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Desde que nos conocimos sabía perfectamente que me casaría con Antonio, pero el destino no nos lo puso fácil ya que al poco tiempo de conocernos en Madrid a mí me destinaron a Londres y cuando por fin él pudo venirse a Londres conmigo a mí me volvieron a destinar a Madrid. Por suerte, Antonio consiguió un trabajo en Madrid y volvimos a estar juntos. Cuando él se trasladó nos fuimos a vivir juntos y al poco tiempo me pidió que me casara con él. Así empezó nuestra gran aventura.

Desde el primer momento yo sabía que quería una celebración diferente y con detalles especiales. Me dedico a la organización de eventos, con lo que estaba claro que en mi boda tendría que romperme la cabeza como nunca.

Cuando pensamos en el lugar para el banquete lo teníamos muy claro, queríamos el Olivar de Santa Teresa. Lo conocimos en la boda de una amiga y nos encantó. Cuando fuimos a ver a Paco, el responsable, y le comentamos que queríamos casarnos en septiembre y nos dijo que ya no había fecha nos quedamos bloqueados, pero enseguida empezamos a buscar nuevas fechas y nos casamos el 12 de Mayo, 4 meses antes de lo que pensábamos en un principio. Así que nos encontrábamos en noviembre, con solamente 6 meses para prepararlo todo, con Antonio que le destinaban a México y yo viviendo en Madrid. Afortunadamente fue más que suficiente porque teníamos muy claro lo que queríamos: un evento tradicional con toques especiales que lo hicieran único. Y en el Olivar de Santa Teresa siempre estaban dispuestos a escuchar nuestras ideas y ayudarnos a cumplirlas.

Y por fin llegó el día de la boda

Nos casamos en el Ayuntamiento de Torrijos, El palacio de Pedro I, un antiguo convento del siglo XV que posee un patio con arcos. Nosotros decidimos prescindir de la decoración que ponen habitualmente, pedimos al Olivar de Santa Teresa sus sillas y encargamos una moqueta en color marrón por lo que todo estaba en tonos ocres y a nuestro gusto. Nuestros amigos y familiares hicieron que el enlace fuese muy especial con sus lecturas y dedicatorias.

 

 

 

 

Una vez terminado el enlace nos fuimos a realizar el reportaje, aprovechamos la zona de Olivos que está justo en frente de la finca y luego ya pasamos a los jardines del Olivar de Santa Teresa, donde terminamos el reportaje.

 

 

 

 

 

 

 

Después empezó el cóctel, en el que no pararon de sacar comida. Cuando llegamos nosotros dos todos nos estaban esperando, aunque algunos ya se estaban haciendo fotos en nuestro photocall 3D. Fue muy especial porque era la última viñeta de nuestra invitación de boda, que era un cómic contando nuestro noviazgo hasta el día de la boda.

 

 

 

 

Para decorar habíamos comprado por internet pizarras de distintos tamaños. Se las dimos a los responsable del banquete y ellos se encargaron de colocarlas en lugares estratégicos y llenarlas de mensajes sugerentes. Además, habíamos hecho un seating plan muy especial: habíamos escrito a mano una tarjeta para cada invitado, con su nombre y el número de mesa. Las tarjetas se colgaban con unas pinzas, también decoradas a mano, de una cuerda.

 

 

 

El menú que elegimos era un entrante a base de foie sobre pan de especias, el pescado era merluza en salsa y la carne rabo de toro. Entre medias, un delicioso sorbete de mojito.

 

 

 

 

Para la decoración de las mesas queríamos flores naturales que prácticamente parecieran recién cogidas del campo. Los tonos elegidos para toda la decoración, no solo para las flores, eran el rosa, toda la gama de marrones y el verde. El centro de mesa consistía en un trozo de tronco de árbol sobre el que colocamos las flores. El florista que nos recomendaron captó a la perfección nuestra idea.

Para el postre escogimos un buffet. Cuando los camareros quitaron las puertas que separaban el salón de la mesa de dulces los invitados no podían creerlo, era espectacular.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando todos estaban con sus postres, Antonio y yo decidimos coger el micrófono y dar las gracias a todos por acompañarnos en nuestro día. Además quisimos agradecer de una manera más especial a mi hermana y algunos amigos por habernos ayudado estos meses en la preparación. Fue un momento muy emocionante para todos.

 

 

 

Y llegó el momento del baile y la barra libre, en el que me esperaba una sorpresa. Antonio se había puesto de acuerdo con los encargados del banquete para preparar un espectáculo de fuegos artificiales. El cielo se llenó de colores y todos nos quedamos alucinados.
Si nos preguntaran qué día de nuestra vida querríamos repetir, ambos daríamos la misma respuesta sin dudarlo: “El día de mi boda”.

 

 

 

Fotos por Asis Fotógrafos