*Artículo cedido por la Dra. Andrea Borja, responsable de la unidad de Medicina Estética de las clínicas Opción Médica.



Las dietas disociadas están ganando adeptos. Solemos recurrir a ellas cuando la dieta habitual pierde eficacia. Pero nunca deben mantenerse en periodos muy prolongados de tiempo y han de estar supervisadas siempre bajo estricto control médico.

Este tipo de dietas se basan en no combinar proteínas y grasas (carne, pescado, huevos y lácteos) con hidratos de carbono (arroz, pasta, legumbres, patata, pan y sus derivados) en una misma comida. El objetivo de esta dieta es movilizar los depósitos de grasa del organismo mediante un sobreesfuerzo metabólico que le induce a quemar las reservas de glucógeno y eliminar agua.

Las dietas disociadas permiten hacer seis comidas diarias y no restringen la cantidad de alimento, siempre dentro de unos límites razonables. En este sentido, son muy cómodas de llevar porque solo impiden la mezcla de grupos de alimentos, por lo que el paciente no pasa hambre.

Respecto a la duración de la dieta, será siempre un médico quien la determinará, ya que dependerá de factores como el IMC del paciente, tratamientos previos, expectativas, morfología, etc.

Ventajas

  • Con las dietas disociadas la pérdida de peso suele ser muy rápida y son muy eficaces sobre todo para rebajar volumen.

Aspectos a tener en cuenta

  • Esta clase de dietas son muy útiles para perder peso rápidamente, pero siempre deben realizarse bajo control médico para garantizar tanto la efectividad del tratamiento como la seguridad del paciente. Además, como cualquier dieta, si se inicia por cuenta propia, no está exenta del temido efecto rebote. Para evitarlo, el nutricionista o endocrino deberá diseñar una dieta de control que siga a la disociada, para asentar los resultados y reeducar los hábitos alimenticios y de estilo de vida del paciente.