Hace tres o cuatro décadas, la mayoría de las mujeres se casaban alrededor de los veinte años con el objetivo de formar una familia lo antes posible. Sin embargo, los tiempos han cambiado y el hecho de acudir al altar con un ramo de novia e iniciar la aventura matrimonial no implica necesariamente que tengan que ser madres inmediatamente, aunque esa vaya a ser la pregunta inevitable que muchas tengan que escuchar en cuanto envíeen las invitaciones de boda. En la actualidad, son muchas las mujeres que deciden ser madres más allá de los treinta, cuando ya han consolidado sus carreras profesionales y se ven capaces de afrontar nuevos retos vitales. Pero, obviamente, se trata de una decisión muy personal que implica también muchos factores emocionales y en la que el novio tendrá que participar de forma activa cuando ya hayan sonado las canciones de boda.

El llamado "instinto maternal" no es algo que sientan todas las mujeres y tampoco es imprescindible para tomar la decisión de ser madre. Sin duda, hay otras cuestiones mucho más importantes que te darán la clave para saber si estás preparada para la maternidad.

1. Has aprendido a quererte y respetarte a ti misma

Aunque suene a libro de autoayuda, uno de los aprendizajes más difíciles de la vida es el de aprender a quererse a una misma, ya que, como decía Whitney Houston, ese es el amor más grande que existe. Si tienes la autoestima alta sabrás pedir ayuda cuando la necesites, no tendrás problemas en decir "no" cuando algo no te guste y te cuidarás para estar sana y feliz, al igual que hacías cuando ibas al gimnasio para estar espléndida con tu vestido de novia de corte sirena. La maternidad implica entregarse a otra persona, tu hijo, y para él es fundamental que su madre sea una persona que sabe cuidar de sí misma y que es feliz. Seguro que es muy importante para ti que tus padres sean felices y puedan cuidar de sí mismos, ¿no es cierto? Pues lo mismo les ocurrirá a tus hijos, ya que una madre feliz es muy importante para tener hijos felices. No hay nada más reconfortante que ver a una madre sonriendo en la boda de sus hijos y luciendo un vestido de fiesta largo, ¿verdad?

2. Tienes estabilidad en tu vida

Todos sabemos que hoy en día no es fácil conseguir un trabajo estable y una vivienda fija. Sin embargo, muchas parejas consiguen estabilidad uniendo esfuerzos. Cuando llega un bebé se sacan energías de donde haga falta para darle todo lo que necesita, pero no está de más ser previsores y calcular si se podrá hacer frente económicamente a una vivienda estable y a los gastos que comporta criar a un niño, no solo al principio, sino también a medio plazo: escuelas, médicos, actividades, etc.

3. Confías en tu pareja

La aventura de ser padres debe ser una ilusión compartida y una decisión que tomar de forma consensuada. Cuando llegue el momento, tendréis que vivir juntos no solo las situaciones alegres y divertidas que conlleva criar a un bebé, sino también el trabajo y la responsabilidad de cuidar de él, pasar noches sin dormir, repartir las tareas del hogar... Por eso es fundamental que haya buena comunicación y confianza entre vosotros. ¿Habéis estado horas y horas preparando juntos los regalos para invitados de boda? Organizar un evento así es toda una prueba, así que si os las habéis arreglado para coordinar el trabajo de preparar unas invitaciones de boda caseras, inventar juegos para entretener a los invitados y buscar ideas de decoración para bodas, seguro que hacéis un gran equipo.

4. Sabes reconocer los aciertos y errores de tus propios padres

A medida que las personas se hacen mayores y superan la adolescencia, etapa en la que es muy frecuente tener diferencias con los padres, llega el momento de hacer balance y reconocer todo el esfuerzo que hicieron por ellas y perdonar los errores que pudieron cometer. Los niños no vienen con un manual de instrucciones y si tus padres se equivocaron en algún momento no fue de forma voluntaria. Recuerda que tú también puedes cometer errores en el futuro. Seguro que cuando te conviertas en madre verás a tus padres de otra manera. Van a ser un gran apoyo a partir de ese momento.

5. No lo haces por satisfacer el deseo de otras personas

Hazte la siguiente pregunta: ¿por qué quiero tener un bebé? Y respóndete con sinceridad. A veces, algunas mujeres se ven presionadas a ser madres por su familia o su entorno social. Otras veces puede ocurrir que piensen que un bebé ayudará a fortalecer una relación de pareja que no está pasando su mejor momento. Ninguna de estas razones es un buen motivo para tener un niño. Si la respuesta te lleva a pensar en otras personas y no en ti misma, reconsidera la decisión.

Recuerda que dar el paso hacia el altar abre una nueva etapa en tu vida en la que tú y tu pareja sois las únicas personas que vais a decidir juntas sobre vuestro futuro, al igual que habéis elegido los detalles de boda, el tipo de ceremonia que queríais celebrar o las ideas originales para bodas que pondréis en práctica. Después de todo eso, empieza la aventura más emocionante. La de la vida.