La primera semana de universidad siempre es un momento inolvidable en la vida de un estudiante, y más aún en el caso de Irene, ya que fue cuando conoció a Arturo. Allí fue donde todo empezó. El inicio de una increíble relación que les llevaría a viajar y a vivir millones de mágicas experiencias.

Todo empezó...

El destino hizo que Irene se hiciera amiga de Betty, la hermana de Arturo, y esto permitió que compartieran muchos momentos juntos haciendo que, poco a poco, fuera naciendo un magnífico amor entre ellos. Hasta que llegó la primera cita con la excusa de organizar una clase de guitarra. Allí se dieron el primer beso. El primero de muchos otros que precedieron a este bonito día.

Cuanto más se conocían, más sabían que estaban hechos el uno para el otro. Después de siete años de relación y miles de vivencias inolvidables, el 3 de junio de 2017 dieron el gran paso rodeados de todos sus seres queridos.

Una puesta de sol inolvidable

Aunque alguna vez habían hablado de la posibilidad de casarse, nunca se lo habían planteado seriamente. Por esta razón, cuando una tarde de verano en Croacia, viendo ponerse el sol sobre el Adriático, en la isla de Mljet, Arturo se arrodilló y le pidió a Irene que fuera su mujer, a ella la cogió completamente desprevenida.

Él llevaba toda la semana con el anillo guardado en el bolsillo, esperando el momento perfecto para dárselo. La reacción de Irene fue preciosa. Su cara expresaba felicidad e incredulidad. Pero eso no impidió que pronunciara las mágicas palabras: "sí, quiero".

Un día irrepetible

El gran día se celebró al aire libre, entre árboles y rodeados de naturaleza. Esto fue posible gracias a la privilegiada ubicación de Quinta las Dádivas, al pie de la sierra norte madrileña. Una finca preciosa que acogió tanto la ceremonia como el banquete del gran día de esta joven pareja. Fue una ocasión muy especial, ya que por primera vez podían reunir a todos sus seres queridos de todos los países y ciudades dónde habían vivido, ¡En total 7 nacionalidades diferentes! 

La ceremonia fue redactada y creada por los propios novios, que incorporaron originales elementos simbólicos, como el handfasting. Esta tradición consiste en cogerse las manos (derecha con derecha e izquierda con izquierda) para crear un infinito y envolverlas de cuerdas para mantener esta hermosa unión mientras dure el amor. 

Después de disfrutar del delicioso aperitivo y banquete, Irene y Arturo prepararon diferentes juegos para entretener a sus invitados. Momentos llenos de risas con originales tradiciones de por medio. Una de ellas, la entrega del ramo a través de cintas, donde cada mujer soltera cogía una cinta del ramo de novia, mientras Irene iba cortando una a una sin mirar. Al final, solo quedó una y esa fue la afortunada que lo recibió.

Pequeños detalles

La decoración del día B acompañó cada uno de los magníficos recuerdos gracias al equipo de Seven Weddings. Inspirados en un estilo rústico y boho, vistieron el lugar con preciosos detalles, como los tarros de cristal con flores colgando de los árboles, las guirnaldas de luces, el rincón de los regalos... ¡Parecía un bosque encantado! Un ambiente lleno de magia.

Los looks perfectos

Irene se decantó por un vestido bohemio de corte evasé con un precioso escote ilusión y bordados florales, que predominaban en todo el cuerpo uniéndose a la falda de tul en una delicada cascada. El outfit nupcial se complementó con una espectacular corona de flores que hizo a mano su madre.

Arturo, en cambio, escogió un traje de color azul oscuro hecho a medida en el Corte Inglés. El punto distintivo fue la elegante corbata roja a conjunto con el tocado y el ramo de flores de la novia. ¡Estaban guapísimos!

¡Mágico!

Una boda llena de magia y envuelta de naturaleza, que consiguió crear momentos únicos e inolvidables a todos los presentes. Y que, gracias al fantástico equipo de Eduardo Allanegui, han quedado plasmados en estas magníficas imágenes.