Estos madrileños se conocieron en un campamento de verano que organizaron sus respectivos colegios en Silos (Burgos), en el año 2002: una conocida de Rocío y amiga de Pedro, los presentó. Sin embargo, Rocío ya se había fijado en Pedro desde el primer momento... De esta manera, se hicieron buenos amigos y, tres años después, cuando los dos tenían diecisiete años, surgió un amor de los que son para siempre.

Emociones por doquier: propuesta y pedida

A los cinco o seis años de relación, hablando de una posible boda –muy lejana en aquel momento–, Pedro le sugirió a Rocío que se casaran un 30 de septiembre, el mismo día que empezaron a salir. Por eso, acordaron que se convertirían en marido y mujer en 2017, el siguiente año en el que la fecha elegida caía en sábado. Siendo así, durante el verano de 2016, después de años de considerar la boda una clara hipótesis, Pedro se puso manos a la obra con los preparativos y, una tarde que estaba con Rocío en la playa de Nerja (Málaga), le propuso organizar el gran día juntos y ¡de verdad! 

Pero no había tenido lugar ninguna pedida de mano oficial y se acercaba el gran día... Rocío "amenazaba" a Pedro con no presentarse a la cita nupcial si no se encargaba de la proposición, pero Pedro lo tenía todo planeado desde hacía tiempo. Así, dos meses antes de la celebración le pidió a la mujer de sus sueños que hiciera una maleta para tres días y se la llevó al aeropuerto sin que ella supiera cuál era el destino elegido: Roma. ¡Hizo realidad dos de los sueños de su amada: prepararle un viaje sorpresa y acompañarla a conocer la capital italiana! Para ella ya era todo increíble, pero lo fue todavía más cuando, una noche, frente a la Fontana di Trevi, tomándose un selfie, Pedro descubrió un anillo de compromiso y le comentó que la foto quedaría más bonita si se lo ponía, añadiendo las tres palabras mágicas: "¿Quieres casarte conmigo?".

La fiesta que soñaban

La Finca Los Olivos, situada en El Vellon (Madrid), acogió el "sí, quiero" de esta pareja. Nada más visitarla, Rocío y Pedro tuvieron la certeza de que era el escenario perfecto: con sus espacios interiores y exteriores, sus muchos detalles únicos, la amplia posibilidad de servicios y el trato del personal, les convenció al 100%. Tanto fue así que decidieron adelantar la boda al 29 de septiembre, por no estar disponible el 30, y cancelaron todas las visitas a otros enclaves que tenían programadas.

La boda contó con una ceremonia civil al aire libre, que fue oficiada por la mejor amiga de ambos. También incluyó la ceremonia de la arena e hizo saltar las lágrimas de emoción de los presentes con las lecturas de los votos personalizados de los novios, los sinceros discursos de las hermanas, los primos y los sobrinos de los dos, y el intercambio de las alianzas –réplicas de las sortijas de boda de los abuelos maternos de Rocío–. ¡Terminó con lluvia de semillas de lavanda!

Asimismo, contó con un aperitivo donde los invitados pudieron dejar sus cariñosos mensajes en un puzle de madera, hecho a mano por Pedro, y descubrir su ubicación en las mesas del banquete mediante un seating plan temático inspirado en la aviación –pasión de Pedro– y en los viajes –pasión común de ambos protagonistas–. Por su parte, el convite sorprendió a todos los asistentes con sus detalles: unos llaveros DIY, agendas amarillas con sello propio y puntos de libro solidarios, de la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia. Y fue muy emocionante gracias a ¡muchas sorpresas! Destacaron especialmente las que se dedicaron entre ellos. Así, como él soñaba con verla cantar en público, ella le cantó Tan solo tú, de Manuel Carrasco, mientras que él le dedicó un discurso contando su historia de amor y lo acompañó con la colaboración de amigos y familiares, que descubrieron carteles con frases de canciones. ¿Cómo no llorar de felicidad? Por último tuvo lugar la fiesta, que se inició con el baile de la pareja mientras sonaba Porque, de Manuel Carrasco –cantante del que la novia es fanática–, y continuó con música amenizando todos los rincones de la finca, copas, fotomatón de Fotofun, donut bar...

Novios estilosos

Para la ocasión, Pedro se enfundó un traje de novio azul, firmado por Felix Ramiro, y lo combinó con una camisa blanca y pajarita Soloio de color granate con mini topos. Sus accesorios fueron unos gemelos de aviones de papel, de Gemelolandia, un reloj Viceroy y calzado de cuero marrón. Elegante y con personalidad, sin duda.

Por su parte, Roció lució un traje de novia de mangas tres cuatros, con una increíble espalda con flores bordadas, botonadura central y transparencias, de la casa nupcial Jesús Peiró. Y como complementos, eligió un ramo de flores silvestres, un tocado lateral hecho a medida, joyería discreta y unos zapatos de tacón en amarillo, su color favorito, como los que siempre había imaginado que acompañarían sus pasos el día B. Sencillamente radiante.

Un álbum muy especial

La empresa de fotografía Rita the Singer se encargó del reportaje fotográfico. Huyendo de los posados, consiguió capturar e inmortalizar todos los momentos de forma natural y divertida. No os los perdáis... ¡Seguro que os encantan!