.

Clara está la mente mía
de llamas de amor, señora,
como la tienda del día
o el palacio de la aurora.

Y el perfume de tu ungüento
te persigue mi ventura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

Mi gozo tu paladar
rico panal conceptúa,
como en el santo Cantar:
Mel et lac sub lingua tua.

La delicia de tu aliento
en tan fino vaso apura,
y me enciende el pensamiento
la locura.

4. Rima XXXVII, Gustavo Adolfo Bécquer

En este poema, no hay un amor feliz y tranquilo, sino todo lo contrario. Bécquer escribe sobre una herida y sobre todo lo que dos personas se quedaron sin hablar. Entre los poemas de amor largos clásicos, este es para una carta muy personal; en una ceremonia alegre resultaría demasiado oscuro.

Antes que tú me moriré escondido;
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré, y mi espíritu,
en su empeño tenaz,
sentándose a las puertas de la muerte,
allí te esperará.

Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo…
¿Quién deja de llamar?

Entonces, que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán;

allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar;

allí, donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad…
¡todo cuanto los dos hemos callado
lo tenemos que hablar!

Poemas de amor largos contemporáneos

Semáforos, calles de Madrid, camas deshechas, miedo al mañana y besos que lo cambian todo. Estos poemas de amor largos resultan más cercanos si los sonetos clásicos os gustan, pero no terminan de hablar vuestro idioma.

5. Quiero hacer contigo lo que la poesía aún no ha escrito, Elvira Sastre

Si os conocisteis en Madrid o hubo un momento en el que los “hoy” empezaron a dar tanto vértigo como los “mañana”, este poema puede tocar muy cerca. Elvira Sastre habla del comienzo de una relación sin fingir que enamorarse no da miedo.

Cualquiera diría al verte
que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.

Te veo venir por el pasillo
como quien camina dos centímetros por encima del aire
pensando que nadie le ve.
Entras en mi casa
–en mi vida–
con las cartas y el ombligo boca arriba,
con los brazos abiertos
como si esta noche
me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,
con las manos tan llenas de tanto
que me haces sentir que es el mundo el que me toca
y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas
y lo primero que haces es avisarme:
No llevo ropa interior
pero a mi piel le viste una armadura.
Te miro
y te contesto:
Me gustan tanto los hoy
como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío
y te beso la espalda
y te empaño los párpados
y tu escudo termina donde terminan las protecciones:
arrugado en el cubo de la basura.
Y tú sonríes
y descubres el hormigueo de mi espalda
y me dices que una vida sin valentía
es un infinito camino de vuelta,
y mi miedo se quita las bragas
y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso
uno a uno
todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas
media vuelta al mundo
para que aunque tardemos
queramos volver;
entras y sales siendo cualquiera
pero por dentro eres la única;
te gusta mi libertad
y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;
me gusta tu verdad
y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene;
gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca
y una boca que me mira mejor que tus ojos;
guardas un despertar que alumbra las paredes
antes que la propia luz del sol;
posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,
sin esperarlo ha pasado.
No te has ido y ya te echo de menos,
te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más,
cruzas la puerta
y ya me relamo los dedos para guardarte,
paseo por Madrid
y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción
entonces ven a contarme el amor,
que quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito.

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6. Triunfo del amor, Vicente Aleixandre

No es un poema fácil (ni ganas de serlo). Hay que leerlo despacio, dejando que sus imágenes hagan efecto. Elígelo si a los dos os gusta una poesía intensa, de esa que obliga a volver atrás para releer un verso.

Brilla la luna entre el viento de otoño,
en el cielo luciendo como un dolor largamente sufrido.
Pero no será, no, el poeta quien diga
los móviles ocultos, indescifrable signo
de un cielo líquido de ardiente fuego que anegara las almas,
si las almas supieran su destino en la tierra.

La luna como una mano,
reparte con la injusticia que la belleza usa,
sus dones sobre el mundo.
Miro unos rostros pálidos.
Miro rostros amados.
No seré yo quien bese ese dolor que en cada rostro asoma.
Sólo la luna puede cerrar, besando,
unos párpados dulces fatigados de vida.
Unos labios lucientes, labios de luna pálida,
labios hermanos para los tristes hombres,
son un signo de amor en la vida vacía,
son el cóncavo espacio donde el hombre respira
mientras vuela en la tierra ciegamente girando.

El signo del amor, a veces en los rostros queridos
es sólo la blancura brillante,
la rasgada blancura de unos dientes riendo.
Entonces sí que arriba palidece la luna,
los luceros se extinguen
y hay un eco lejano, resplandor en oriente,
vago clamor de soles por irrumpir pugnando.
¡Qué dicha alegre entonces cuando la risa fulge!
Cuando un cuerpo adorado;
erguido en su desnudo, brilla como la piedra,
como la dura piedra que los besos encienden.

Mirad la boca. Arriba relámpagos diurnos
cruzan un rostro bello, un cielo en que los ojos
no son sombra, pestañas, rumorosos engaños,
sino brisa de un aire que recorre mi cuerpo
como un eco de juncos espigados cantando
contra las aguas vivas, azuladas de besos.

El puro corazón adorado, la verdad de la vida,
la certeza presente de un amor irradiante,
su luz sobre los ríos, su desnudo mojado,
todo vive, pervive, sobrevive y asciende
como un ascua luciente de deseo en los cielos.

Es sólo ya el desnudo. Es la risa en los dientes.
Es la luz o su gema fulgurante: los labios.
Es el agua que besa unos pies adorados,
como un misterio oculto a la noche vencida.

¡Ah maravilla lúcida de estrechar en los brazos
un desnudo fragante, ceñido de los bosques!
¡Ah soledad del mundo bajo los pies girando,
ciegamente buscando su destino de besos!
Yo sé quien ama y vive, quien muere y gira y vuela.
Sé que lunas se extinguen, renacen, viven, lloran.
Sé que dos cuerpos aman, dos almas se confunden.

Poemas de amor largos: poema Triunfo del amor, de Vicente Aleixandre

7. Tiempo de amor, de Claribel Alegría

Con algunas personas dejamos de medir cada palabra y de intentar parecer siempre impecables. De eso habla la autora Claribel Alegría: de quitarse la máscara cuando te sientes querido de verdad. Es bonito para agradecer a tu pareja que a su lado puedas ser tú, también en los días torcidos.

Sólo cuando me amas
se me cae esta máscara pulida
y mi sonrisa es mía
y la luna la luna
y estos mismos árboles
de ahora
este cielo
esta luz
presencias que se abren
hasta el vértigo
y acaban de nacer
y son eternos
y tus ojos también
nacen con ellos
tu mirada
tus labios que al nombrarme
me descubren.
Sólo cuando te amo
sé que no acabo en mí
que es tránsito la vida
y que la muerte es tránsito
y el tiempo un carbúnculo encendido
sin ayeres gastados
sin futuro.

8. Te amo por ceja, Julio Cortázar

Cortázar se fija en una ceja, el pelo, una sonrisa y termina con un sencillo “además, te quiero”. Después de copiarlo, añade tres detalles muy concretos de tu pareja: esa manía que te hace gracia, su forma de reírse o algo que solo tú sueles notar.

Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores
blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas
que dormían en la lluvia.

No quiero que tengas una forma, que seas precisamente
lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua,
y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.

Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres,
ni tampoco con ese pelo lacio, esa sonrisa.

Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino
es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.

Además, te quiero, y hace tiempo y frío.

Poemas de amor largos: poema Te amo, de Julio Cortázar

9. El beso, Anne Sexton

Anne Sexton no describe un beso bonito, sino uno que despierta un cuerpo que llevaba demasiado tiempo apagado. Es visceral, extraño y muy íntimo: mejor en una carta privada que delante de padres, abuelos y resto de invitados.

Mi boca florece como un corte.
Me han agraviado todo el año, tediosas
noches, sólo brutos codazos en ellas
y cajas delicadas de pañuelos gritando ¡llorona,
llorona, estúpida!

Hasta ayer mi cuerpo era inútil.
Ahora se está rompiendo por sus picos y esquinas.
Está rompiendo las piernas de la vieja Mary, nudo a
Nudo
y mira ─ ahora está todo invadido por esos rayos
eléctricos.
¡Zumba! ¡Una resurrección!

Érase una vez una barca, toda de madera
y sin tarea, ni agua salada debajo
y necesitada de alguna pintura. No era más
que un montón de tablas. Pero tú la izaste, la aparejaste.
Ella fue elegida.

Mis nervios están encendidos. Los oigo como
instrumentos musicales. Donde había silencio
tocan sin cesar los tambores, las cuerdas. Tú lo hiciste.
La obra de un puro genio. Cariño, el compositor ha
penetrado
en el fuego.

10. Bajo tu clara sombra, Octavio Paz

Octavio Paz no disimula el deseo (y se nota). Si buscas poemas románticos largos con un tono abiertamente sensual, guarda este para una carta que no vaya a leer nadie más o para una noche en la que sobren las explicaciones.

Un cuerpo, un cuerpo solo, un solo cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….

Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.

Poemas de amor largos para un aniversario

Es hora de recordar ese día tan especial para vosotros. En un aniversario, emociona más un detalle preciso que ponerse demasiado romático. Estos poemas de amor largos tratan de cómo os conocisteis, de lo que habéis pasado y de ese modo de entenderos que se construye con los años. Añade una fecha, un lugar o una broma privada y dejarán de parecer versos prestados.

11. Amor a primera vista, Wislawa Szyborske

¿Y si antes de conoceros ya habíais coincidido en una calle, una estación o una cafetería? Szymborska juega con esa posibilidad sin convertirla en una historia empalagosa. Al final podéis añadir cómo fue vuestro encuentro de verdad; seguramente sea aún mejor.

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.

Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?

Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
–quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono–,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.

Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.

Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.

Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.

Todo principio
no es más que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.

12. Corazón coraza, Mario Benedetti

“Porque eres mía, porque no eres mía”. Ese verso resume bien un amor que no consiste en poseer al otro. Benedetti encaja especialmente en relaciones largas, con días buenísimos, otros bastante peores y la certeza de que querer a alguien nunca es una cosa simple.

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí

porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

13. Si tú me olvidas, Pablo Neruda

Aviso: “Si tú me olvidas” no es una felicitación dulzona. Neruda habla de reciprocidad y también de qué ocurriría si el amor dejara de ser correspondido. Escógelo si os representa esa franqueza; si buscas algo suave, más abajo encontrarás opciones mejores.

Quiero que sepas
una cosa.

Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.


Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto
me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.


Si consideras largo y loco
el viento de banderas que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.


Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

14. Te quiero, Mario Benedetti

Este poema no recrea una escena de película con una cena con velas en un restaurante. Benedetti habla de manos, miradas, días malos y dos personas caminando “codo a codo”. Entre los poemas de amor largos para un aniversario, este tiene sentido si lo vuestro consiste, sobre todo, en saber que podéis contar el uno con el otro.

Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro

tu boca que es tuya y mí
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos

y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero

y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola

te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso

si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

Poemas de amor largos para una boda o una ceremonia civil

En una ceremonia, los invitados escucharán el poema una sola vez. Por eso conviene que se entienda sin tener que estudiarlo después. Estos poemas de amor largos hablan de unión y vida compartida; si uno se alarga demasiado, quedaos con el fragmento que de verdad os diga algo.

15. Más allá del amor, Octavio Paz

No lo elijáis solo porque lo firma Octavio Paz: 'Más allá del amor' tiene imágenes preciosas, pero exige atención. Puede ocupar un lugar importante en la ceremonia si os gusta de verdad y quien lo lea lo ha ensayado; escogido por cumplir, se hará largo.

Todo nos amenaza:
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide
al que fui
del que seré,
como el machete a la culebra;
la conciencia, la transparencia traspasada,
la mirada ciega de mirarse mirar;
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba,
el agua, la piel;
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan,
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba.

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas,
ni el delirio y su espuma profética,
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan.
Más allá de nosotros,
en las fronteras del ser y el estar,
una vida más vida nos reclama.

Afuera la noche respira, se extiende,
llena de grandes hojas calientes,
de espejos que combaten:
frutos, garras, ojos, follajes,
espaldas que relucen,
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos.

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma,
de tanta vida que se ignora y se entrega:
tú también perteneces a la noche.
Extiéndete, blancura que respira,
late, oh estrella repartida,
copa,
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora,
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.

Poemas de amor largos: poema Más allá del amor, de Octavio Paz

16. Soneto V, Garcilaso de la Vega

“Yo no nací sino para quereros” suena casi a voto matrimonial y el soneto dura lo justo. Es uno de los poemas de amor largos más fáciles de encajar antes de los votos o en la lectura de alguien cercano a la pareja.

Escrito está en mi alma vuestro gesto
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribistes, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

e tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma misma os quiero;

cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir y por vos muero.

17. Poema XV, Pablo Neruda

Es uno de los poemas de Neruda más conocidos, aunque arranca con un verso que hoy no convence a todo el mundo: “Me gustas cuando callas”. Antes de llevarlo a la boda, comprobad que os representa. Si es así, podéis alternar las estrofas o quedaros con la parte final.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
Déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Poemas de amor largos: poema XV, de Pablo Neruda

18. Rima XXIV, Gustavo Adolfo Bécquer

Dos llamas, dos notas, dos olas y, al final, dos almas. La imagen de Bécquer se entiende a la primera y no necesita explicación, por eso queda especialmente bien justo antes del intercambio de alianzas.

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y al besarse
forman una sola llama;

dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan;

dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata;

dos jirones de vapor
que del lago se levantan
y al juntarse allí en el cielo
forman una nube blanca:

dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden…:
eso son nuestras dos almas.

Poemas de amor largos: poema Rima XXIV, de Gustavo Adolfo Bécquer

Poemas de amor largos para una carta 

Un mensaje de Instagram o Whatsapp llega antes, pero una carta puede quedarse años dentro de un cajón. Estos poemas de amor largos hablan de distancia, deseo y cosas que cuesta decir mirando a los ojos. Si buscas poemas largos para enamorar, no te limites a copiar: pon la fecha, cuenta por qué has escogido ese texto y deja unas líneas que sean solo tuyas.

19. Cuando te nombran, Gloria Fuertes

Hay nombres que, cuando los pronuncia otra persona, parece que nos pertenecen un poco menos. Gloria Fuertes parte de esa sensación y la lleva hasta el disparate más bonito. En la carta puedes añadir el apodo que solo utilizas tú.

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira
que media docena de letras digan tanto.

Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.

 

Mi locura sería
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada
como volverme loca y repetir tu nombre.

Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.

Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
–siempre dice lo mismo- dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.

Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
–los jueces y los santos no van a entender nada–.
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

Poemas de amor largos: poema Cuando te nombran, de Gloria Fuertes

20. Yo canto lo que tú amabas, Gabriela Mistral

Gabriela Mistral escribe desde una ausencia que parece definitiva: canta para que la persona amada pueda reconocerla y volver a encontrarla. Es un poema atravesado por la pérdida, así que tiene más sentido como recuerdo de un amor que ya no está que como dedicatoria alegre de aniversario.

Yo canto lo que tú amabas, vida mía,
por si te acercas y escuchas, vida mía,

por si te acuerdas del mundo que viviste,

al atardecer yo canto, sombra mía.

Yo no quiero enmudecer, vida mía.
¿Cómo sin mi grito fiel me hallarías?
¿Cuál señal, cuál me declara, vida mía?

Soy la misma que fue tuya, vida mía.
Ni lenta ni trascordada ni perdida.

Acude al anochecer, vida mía;

ven recordando un canto, vida mía,

si la canción reconoces de aprendida
y si mi nombre recuerdas todavía.

Te espero sin plazo ni tiempo.
No temas noche, neblina ni aguacero.
Acude con sendero o sin sendero.
Llámame a donde tú eres, alma mía,
y marcha recto hacia mí, compañero.

Poemas de amor largos: poema Yo canto lo que tú amabas, de Gabriela Mistral

21. Me desordeno, amor, me desordeno, Carilda Oliver Labra

Carilda Oliver Labra no se anda con rodeos: en estos versos hay deseo, boca, piel y desorden. Es uno de los poemas de amor largos que conviene reservar para la intimidad, sin discurso, invitados ni espectadores.

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mala promesa de veneno;
y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

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22. El poeta pide su amor a quien le escriba, Federico García Lorca

Lorca espera una palabra escrita y convierte ese silencio en poema. Es una elección preciosa si solíais escribiros, si conserváis cartas antiguas o si quieres recuperar esa costumbre sin limitarte a pedir “escríbeme más”.

Amor de mis entrañas, viva muerte, 
en vano espero tu palabra escrita 
y pienso, con la flor que se marchita, 
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte 
ni conoce la sombra ni la evita. 
Corazón interior no necesita 
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura 
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena pues de palabras mi locura 
o déjame vivir en mi serena 
noche del alma para siempre oscura.

Poemas de amor largos: poema El poeta pide su amor a quien le escriba, de Federico García Lorca

23. El amor duerme en el pecho, Federico García Lorca

Este poema es íntimo, doloroso y habla de un amor que ha tenido que esconderse. Puede tocar muy cerca si vuestra historia también pasó por el miedo o el silencio; no es el texto adecuado si lo que buscas es una dedicatoria luminosa.

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Poemas de amor largos: poema El amor duerme en el pecho, de Federico García Lorca

24. Como la primavera, Juana de Ibarbourou

Este poema huele a tierra, a bosque y a ese amor reciente en el que todo parece estar estrenándose. Juana de Ibarbourou mezcla juventud y deseo, así que queda muy bien al comienzo de una relación o junto al recuerdo de vuestra primera primavera juntos.

Como un ala negra tendí mis cabellos
sobre tus rodillas.
Cerrando los ojos su olor aspiraste

diciéndome luego:

- ¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos?

¿Con ramas de sauces te atas las trenzas?
¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras
porque acaso en ellas exprimiste un zumo
retinto y espeso de moras silvestres?

¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve!
Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas.
¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:

¡Ninguno, ninguno!
Te amo y soy joven, huelo a primavera.

Este olor que sientes es de carne firme,
de mejillas claras y de sangre nueva.
¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo
las mismas fragancias de la primavera!

Poemas de amor largos: poema Como la primavera, de Juana de Ibarboutou

Cómo recitar o dedicar un poema

Lo primero es que no hace falta tener voz de actor ni de locutor de radio. Para que estos poemas de amor largos suenen a vosotros, basta con explicar por qué habéis escogido ese texto y leerlo sin prisas.

  • Antes de empezar, dedica una frase a contar por qué lo elegiste. “Lo leí y pensé en aquel verano en Cádiz” dice mucho más que una explicación sobre el autor o la corriente literaria a la que pertenece.
  • Si vas a recitarlo, ensaya dos o tres veces en voz alta y marca dónde necesitas respirar. Lee un poco más despacio de lo normal, levanta la vista en algún momento y no pongas voz de poeta: la tuya es la que tu pareja quiere escuchar.
  • Si va dentro de una carta, escribe arriba la fecha y el lugar. Presenta el poema con unas líneas tuyas y termina con un recuerdo que no podría haber escrito nadie más. En esta selección de cartas de amor encontrarás más ideas.
  • Si forma parte de un discurso, no te sientas obligado a leerlo entero. Diez o quince versos bien elegidos pueden emocionar mucho más que cinco minutos de lectura. Di el nombre del autor y ve directamente al fragmento que habla de la pareja.
  • Si se leerá durante la boda, compartidlo antes con quien oficie y comprobad cuánto dura. Podéis comparar opciones en estas lecturas para ceremonias civiles. Como referencia, dos minutos suelen bastar para que se disfrute sin frenar la ceremonia.
  • Si queréis leerlo entre los dos, alternad las estrofas solo cuando el texto lo permita. También podéis reservar el último verso para decirlo juntos; sencillo, sin coreografías raras.

Algunos de estos 24 poemas de amor largos son para leer delante de todos; otros perderían toda la gracia fuera de la intimidad. No elijas el más famoso ni el que suene más importante: quédate con el que te haga pensar “esto podría habérselo escrito yo”. Y, si estáis celebrando una fecha señalada, puedes seguir buscando entre estos poemas para un aniversario.

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