Lorena veraneaba en Segur de Calafell (Tarragona) y era buena amiga de la hija de la propietaria del supermercado donde trabajaba Miguel. Se conocieron el verano de 2004 en la playa y se convirtieron en compañeros incondicionales para siempre. ¿Cómo no iban a terminar casados? Su sincero amor pedía a gritos un "sí, quiero".

Los dos se pidieron matrimonio ¡el mismo día!

Después de 14 años juntos, con tantísima confianza entre los dos, la palabra "boda" surgía en más de una conversación. Pero lo cierto es que, en el fondo, Lorena esperaba que algún día Miguel le pidiera matrimonio. Sin embargo, también tenía claro que respondería con una propuesta que estuviese a la altura. Finalmente, decidió que lo haría ella en un viaje a Islandia y mientras vieran una aurora boreal. ¿Lo mejor? ¡No sabía que Miguel tenía el mismo plan! Únicamente lo sabían algunos amigos en común que, como buenos confidentes, guardaron los respectivos secretos para no restarle ni una pizca de emoción a la situación.

De esta manera, iban pasando los días mientras disfrutaban de sus vacaciones en el noreste de Europa pero no veían ninguna aurora boreal... Por eso, Lorena se impacientó y buscó un alternativa: cuando estaban visitando la playa de arena negra de Reynisfjara le propuso a su chico hacerse un selfie –aunque en realidad activó la opción de vídeo– y, en ese mismo momento, sacó una cajita que contenía varias notas y un reloj de compromiso. Fue entonces cuando Miguel descubrió el anillo que le había comprado para pedirle la mano. ¡Ninguno de los dos lo esperaba y fue alucinante! Más cómplices que nunca.

¡First look sorpresa!

Lorena, una fan declarada del romanticismo, quería sorprender al que sería su marido con un momento íntimo e irrepetible minutos antes de pasar por el altar. Por ello, ideó un encuentro con la ayuda del equipo de fotografía contratado para la gran cita nupcial. Los profesionales de la imagen llevaron a Miguel al laberinto de maíz de la finca para tomarle unas fotos y... ¡allí estaba Lorena vestida de novia! Se quedó sin palabras. No hace falta más que ver las tomas...

Una boda tropical en un entorno idílico

Lorena y Miguel sucumbieron cuando visitaron por primera vez Parc Samà, en Cambrils (Tarragona). El espacio, que fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional, reunía la singularidad, originalidad y elegancia que estaban buscando para su gran día, ya que soñaban con casarse en un enclave lleno de palmeras y árboles que les recordaran a los destinos donde habían viajado juntos. Y, a su vez, querían que fuera tan informal como especial. Por eso, contrataron los servicios de organización de eventos del equipo de Lovely Rice.

De este modo, los rincones deco de camino al espacio elegido para oficiar la ceremonia fueron totalmente personalizados: un rincón de fotos de los protagonistas del día junto a los invitados; un rincón temático de viajes, con instantáneas y elementos típicos de diferentes países; un rincón conmemorativo para los seres queridos ausentes; un rincón de firmas haciendo un guiño al correo tradicional con postales de ciudades, utensilios de escritura y un buzón... Todos los presentes intuyeron que el día superaría sus expectativas. ¡Y vaya si lo hizo!

La ceremonia civil al aire libre despuntó con su decoración y su desenfado, libre de protocolos. Sillas tipo tijera en blanco para los invitados, sillones de ratán rematados con flores para los novios, un tipi natural y una pequeña mesa como altar ornamentados con las mismas especies tropicales... Sin olvidarse de las entradas de ambos, del brindis con cervezas, de la simpatía del oficiante, de la emoción de las lecturas, del intercambio de las alianzas, del primer beso o del pase de la pareja como recién casados por el pasillo central bajo un lluvia de pétalos.

¡Y la celebración! Respecto al banquete, lo que más destacó fue la impecable presentación de las mesas desnudas, con meseros hechos por la novia, nombres de madera troquelada dispuestos en los diferentes sitios y la apuesta floral de inspiración tropical con hojas de monstera, flores grandes como proteas o fressias, hojas de palmera, jengibre, etc. Único fue también el momento del corte de la tarta –con un cake topper tan original como la máscara de unicornio del novio– y el hecho de que la pareja decidiera servir los postres de Cal Blay Catering.

Y, llegando al final del 8 de septiembre de 2018, merecen especial mención: el primer baile de casados al son de un tema significativo para ellos (Perfect, de Ed Sheeran) y acompañado con destellos de bengalas, y la fiesta, que contó con barra libre, photocoll, pinturas fluorescentes que brillaban bajo luces de neón y diversión total.

M y L style

Lorena apostó por la confección a medida de Carmen Virginia y vistió un traje sencillo, con la espalda descubierta, tul y encaje. Calzó unos zapatos planos de esparto y lució espectacular con un peinado trenzado y ladeado, coronado con un vistoso tocado, y un maquillaje que combinaba el color de los labios con el esmalte de las uñas. Además, se decantó por un ramo de novia nada tradicional que agrupaba una hoja de monstera, flores anaranjadas y una mini piña rosa –igual a las que regaló a sus mejores amigas–.

Por su parte, Miguel se enfundó unos pantalones chinos de color camel, una camisa blanca de Hugo Boss y, como complementos, unos tirantes de cuero marrones, reloj de madera, zapatillas beige, gafas de sol careyboutonnière a juego con la apuesta floral y dos pajaritas de El mono con pajarita: una azul con motivos tropicales para la parte más formal del día y una de Super Mario Bros para la fiesta.

Felicidad inmortalizada

Los profesionales del estudio fotográfico de La Masia Moments se involucraron al 100% en el día B de esta pareja y los dejaron más que satisfechos con el resultado de su reportaje matrimonial. Su especialización en diseño y fotografía es más que evidente en cada imagen. Además, se aprecia la sensibilidad por el mundo bridal. Pues, como ellos mismos dicen: "les encanta captar momentos repletos de magia, pasión y amor". ¡Descubridlo!