En pequeños instantes se dibuja nuestra esencia, segundos, donde se crea nuestra propia historia. Desde que nos conocimos nuestra vida siempre ha marcado un ritmo, un continuo tok tok a nuestra puerta. Un compás de comienzo adolescente, cuando un granito se convierte en montaña y esta se desmorona por el paso del tiempo. Diez años después, 2008, ¡Hari está en Madrid! Septiembre, noche en blanco de Madrid, vacía, como la hoja que aún estaba por escribir. Se abrió un nuevo comienzo y el amor, tantas veces nombrado, se hacía único en nuestras vidas, el cual nos atrapa y zarandea durante cuatro años en los que hemos creado momentos únicos e inolvidables.

Nuestro viaje a París, 2012, basílica del Sacré Coeur coronando el barrio de Montemartre. Una temperatura agradable, nos compramos dos refrescos y nos sentamos a contemplar Paris. No intuí lo que se avecinaba. Hari con la rodilla hundida en el césped y una cajita entre sus manos. Ahora entiendo a Montemartre, en su tiempo hervidero de artistas, y con tantas historias a sus espaldas, pero sobre todo tiene mi SÍ QUIERO.






Las dos bodas señalaban nuestro futuro. Buscamos fechas, lugares, vestidos, fotógrafo... Siempre fuera de España fue una tarea difícil, pero obtuvimos nuestra recompensa. Nuestra boda por el rito punjabi sería en abril en Singapur y ya teníamos todo preparado. Buscaba fotógrafo para la boda española, y no me hizo falta largas horas de búsqueda. La pantalla de mi ordenador se iluminó con un correo de Adrian Tomadin, mi fotógrafo y ahora amigo. La persona que me enseñó que con una imagen se pueden escribir historias.







Adrián se aventuró con nosotros en nuestra boda punjabi en Singapur. Le hicimos partícipe de uno de los momentos más importantes de nuestra vida y de todos los ritos que conlleva la cultura india. Una cultura llena de color y diversidad. Comenzamos con la ceremonia de purificación en casa: la cúrcuma, yogur y aceite, tres ingredientes con los que amigos y familiares purificaron nuestro cuerpo, después, ya estaba lista para la sesión de henna, en la que las mujeres dibujan sus manos o pies, y a mí, por ser la novia, me llevé el lote entero: manos y pies.










Al día siguiente, nos casamos en un templo Sikh, donde una atmósfera de color y luz estuvo presente en todo momento. Fue un día largo, pero la adrenalina de cada momento nos mantenía en alerta para continuar con las pequeñas ceremonias. Una de ellas (para mí de las más emotivas) fue el recibimiento en la casa de Hari como marido y mujer. Nunca olvidaré a toda su familia dándome la bienvenida. 






Nos despedimos de todos los invitados en una cena recepción. La entrada al salón fue otro de los momentos más emocionantes que recuerdo, la fusión de música india con castañuelas españolas... imposible describir la amalgama de sentimientos que se creó en mi corazón. Una noche que hizo de broche final con bellos recuerdos, muchísimo baile (tanto indio como español), confidencias y risas. 







Ahora, con apenas casi un mes casados, a través de las fotos de Adrián podemos sentir, vivir y casi oler, uno de los regalos más maravillosos que hemos recibido en nuestra vida: el amor.

 

*PD: no os perdáis el vídeo de la boda de Hari y Maria, otra maravilla de Adrián Tomadín. Podéis verlo aquí.