En alguna que otra ocasión ya os he contado mi visión sobre la repartición de tareas en la organización de una boda. Casi siempre, toda la responsabilidad, el peso entero de la misma, recae sobre las espaldas de las pobres novias. Llegados a este punto, tratemos de identificar los principales errores que cometemos los chicos a la hora de planificar nuestra boda:

Lo dejamos todo en sus manos

Va ligado a lo que os comento más arriba. Le pedimos matrimonio y, a partir de ese momento, vemos los toros desde la barrera. Hay que evitarlo: da tu opinión sobre la lista de invitados, el lugar de celebración, la fecha, si quieres una boda civil o religiosa o un banquete tradicional. Pero hay que implicarse, ¿por qué? Porque si no lo hacemos cometemos un segundo error. 

Implicarnos a última hora

Dejamos que ella lo planifique todo y conforme se acerca el gran día empezamos a dar nuestra opinión que, curiosamente, suele diferir bastante de la de ella. Y entonces se produce aquella discusión tan habitual y que acaba con el tan acertado razonamiento de la novia: ¿por qué no me dijiste todo esto antes?

Puede pasar todo lo contrario

Que seas un novio atípico hasta el punto de obsesionarte con la boda y convertirte, sin comerlo ni beberlo, en un groomzilla. Ya sabéis, haced de novios. No de novios y de novias al mismo tiempo, ¿me explico? Como todo lo bueno de la vida, las cosas en su justa medida porque de lo contrario…

Te olvidas de disfrutar

Sirve para vosotros y para ellas. Una boda no deja de ser una celebración que, yendo bien, solo experimentarás en primera persona una única vez en tu vida. ¡Disfrútala!