Verónica y Nacho se vieron por primera vez en el municipio de Ontinyent (Valencia), la capital de la comarca del Valle de Albaida, donde vivían tanto el protagonista de esta historia como algunas amigas de la novia. Nada más verse, ella vislumbró que Nacho pasaría a ser el hombre de su vida y tuvo el presentimiento de que terminaría casada con él... ¡y la conexión fue mutua! Nacho sintió que había conocido a la mujer de sus sueños, con la que querría compartir su vida para siempre. ¿Cómo no iban a terminar casándose?

Así, iniciaron una bonita relación de puro amor que, tras cuatro años, formalizaba el compromiso: Nacho decidió pedirle matrimonio a su chica en una reunión familiar por su cumpleaños. Y Verónica, por descontado: ¡sí, quiso! De esta manera, se pusieron manos a la obra con los preparativos del día que pasarían a ser marido y mujer.

Un día B personal y ecléctico

Descubrieron Mas de Alzedo a través del directorio de Bodas.net y, antes de concertar una cita y visitar el lugar, intuyeron que sería el enclave perfecto para enmarcar la fiesta que querían. La finca del siglo XVIII, ubicada en Túria (Valencia), les ofrecía todas las comodidades que buscaban. ¡Era el escenario perfecto para rendir homenaje a su "sí, quiero"! Por ello, se casaron en una ceremonia religiosa en una iglesia –intercambiando unas alianzas exclusivas (diseñadas por ellos mismos y hechas con oro amarillo, de sus madres, fundido)– y celebraron su unión a partir del momento en el que llegaron –en un coche clásico de color plata– a la masía valenciana llena de encanto que eligieron.

Durante el aperitivo sorprendieron a todos los presentes con un grupo de música en vivo amenizando el ambiente e incluyendo rincones de comida típica de Ontinyent y de Valencia, como embutidos, naranjas, conservas...Y durante el banquete lo hicieron con el seating plang hecho con tarros de vidrio, las tiras de luces aportando calidez al espacio, la impecable presentación de las mesas alargadas –decoradas con guirnaldas y centros florales rojos, de Atelier de la Flor–, y las notas escritas a mano en fotos que prepararon para cada uno de los asistentes. Pero también triunfaron los detalles personalizados con sello propio, al tiempo que la entrega del buqué fue emotiva y el corte del naked cake de fresa –que eligieron como tarta nupcial– resultó muy divertido. Por último, el primer baile como marido y mujer dio paso al final del enlace, con un grupo de música tocando en directo. ¡Especial!

Estilismos: muy ellos...

Verónica, que siempre quiso sentirse una auténtica novia y, a su vez, perseguía enfundarse un traje que la hiciera sentir cómoda y sensual, optó por vestir un conjunto de corte sirena, rematado con infinitos encajes, y una sobrefalda de tul de estilo princesa, las dos piezas de la firma Pronovias. ¡Todos alucinaron cuando descubrieron su sorpresa al entrar en el convite! Además, complementó su apuesta con un ramo de flores silvestres, unas sandalias de tacón hechas a medida y un recogido bajo y un maquillaje muy neutro, reflejo de la profesionalidad de Encarna Barranca. Y su accesorio fetiche fue una tiara joya, de Alial Millinery.

Por su parte, Nacho decidió lucir un semichaqué oscuro, de la casa Protocolo, y combinarlo con una camisa blanca, tirantes y calzado en negro y corbata estampada a juego con un pañuelo de color rojo. ¡Elegantes los dos!

"Indescriptible cada toma"

Los fotógrafos de Imagine Love Cinema fueron quienes se encargaron del trabajo de fotografía y vídeo, consiguiendo un fiel resumen del 14 de julio de 2018. Según ellos mismos, colaborar a que los novios lo pasen en grande es una máxima para poder inmortalizar momentos únicos e irrepetibles. Las imágenes emotivas, naturales y de absoluta calidad demuestran que este equipo audiovisual cumple al 100% con su premisa, consiguiendo álbumes y reportajes increíbles que las parejas atesoran como inolvidables recuerdos que son. ¡Descubrid la selección de instantáneas!