El Saló de l'Ensenyament de Barcelona –encargado de presentar cada año una actualizada oferta de estudios fue el lugar que propició el encuentro entre Anna y Guillem, quienes en 2002 acudían por separado para informarse sobre las nuevas carreras universitarias. Así, y sin apenas buscarlo, ambos jóvenes iniciaron una bonita relación de amistad que, con el tiempo, acabaría forjándose en una complicidad cada vez más intensa y consistente. Por fin, en 2005, Anna y Guillem dieron el gran paso y sucedió lo que ambos deseaban desde el primer día: comenzar una relación de noviazgo. 

Después de más de once años juntos, la pareja acabó animándose a pasar por el altar –pese a que en un principio ambos se mostraban escépticos al respecto–, ante la idea de poder celebrar la inmensidad de su amor con la gente que más querían. Por ello, Guillem aprovechó su décimo aniversario como novios para pedir matrimonio a su chica después de un romántico desayuno en una casa rural, frente a la imponente belleza de la Provenza francesa.

El municipio de Olivella (Barcelona) y, más concretamente, la Masia Pou de la Vinya situada en la misma localidad –una preciosa casa rural típica catalana de más de dos siglos de antigüedad, caracterizada por sus acogedores espacios interiores y por la belleza de sus jardines–, se convirtió por un día en el telón de fondo del "sí, quiero" de Anna y Guillem, quienes lucieron impecables para su gran cita. Él apostó por una bonita camisa azul cielo con bicicletas blancas estampadas, de Brava, a juego con un chaleco y un pantalón en tonos crudos y acompañada de una pajarita amarilla. Anna, por su parte, brilló con luz propia con un precioso vestido de dos piezas, de l'Arca de l'Àvia: sencillo, sin volúmenes exagerados y con un bonito encaje que cubria el crop top superior... Un acierto absoluto. Para el ramo –el complemento por excelencia de la novia–, Anna confió en Au nom de la Rose, quienes conformaron un ramo nupcial único con paniculata y lavanda, en un juego de verdes y rosas.

En combinación con la esencia rústica, natural y sencilla del escenario, Anna y Guillem apostaron por un estilo campestre para su boda, cumpliendo así el sueño de celebrar un enlace al aire libre, rodeados del vivo verde y en compañía de la gente más importante de sus vidas. Así, y gracias a la cálida ayuda de los responsables de la masía, la decoración que cubrió el escenario nupcial de Anna y Guillem rozó la excelencia en un juego único de maderas –que conformaron imprescindibles como una mesa de banquete alargada, que permitía que novios e invitados cenaran todos juntos–, telas –como la arpillera, la seda, el tul y el algodón–, fardos de paja –convertidos en los asientos de la ceremonia–, flores –aromáticas y margaritas–, mimbre, pizarras y pequeños potecitos de cristal que colgaban de los árboles convertidos en jarrones. También destacaron un sinfín de farolillos y luces blancas que cubrieron cada rincón del enlace –ceremonia y banquete–, aportando un toque romántico único, e iluminando la cena y la fiesta postboda durante la puesta del sol y la noche.

Y así como brilló una cuidada decoración del escenario del "sí, quiero" de la pareja, también lo hizo cada instante vivido en una boda hecha con el corazón y con mucho sentimiento. Fueron un sinfín de momentos especiales, como la ceremonia –oficiada por los compañeros de teatro de Anna–, el especial papel de los best men, el emotivo vídeo hecho por el grupo de amigos de la pareja, el baile de las amigas de la novia, la suelta de globos en forma de corazón a la salida de la ceremonia y, en definitiva, el sentimiento de agradecimiento, cariño y amistad infinita que arroparon a los recién casados en todo momento. Instantes únicos que el equipo fotográfico de AdaTikur tuvo el placer de capturar en unas instantáneas únicas, que han quedado para el recuerdo más bonito y emotivo de la pareja, así como para el de todos aquellos que los acompañaron en el día más feliz de sus vidas. ¡No os perdáis la magia que inspira esta boda!