Adrià y Edith trabajaban en la misma empresa pero nunca se habían cruzado... Hasta que un buen día, durante el verano de 2012, el destino tuvo uno de sus caprichos: Edith fue a patinar con una compañera de trabajo por el Paseo Marítimo de la Barceloneta (Barcelona) y coincidió con Adrià, que había salido a correr. ¡Fortuito encuentro! Así, empezaron a tener contacto hasta que decidieron ir a tomar algo juntos y, sin saberlo, iniciaron un bonita relación sentimental que terminaría con su maravilloso "sí, quiero".

Íntimo compromiso

Para Edith casarse era simplemente una opción. En cambio, para Adrià era un sueño. Por eso, se encargó de preparar una pedida de mano para que la mujer de sus sueños sucumbiera... Sabedor de que la idea de ser el centro de atención no iba mucho con Edith, planeó una cita íntima e inesperada cargada de significado. Decidió hacerlo un 12 de julio –el mismo mes que se conocieron– al salir del trabajo: le propuso ir a tomar un café a una chocolatería y al volver a casa le regaló un álbum de recuerdos que sabía que le gustaba mucho. Ella pensó que allí quedaba todo, pero al abrirlo descubrió que estaba lleno de fotos de momentos compartidos y, en la página 12 –número importante para ellos por ser el día en que ambos cumplen años–, encontró un anillo de compromiso y una pregunta. ¡Saltó de la sorpresa! Y, por supuesto, cuando Adrià cogió la argolla y le preguntó si quería pasar el resto de su vida con el él, respondió que "sí". Para terminar ese día tan especial, cenaron en un restaurante de comida veneciana. ¡Un día inolvidable para los dos!

Un enlace con mucha magia...

Tras algo más de cinco años de noviazgo, sellaron su historia uniéndose en matrimonio y celebrando una reunión junto a sus familiares y amigos más cercanos en Mas Llombart, una encantadora casa tradicional catalana –con una construcción que se remonta al siglo XIV y en la que conviven armoniosamente contemporáneas y sobrias remodelaciones–, ubicada en Sant Fost de Campsentelles (Barcelona). El lugar les encantó por sus instalaciones, por el buen trato de todo el personal y, cómo no, por el excelente servicio gastronómico que ofrece.

La ceremonia se celebró en uno de los jardines de la finca, acogió a los invitados con limonadas recién exprimidas y se decoró de forma tan sencilla como campestre, con el afán de reflejar la estación que transcurría y matizar sus colores. Un rincón de bienvenida, unas letras XL con la palabra "LOVE", sillas blancas para los asistentes y un arco circular cubierto con una delicada tela blanca –enmarcando un altar rústico–, fueron más que suficientes. La diferencia la marcó el rito simbólico de la arena, la caja pentagonal que acogió las alianzas sobre musgo natural y la lluvia de confeti sobre los novios... ¡ya convertidos en marido y mujer!

De esta forma empezó la celebración. Contó con un aperitivo –donde brillaron las iniciales de Edith y Adrià con letras de luz– y un exquisito banquete en el interior de un salón acristalado con vistas al exterior. Este segundo espacio enamoró a los invitados con el que sus artífices denominaron "El rincón del recuerdo" (un espacio con fotografías de todos los seres queridos ausentes). Asimismo, fue emotivo por la entrega de unos colgantes de golondrinas a las hermanas de la novia, divertido con pruebas y juegos, y muy dulce con una romántica tarta nupcial de cinco pisos. Y la fiesta no se quedó atrás: todos los presentes prepararon un pasillo de destellos con bengalas, el primer baile fue único y al son de Love me tender, de Elvis Presley –un tema interpretado por la mujer del padre de la novia y acompañado por su banda de soul–, y no faltaron las copas, el atrezo variado ni la mesa de dulces para los que quisieran animarse con una recena. Claramente, se pensó en todo.

De novios pero ¡muy ellos!

Los dos tenían claro que no querían sentirse disfrazados con sus looks nupciales, pero sí únicos plasmando sus personalidades. De esta forma, Adrià se decantó por un traje azul con las solapas en negro, de la casa Señor, lo combinó con una camisa blanca y apostó fuerte por los complementos para hacer muy suyo el atuendo. Así, eligió una original pajarita de plumas naturales, pendientes negros, gemelos en rojo cromado con la forma de las piezas Lego, calcetines de estampado tropical, unos tirantes con las iniciales y la fecha del gran día grabadas en la parte trasera y, como joya estrella, el reloj de oro de su abuelo. Además, incorporó un prendido a juego con toda la apuesta floral y calzó unos zapatos de cuero negro.

Por su parte, Edith buscaba enfundarse un traje sencillo a la par que especial y lo encontró entre los vestidos de fiesta de Intropia: un modelo de corte recto, con cuello caja y mangas acampanadas tres cuartos, confeccionado con un precioso tejido en blanco roto. Le añadió un lazo de terciopelo rosado, que ajustó a la cintura, y lo combinó con un abrigo de lana tejido por su madre y con un vistoso bouquet con una gran planta suculenta, eucalipto, astilbe granate y otras flores discretas, obra de la Floristería Navarro. Como complemento estrella: unos botines velvet rosas con incrustaciones de perlas y pedrería, de Zara. Asimismo, lució su anillo de compromiso y no quiso renunciar a la tradición de añadir al conjunto algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul. Por ello, además de estrenar el vestido y otros accesorios, añadió un viejo broche con forma de pájaro (de su abuela paterna) a una peineta de flores secas, de Lito & Lola – Coronas y tocados, optó por ponerse unos pendientes que le prestó su abuela materna e incorporó un lacito azul en su ropa interior. Y, por si fuera poco, estuvo radiante gracias al trabajo de maquillaje y peluquería de Alba Manubens, quien la peinó con unas boxer braids entrelazadas y recogidas en la parte baja.

Fotos de ensueño para siempre

El trabajo de fotografía nupcial, que contó también con preboda y postboda, corrió a cargo de los profesionales que hay detrás de Jial & Co. Photography, Eli y Borja, quienes hicieron sentir a estos novios súper cómodos y más que satisfechos con su álbum nupcial. "Son un encanto (...) y encima hacen unas fotos de ensueño", nos cuenta Edith. Y es que, además de apostar por un equipo profesional que tenga el estilo predilecto, la complicidad es un must; se aprecia en cada toma. Según estos fotógrafos, conocer a Edith y Adrià y formar parte de su historia fue todo un placer: "son de ese tipo de clientes que puedes pasar a llamar amigos". No os perdáis la selección de fantásticas fotos de la boda y de la sesión postboda –exprimiendo las horas de luz, en Cadaqués (Girona)–, y descubrid el trabajo de estos genios de la cámara. ¡Impecable!