Estos pontevedreses de Tuy y Porriño se conocieron de niños en el pueblo en el que sus respectivas familias se escapaban a menudo. Crecieron en un mismo grupo de amigos y a Fany siempre le gustó el particular sentido del humor de Manu, mientras que él nunca dejaba de ser especialmente atento con ella... Así, sin poderlo evitar, se enamoraron completamente el uno del otro y empezaron un largo recorrido sentimental de 17 años que no podía terminar de otra forma que con pedida de mano y consiguiente enlace matrimonial.

Un día, un mes y un año antes del "sí, quiero"...

El 15 de abril de 2017, el último día de un viaje a Suiza que hicieron para recordar los cinco años que Fany vivió allí cuando era pequeña, Manu reservó un spa en Abeldoben donde se podía gozar de unas vistas impresionantes e hizo que Fany se sintiera la mujer más feliz del mundo, pidiéndole que se casara con él. ¡Love always wins!

Romanticismo por doquier

Un día, un mes y un año más tarde de la proposición de amor de Manu a Fany se casaron en Braga (Portugal) y, más concretamente, en una finca con un imponente lago. Como era de esperar, para su destination wedding eligieron el estilo romántico por ser el que decididamente los define mejor. Soñaban con un gran día de ensueño y lo hicieron realidad el 16 de mayo de 2018

Tras un íntimo e inolvidable first look, en el que ambos se descubrieron como novios, se juraron amor eterno en una ceremonia religiosa al aire libre, al lado del maravilloso lago del enclave y bajo un jardín colgante de color verde con lágrimas luminosas acristaladas, que chispeaban creando una atmósfera mágica entre telones blancos. Sus invitados, acomodados en sillas Napoleón doradas con cierto aire barroco, sucumbieron tanto con la entrada de Manu como con la de Fany precedida de pajecitos que anunciaban su llegada con un globo con mensaje. Y quedaron maravillados con Musgalia, el grupo que se encargó de la música en vivo para el momento cumbre del día más esperado.

Convertidos en marido y mujer, brindaron antes de recorrer el pasillo de la mano y ser bañados en arroz, y se dedicaron una sesión de fotos enmarcadas, principalmente, en el muelle del recinto, aunque también junto a un tranvía antiguo –con humo de color naranja como perfecto toque distintivo– y a unas cañas de bambú. A continuación llegaron al aperitivo en barca, donde todos prendieron bengalas para llenar de destellos el momento. Y tras el refrigerio –en el que se sirvieron 47 delicias distintas, como marisco, carnes recién horneadas, quesos y sushi, y se pudo saciar la sed en una barra de cócteles– se dirigieron a la zona del banquete. Esta presumía de mesas impecables con candelabros de vidrio, caminos de flores y velas. Es indiscutible que la decoración de este "sí, quiero" atendió a absolutamente todos los detalles.

Y, como colofón final, para terminar de rendir homenaje a su historia y a su futuro compartido, tuvo lugar el corte de la tarta. Fue espectacular con fuegos y una cascada de agua al ritmo de la música, una suelta de globos con leds con los mejores deseos de todos los presentes y el vals al son de Perfect, de Ed Sheran. ¡Mágico! Así, empezó la fiesta que se alargó hasta altas horas, con una mesa repleta de tartas y otra con frutas. ¡No faltó de nada!

¡Dos looks!

Fany confió en la confección a medida para sus dos outfits nupciales. El primero se compuso de dos piezas: una asentadora falda de raso con cola, junto con un cuerpo de manga larga drapeado con escote en V frontal y generosa apertura en la espalda. Lo combinó con unas sandalias de maya con tacón firmadas por Rosa Clará y con un recogido bajo deshecho con ondas rotas y raya en medio, rematado con velo y tocado con flores preservadas, de Bloom Bloom, a juego con el bouquet. Este era una composición desenfadada de eucalipto, peonías, rosas empolvadas y más especies silvestres. Además, confió en Angela Garrote Make Up Artist, quien resaltó la luminosidad de su tez, aplicó rubor a sus pómulos, le marcó la mirada espesando sus pestañas y destacó su sonrisa con la justa medida de labial.

El segundo, creado por la misma diseñadora, fue un vestido de tirantes vaporoso en crepé de seda, con dos capas de largo, fajín y corsé, sin cola. Cuando se lo puso se soltó el pelo para presumir de melena durante su primer baile como mujer casada y coronó su apuesta con una diadema repleta de cristales de Swarowski y perlas de río.

Manu, por su parte, también optó por la confección a medida y se vistió con un traje tradicional de tejido italiano, en azul petróleo, con americana de solapa ancha, a la que incorporó un prendido a juego con las flores del ramo de la mujer de sus sueños. Lo combinó con un chaleco de idéntica tonalidad, camisa entallada blanca, corbata de seda del mismo color, gemelos nacarados con su inicial y calzado Oxford de piel. Y, para la fiesta, lució un esmoquin con pantalón de tiro alto con vivos en negro y una pajarita doble como accesorio estrella.

El mejor día de sus vidas hecho recuerdo

"Volveríamos a casarnos todos los años porque fue el mejor día de nuestras vidas", confiesa emocionada Fany. "Para nosotros fue un sueño y creemos que ninguno de los presentes podrá olvidarlo", añade. Descubriendo el magnífico trabajo de fotografía de MSanz Photographer, en el que se pueden apreciar todos los detalles y momentos, ¡no hay lugar a duda! El álbum que compuso el profesional superó las expectativas de la pareja, quienes aseguran que "volverían a contratarlo con los ojos cerrados". ¡Descubrid esta increíble boda! Tengáis el estilo que tengáis, os encantará seguro.