El amor entre estos dos madrileños nació entre las paredes de la tienda Polo Ralph Lauren de Las Rozas Village (Madrid), donde ambos trabajaban. Al poco tiempo de conocerse iniciaron una bonita relación y, antes de cumplir un año de amor, decidieron dar un paso más e irse a vivir juntos. La sorpresa llegó cuando llevaban dos años de novios: Gonzalo decidió pedirle matrimonio a la mujer de sus sueños y sellar la relación que compartían.

"Sì, lo voglio"

A pesar de que habían hablado de un decisivo futuro juntos, compartiendo la vida con alianzas de casados en mano, no habían tomado la mutua decisión. Pero, en un viaje, Gonzalo tomó la iniciativa. Durante una escapada a Italia –que incluía un tour por Milán, Génova, Verona y Venecia–, la noche del 31 de noviembre, dando un paseo por el centro histórico de Verona, en el fortificado puente de Castel Vecchio, sobre el río Adige, Marta fue sorprendida con la mayor propuesta de amor... ¡Gonzalo se arrodillo y ella "sí, quiso"!

Sencillez y romanticismo

Decidieron no alargarse demasiado con los preparativos y casarse la siguiente primavera. Así, se pusieron a prepararlo todo nada más volver de viaje y eligieron la finca Los Torreones, que se encuentra en Torrelodones (Madrid) –cerca de su residencia habitual– para el gran día. Con su palacete de principios del siglo XX y la cuidada zona ajardinada en el exterior, les pareció el marco perfecto para la ocasión. Además, dado que su máxima era disfrutar de un día B único y 100% personal en compañía de sus familiares y amigos, apostaron por la decoración DIY: se encargaron de los carteles de bienvenida, customizaron una bicicleta y un biombo, prepararon conos y los llenaron de pétalos para la salida de la ceremonia, forraron tarros de vidrio con tela de arpillera para decorar la mesa de firmas y usarlos como centros de mesa... Y todo lo remataron con los vibrantes arreglos florales de A Flor de Piel y la experiencia y profesionalidad del equipo Bella Boda, que consiguió que el conjunto se viera impecable, tal y como ellos querían.

De esta manera, el 20 de mayo de 2018 se juraron envejecer juntos en una ceremonia civil decorada por un camino de corazones amarillos a los bordes de una alfombra blanca, con sillas tipo tijera, algún farolillo y muchas flores amarillas. Se intercambiaron unas alianzas de Únicas, fueron salpicados por una lluvia de pétalos una vez convertidos en matrimonio y se ausentaron para dedicarse algunos momentos de complicidad, mientras eran retratados en diferentes rincones del lugar elegido para su "sí, quiero", así como junto a una mítica furgoneta Volkswagen amarilla que, sin duda, fue un elemento destacable.

A continuación, tuvo lugar el lanzamiento del ramo de novia desde un balcón mientras se celebraba el aperitivo y, por último, llegó la hora del convite, donde se sirvieron las delicias del catering de INbodas. Al igual que el cóctel, el banquete fue 100% vegetariano y, en él mismo, todos los asistentes encontraron en sus puestos los detalles de boda que preparó la novia junto a su hermana: jabones naturales de origen vegetal y velas aromáticas artesanales.

Por último, los novios abrieron la pista con un baile totalmente improvisado al son de Creep, de Postmodern Jukebox –que complementó la anterior entrada de la novia a la ceremonia con una versión instrumental de Can't help falling in love, de Elvis Presley –la otra canción favorita de la pareja–. Y, tras esos pasos con los que ambos se dejaron llevar como si estuvieran solos, el resto de invitados se unió a la pista de baile y se dieron más de un capricho con los dulces que encontraron en el candy bar.

¡Estilismos en sintonía absoluta!

Marta se enfundó un traje nupcial de corte A, de Ada Novias. Una pieza de gasa decorada con drapeados, escote en V, espalda abierta y corte en la cintura que daba paso a una generosa cola en capas. La modificó ligeramente, ya que originariamente presentaba un tirante fino y otro de gasa off the shoulder y optó por sustituirlos por dos que cubrieran los hombros, al tiempo que le añadió un cinturón de raso amarillo con flores preservadas. Como complementos se decantó por unas sandalias de tacón amarillas, de Menbur –que fueron las "culpables" de que tanto los looks como la mayoría de detalles apostaran por su tono preferido–, un corsage que conjuntaba con el cinturón, un tocado que remató su peinado –hecho con trenzas de raíz y un recogido bajo en el que se entrelazaba un lazo–, el bouquet y unos pendientes personalizados en los que se podía leer "sí" y "quiero"

Gonzalo decidió despuntar con un traje de lino en color beige, que combinó con una camisa azul cielo, zapatos de cuero marrones y corbata y tirantes amarillos. Además, incorporó un prendido floral en la solapa de su americana cruzada y se peinó con raya bien marcada.

Capturas únicas

Photofilms se encargó de inmortalizar cada momento y cada detalle del día que en que Marta y Gonzalo fueron los absolutos protagonistas. Las imágenes plasman lo sencilla, a la par que cuidada y personal, que fue la boda. ¡Nos os perdáis las fotos y descubrid el encanto de apostar de pleno por un solo color!