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El 7 de septiembre Luis y yo dimos el 'sí quiero' en un lugar muy especial para mí: Los Claustros de Ayllón. Su entorno tan exclusivo me enamoró, así que no se me ocurrió un sitio mejor en el que celebrar el día de mi boda.

Como era una boda de tarde, mis amigas y yo decidimos juntarnos durante la mañana para ponernos guapas de la mano del equipo de Alegría Makeup y hacernos unas fotos divertidas. Estábamos unas 30 amigas disfrutando de un pequeño cóctel y luchando con las emociones. No puedo estar más agradecida con todas ellas, son extraordinarias.

En cuanto a mi vestido, tenía muy claro lo que quería, siempre lo tuve. Fue una obra de arte de Miriam Gálvez, conectamos desde el primer minuto y todo fue muy fácil. 

 

 

 

La del ramo es una historia muy bonita, alguien muy especial para mí rompió la hucha para poder regalármelo. Cuando mi amiga y compañera me decía que es una de las elecciones más difíciles, no sabía hasta qué punto, pero con la ayuda de Mamen elegimos el ramo, una auténtica joya de Elisabeth Blumen.

 

 

Preparamos la ceremonia en el mismo lugar, en una sala especialmente preparada para ello y decorada con sillas blancas de madera, flores y grandes velas en el altar. Elegí a mi hermano como padrino de mi boda, por lo que mi llegada al altar fue especialmente emotiva, un momento que nunca olvidaremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Después de la ceremonia aprovechamos la magia del lugar para hacernos nuestras primeras fotos como marido y mujer. 

 

 

 

Respecto a la cena, estábamos muy tranquilos. El equipo Vatelia Catering, hizo que el nivel de identificación, profesionalidad y calidad supere nuestras expectativas.

 

 

 

Bag, Mamen y todo el equipo se encargaron de crear nuestro pequeño mundo para un día y recuerdos para siempre. Podría llenar páginas escribiendo maravillas, pero me limitaré a dar las gracias por lo felices y agradecidos que estamos con ella por todos los detalles hechos a mano y únicos.

 

 

 



Arribas Decoración, se encargó de esas maravillosas plantitas que al final de la boda cogieron patas y respiran en las casas de nuestros invitados. También, se ganó el cariño de todas mis niñas al entregarles las maravillosas coronas de flores.

 

 

 

 

 

Para el momento del baile optamos por lo clásico y bailamos un vals precioso. Sin duda, el mejor broche final para un día inolvidable.

 

 

Fotografía por Jorge Molinero