De entrada, decidimos que sería una boda pequeñita aunque al final acabamos siendo 95 invitados más los novios. Yo quería una celebración emotiva y con detalle, y por supuesto muy malagueña. Para conseguir mis objetivos me ayudaron el Hotel Villaguadalupe donde realice la celebración del convite. Se trata de un lugar ideal  para bodas íntimas, donde sirven cocina de autor y el servicio es inmejorable, además de tener unas vistas increíbles a toda la ciudad de Málaga.

 

 

La iglesia escogida fue Sagrado Corazón, donde se casaron mis padres 30 años atrás, en el centro de Málaga, y la misa fue oficiada por el padre Andrés, el cura de nuestro barrio.

 


 
Por supuesto, lo primero que necesita una novia a parte del novio, es el vestido. Tras probarme varios trajes, el ganador fue un diseño de Rosa Clará, el Modelo Ofelia, con el que sentí ese cosquilleo en el cuerpo y que además era perfecto para mi boda malagueña. pues la cola se abría en un abanico de volantes.

 

 

Lo complementé con un velo amantillado también de Rosa Clará a juego con el bordado el vestido, y unos zapatos Lodi. Los pendientes  de oro blanco, brillante y perla, fueron un regalo de mi tía, comprados en de José Luis Joyeros, donde compramos también los anillos y peinas de plata de Granatte.

 


 
Ángel escogió un traje de Fuentecapala con corbata de Caramelo y gemelos de Duran, que complementó también con un reloj antiguo, estilo vintage de Longines.

 


 
Fueron muchos los momentos emotivos, pero sin duda el que más especialmente recuerdo es, cuando del brazo de mi padre, caminaba sobre la alfombra roja de la iglesia mientras sonaba el tema principal de la banda sonora de "La Misión". Al final estaba Ángel.

 


 
Para hacernos el reportaje de fotos, nadie mejor que Luna y Jose. El sitio escogido fue La Alcazaba de Málaga.

 


 
Como los colores iban en sintonía y la temática era malagueña, decidimos ponerles a las mesas nombres de flores.

 

 

Nuestra mesa era la Jazmín, el mismo nombre que el del menú que elegimos. En cada mesa dispusimos canastitas de piruletas como agradecimiento, y un libro de firmas. Toda la decoración estaba personalizada y fue un gran trabajo de Azulsahara.

 

 

La sorpresa más grande de la noche me la dieron mi madre y mi tía, pues una vez todos sentados y comenzando el banquete apareció una tuna y tras ellos entró un biznaguero. Una noche de verano fresquita, unas vistas espectaculares de Málaga, mi mesa Jazmín, mi menú Jazmín, la tuna cantando “Malagueña salerosa” y un biznaguero repartiendo una biznaga a todas las mujeres...

 

 

Y llegó el final del banquete y el baile de recién casados para el que escogimos la canción “Solamente tú” de Pablo Alborán (malagueño también). Fue un momento muy especial y tras él, antes de abrir la pista de baile para todos, cada uno bailó un pasodoble con los padrinos.