Desde niños, Julen y María formaron parte de un mismo grupo, se convirtieron en inseparables y mejores amigos, y un buen día un beso lo cambió todo... ¡para siempre! Marcó un antes y un después e inició una relación de diez años de amor. Siendo así, su historia no podía terminar de otra manera que con un mágico enlace.

Cuba, especial de por vida

A pesar de que ambos tenían claro que querían sellar su amor pasando por el altar, por circunstancias fue pasando el tiempo y con él los años, hasta que en un viaje a Cuba, Julen le pidió matrimonio a la mujer de su vida. Mientras tomaban un daiquiri y picoteaban plátano frito en Floridita –un local típico de La Habana donde tocan música cubana en directo–, Julen se llevó la mano al bolsillo e hincó la rodilla en el suelo para proponerle a María que se casara con él. Y ella, que no daba crédito a lo que estaba ocurriendo y no se creía estar viviendo un momento tan especial, ¡"sí, quiso"!

Fue entonces cuando María y Julen empezaron a soñar con un día B acorde con las tendencias nupciales actuales, en el que se sintieran ellos mismos, los invitados fueran partícipes y el hilo conductor fuera ese viaje que los llevó hasta el matrimonio. Por ello, en su "sí, quiero" se incluyeron toques decorativos inspirados en Cuba y su cultura tropical, y los colores predominantes fueron el burdeos, el naranja y el rosa. Así, desde las invitaciones de boda hasta los paipáis de rafia que familiares y amigos encontraron en las sillas de la ceremonia, pasando por todos los arreglos florales –obra de Goya Floristas–, tenían esa misma gama cromática. ¡Alegría vibrante!

Una boda con estilo propio

Escogieron La Huerta Vieja para poder llevar a cabo la ceremonia civil al aire libre que querían. Situada en Laguardia (Álava), con vistas a la Sierra de Cantabria y rodeada de viñedos, prometía acoger a la perfección el enlace que María –diseñadora de interiores así como wedding planner del equipo de organización de bodas de La Mar de Momentos– preparó a gusto de los dos, con la inestimable ayuda de su compañera de batallas, quien también se encargó de que todo saliera según lo previsto cuando llegó el gran día. 

La ceremonia corrió a cargo de los más allegados y elegidos por la pareja, contó con un sentido intercambio de votos personalizados, fue amenizada con música en vivo y terminó con una suelta de globos con los mejores deseos de todos los presentes y una lluvia de confeti para felicitar a los recién casados. De esta manera, además de brillar por su encanto indiscutible –con un altar formado por un arco floral con un trabajo de macramé y piezas de madera, un banco de ratán y cestos de mimbre en el pasillo– fue emocionante y especial para todos. 

¡Pero la fiesta no hizo más que empezar! Durante el aperitivo, los seres queridos de María y Julen descubrieron un rincón de firmas muy personal donde en postales hechas con fotos del viaje a Cuba pudieron dedicar unas bonitas palabras a la joven pareja antes de depositar sus mensajes en un buzón americano; disfrutaron de las cervezas que encontraron en cubos colgados de una estructura de madera; buscaron su ubicación en el convite en un seating plan único compuesto por libros viejos y una tarjeta por persona, y se enamoraron de las piñas pintadas a todo color que decoraban las mesas. Además, junto a los novios, ¡estrenaron la pista de baile a priori!

Y, después de un banquete lleno de sorpresas y decorado con mucho gusto de la mano de un fondo verde y blanco de monsteras deliciosas, centros florales y meseros de varillas metálicas en cobre, llegó el corte de una estupenda tarta de tres pisos de estilo mármol con acabado geométrico, flores y los nombres de los protagonistas como cake topper. A continuación, los novios bailaron e invitaron al público femenino a quitarse los tacones y calzarse unas alpargatas para que nada las pudiera frenar. Y entre cócteles, copas y macarons, lo pasaron en grande al son de los temas de Pablo Rey DJ & Producer, así como haciéndose fotos en el photobooth de Yoshi Emotion.

¡Espectaculares!

Para la ocasión, María confió plenamente en Alicia Rueda Atelier, quien confeccionó un traje de novia sencillo que despuntaba con una espalda escotada de guipur. Lo combinó con unas sandalias de terciopelo rosa palo, pendientes de Aristocrazy y su look beauty: un recogido bajo con diadema trenzada y un tocado joya de M de Paulet, y un maquillaje suave pero definido con ojos ahumados y labios en rojo rosáceo que perfiló Carla Salgado. Por su parte, Julen se enfundó un conjunto de americana y chaleco de estampado granate con un pantalón negro y camisa blanca con botonadura negra. Y, como complementos, una elegante pajarita, gemelos y zapatos acordonados.

El recuerdo plasmado en instantáneas

Patricia, responsable del equipo de fotografía Llamazaresfoto –juntamente con el grupo de Día de Fiesta, que se encargó de la parte audiovisual–, tuvo el honor de inmortalizar cada momento y cada detalle consiguiendo un resultado impecable. Tal como dice María: "la responsable de Llamazaresfoto es una profesional como la copa de un pino y así lo demuestra su trabajo". Y esta última comenta que, "María y Julen desprenden amor del bueno (...) por cómo se miran y se tocan, amor del que se palpa en las fotos". No hay más que ver las imágenes para darse cuenta de que ambas están en lo cierto. ¡Disfrutad e inspiraros con esta boda!