Mari y Manu iniciaron sus estudios de ADE en la misma universidad e iban a la misma clase. Los dos cogían el mismo autobús para ir de camino a Elche y Mari se fijó en él... Así que decidió acercarse y entablar conversación. De esta forma, surgió una bonita amistad que, tras dos años, ¡pasó a ser algo más!: se dieron cuenta que más que amigos, querían ser novios, por todo lo que sentían el uno por el otro. 

Una pedida de mano digna de película

Mari llevaba tiempo sugiriéndole a Manu pasar por el altar pero él no quería casarse. Pasó el tiempo y ella se hizo a la idea de que no iban a celebrar una boda, pero no contaba con que Manu tenía preparada la sorpresa más romántica para cuando la mujer de sus sueños ya hubiese desistido... Se fueron de viaje a París y, mientras tomaban unas fotos graciosas para unos amigos en la Torre Eiffel, Manu hincó la rodilla con un anillo de compromiso en mano. ¡Mari no daba crédito! Le preguntó varias veces si era una proposición de verdad porque no podía creerlo y, en efecto, ¡lo era!

Boda minimalista con flores vibrantes

Para su gran día, desafiando a las tendencias nupciales –donde triunfan las decoraciones rústicas, así como los colores pastel–, la pareja tenía claro que quería un concepto mucho más sencillo donde irradiaran los girasoles amarillos. Por ello, se decantaron por Hort de Nal, un emplazamiento emblemático por sus jardines y arquitectura en pleno corazón de Elche (Alicante), y contaron con los servicios del equipo de Pilsen Restauración, quienes les ayudaron tanto con la decoración como con la organización y el catering del banquete.

Así, se casaron en una ceremonia civil al aire libre, oficiada y amenizada por una maestra de ceremonias del Grupo Bambú. Eventos con alma –que también se encargó del entretenimiento infantil tras el definitivo "sí"–, y emotiva por las lecturas de hermanos y amigos, por el intercambio de alianzas de Amano, por el primer beso como esposos y por la lluvia de pétalos rojos final.

Para celebrarlo, la pareja organizó un cóctel a orillas de la piscina de la finca –donde unas letras XL de madera con luces con las iniciales de los protagonistas del día servían como photoccall–, un banquete en un salón interior –en el que se recibió a los invitados con pulseras temáticas en sus respectivos sitios– ¡y la fiesta! Esta empezó con el primer baile de la pareja como marido y mujer: una coreografía de salsa que la pareja preparó durante meses en una escuela de danza. ¿Su elección? Flor pálida, de Marc Anthony. 

Impecables para su cita nupcial

Manu lució impoluto vestido con un traje Massimo Dutti de estampado Príncipe de Gales, camisa blanca y corbata en azul. Además, añadió un prendido floral en la solapa de la americana, calzó unos zapatos derby semi brogue marrones y presumió de corte de pelo pompadour.

Mari, por su parte, se enfundó un clásico vestido de novia de corte A, con trabajos de encaje y escote en V, de Pronovias. Calzó unas sandalias en rojo sangre, con tacón y lazada de raso en la parte trasera, hechas a medida, y apostó por un buqué llamativo a todo color, creado por Colors & Emotions. En su apuesta beauty escogió llevar el cabello marcado con ondas al agua y recogido en un lateral con una peineta de flores naturales, y lucir radiante con un maquillaje de aire pin up, con eyeliner en los ojos y labios rojo pasión.

Tomas irrepetibles

El equipo profesional de Clarooscuro se encargó del reportaje nupcial y consiguió un trabajo totalmente personalizado, con el que los novios se sienten identificados y súper orgullosos. ¡Echadle un vistazo! Os gustará.