Seguro que estáis deseando tirar hacia atrás el ramo de novia, hacer sonar las latas atadas al guardabarros del coche de novios, como en las películas, y despediros con un pañuelo blanco de todos aquellos a quienes enviasteis las invitaciones de boda. Pues si habéis tenido insuperables ideas originales para bodas, no os quedéis cortos ahora con el viaje. Entre las numerosas y variadas opciones existentes, los cruceros fluviales son una elección maravillosa. Y es que además de ser más íntimos que los marítimos, ofrecen unas posibilidades increíbles. ¿Queréis conocerlas?

¿Qué es un crucero fluvial?

Frente a los cruceros marítimos, más conocidos, los fluviales emplean embarcaciones de dimensiones más pequeñas, generalmente de menos de 100 metros de eslora y unos 10-12 metros de manga, con poco calado y poca altura. Y como su nombre indica, realizan la travesía por ríos en vez de por mar abierto.

¿Cuáles son los recorridos disponibles?

¡Hay muchos! En nuestro país hay más de 10 compañías operando y ofrecen rutas que surcan ríos de corte mediterráneo, por Italia o Croacia, o que van por los más importantes de Europa, como el Rin, el Volga, el Sena, el Danubio… ¿Más opciones? Podéis optar por propuestas exóticas de países asiáticos o africanos, como Vietnam, Egipto o Zimbabue.

¿De dónde salimos?

Por lo general, de grandes ciudades. No está nada mal fragmentar el viaje, si queréis, y pasar un par de días en el puerto de salida que más os guste, para luego tomar el crucero fluvial y recorrer la geografía en otro medio de transporte. Será una luna de miel completísima y de lo más variada.

¿Hay escalas en la travesía?

¡Claro! Pensad que estos cruceros fluviales suelen transitar por pueblecitos y ciudades más grandes, en los que realizan escalas para que os organicéis el día como queráis. Pero, además, la propia travesía en sí ya es un deleite, pues mientras  el paisaje de mar abierto llega a ser demasiado homogéneo, un río imponente va ofreciendo un discurrir continuo de casas, monasterios, campos, castillos, viñedos… No en balde las civilizaciones se han establecido siempre en torno al agua más cercana.

¿Cuántos pasajeros puede haber?

La capacidad de los cruceros fluviales es mucho menor que la de los marítimos y solo acogen a unos pocos cientos de personas: 100 o 200, como mucho. Así, todo es más íntimo y tranquilo. Podréis incluso hacer amigos y compartir el viaje con ellos, si os apetece.

¿Qué ventajas prácticas tiene?

Pensad que no hay líos de maletas, ni límite de equipaje, ni trayectos en diferentes medios de transporte. Es como un viaje organizado, donde lleváis la casa temporal encima. Por no hablar de los mareos: como el barco es más pequeñito y no hay tanto movimiento en los ríos como olas en el mar, apenas sentiréis la desestabilización. ¡Despreocupaos y a disfrutar! Aparte, navegar con un barco de este tamaño es más ecológico que, por ejemplo, tomar un avión.

¿Cuál es el régimen de comida y bebida?

Algunos cruceros ofrecen régimen de bebida libre durante todo el día; y la comida suele ofrecerse al estilo restaurante, por lo que podréis comer bien y variado cada día. ¡Lo tiene todo!

¿Cómo son las cabinas?

Los camarotes son pequeñitos, pero con todo lo necesario: cama, ducha, calefacción y aire acondicionado, armario… Las cabinas suelen ser exteriores y tienen cristaleras hacia el paisaje para que os podáis deleitar con todo lo que sucede a vuestro alrededor.

¿Qué actividades ofrecen?

Por lo general, en el salón del barco suele haber música y actuaciones todas las noches. También se realizan grupos de actividades, como clases de manualidades y juegos tipo petanca. Vosotros decidís qué os apetece hacer en cada momento. Pero también podéis retiraros a leer tranquilamente, a conversar entre vosotros o a haceros románticas fotos mientras contempláis la puesta de sol.

Ahora que ya conocéis muchos más detalles sobre este tipo de cruceros, ¡seguro que decidís que conservar el peinado de boda no es buena idea sino que toca desmelenaros al viento! Y no os olvidéis de haceros con muchos souvenirs para poner en la estantería de vuestro hogar, junto con los detalles de boda que hayáis entregado el día B. ¡Feliz luna de miel!