Soy de la opinión de que los cuatro o cinco días que preceden a la boda deben ser enteramente para los novios. Si os es posible, pedid fiesta en el trabajo y aprovechad para ultimar detalles del gran día (inevitable si no tenéis a un weeding planner que haga esa tarea por vosotros), pero también para ocupar vuestra cabeza en otras cosas.

Creedme, no es bueno ni sano pensar todo el tiempo en la boda porque al final acabas perdiendo la perspectiva y ves problemas y dolores de cabeza donde en realidad no los hay. O puede suceder que, de tanto pensar y planificar, ya ni vosotros mismos os sorprendáis el día B.

 

Raquel Broza

 

Así que os propongo que os mováis. Que olvidéis momentáneamente que ese fin de semana os casáis y que os divirtáis. Solos, en pareja o con amigos. La clave es ocupar la cabeza con otras cosas. Desde una escapada romántica de una o dos noches hasta pasar el día en un parque de atracciones. Todo vale.

En mi caso, mi boda fue un 12 de mayo. Pues bien, me aseguré de tenerlo todo preparado para el 7 y así poder disfrutar enteramente de esos días previos. Aproveché para ir al gimnasio, hacerme masajes, ir al cine, dejar que el peluquero me peinara y despeinara, empezar a preparar las maletas para la luna de miel…

Recuerdo que uno de los días lo empleé para hacer algo que no hacía desde crío: ir a Port Aventura. Allí, entre subidas y bajadas, caídas de 100 metros y risas varias me olvidé por completo de que dos días después me casaba. Pero, al salir del parque, volví a recordarlo. Y, automáticamente, una sonrisa se dibujó en mi rostro.

 

Foto 1: Opportunity Photographer

Foto 2: Raquel Broza