Falta de organización
El dia de nuestra boda que tenia que ser una jornada que debía ser inolvidable y dedicada exclusivamente a disfrutar, estuvo marcada por una constante preocupación debido a la falta de organización y profesionalidad por parte de del equipo.
Contratamos el evento con un año de antelación. Desde el inicio comenzaron los problemas: nos enteramos por casualidad de que la persona con la que habíamos estado organizando todo ya no trabajaba allí, y que a partir de ese momento sería otra organizadora quien se encargaría. Desde el primer contacto notamos que no estaba al tanto de nada. Pactamos una reunión presencial, donde La Organizadora debía asistir por videollamada. No solo no se conectó a tiempo, sino que apareció más de 45 minutos tarde y en un estado poco profesional, obligando a otra persona del equipo a hacerse cargo, quien ya nos dijo que “no eran formas”.
En dicha reunión dejamos absolutamente todo detallado y por escrito. Más adelante tuvimos otra reunión con La Organizadora por videollamada para repasar cada punto, en teoría dejándolo todo claro.
El día de la prueba de menú, La Organizadora no estaba presente al llegar y se nos indicaron que comenzáramos sin ella. Más tarde apareció y se disculpó junto al Jefe, anunciando que se retiraba, al terminar la prueba del menú hablamos con ella en privado. Ese día definimos todos los platos del cóctel, cena y recena. Nos prometió enviarnos todas las opciones de manteles, sillas y flores, pero nunca recibimos nada a pesar de solicitarlo varias veces. También tuvimos que insistir mucho para conseguir el contacto del DJ. Aun así, pagamos todos los importes requeridos sin objeciones.
Una semana antes de la boda abonamos el resto. Enviamos un resumen detallado de todo lo acordado, incluyendo música, comida y la entrega de los elementos de decoración el mismo día por la mañana, como habíamos pactado. La Organizadora nos dijo que no habría problema y que ella estaría presente.
Cinco días antes, al recordarle nuestra visita para entregar las cosas, nos dice que debíamos llevarlas el día anterior, lo cual era imposible por motivos laborales. Finalmente accedió a que se entregaran la mañana del evento, asegurando que ella estaría para colocarlas siguiendo las instrucciones de mi marido.
El día anterior a la boda, el DJ nos informó por sorpresa de que ya no estaba contratado para nuestro evento. Al contactar con La Organizadora, nos dijo que era un problema de “hace 30 minutos”, algo completamente falso, ya que esto se había gestionado semanas atrás sin avisarnos. A pocas horas de la boda, nos vimos envueltos en una situación de estrés completamente evitable. Nos aseguraron que el nuevo DJ estaba al tanto de todo, lo cual tampoco fue cierto ya que no puso la música que habíamos dicho y tuvo bastantes equivocaciones.
El día de la boda, mi marido y mi suegro fueron a entregar las cosas a la hora acordada. La Organizadora no estaba. Quien las recibió las manipuló con descuido, pese a estar marcadas como “frágil”. Más tarde regresaron para entregar el cartel de las mesas y recién entonces apareció La Organizadora.
Cuando los invitados comenzaron a llegar, nada del cóctel estaba montado. Tuvieron que prepararlo a última hora y a la carrera. Las dos mesas bajas que pedimos para nuestras abuelas (una de ellas en silla de ruedas) no estaban y las tuvieron que reclamar y aun así solo pusieron una. Las estufas prometidas por el frío se colocaron casi al final del cóctel, tras varias reclamaciones. Lo que se sirvió en el cóctel no correspondía con lo acordado. La música no se oía porque los altavoces estaban dentro, no en la zona del cóctel.
Durante la comida, los fallos continuaron. Algunas personas no recibieron el primer plato hasta que el resto ya había terminado. El sorbete de limón contratado se sirvió de manera aleatoria: a algunos les pusieron de mojito, a otros de mango y a otros directamente nada. Nos dijeron que era porque “se había estropeado la máquina”, excusa que no aceptamos.
Al ir al despacho a buscar a La Organizada (varias veces) para reclamar, la encontramos haciendo un cartel a mano para los baños. Baños que, dicho sea de paso, se nos había prometido que serían exclusivos para nuestros invitados, pero fueron utilizados por personas ajenas al evento, incluyendo una graduación que se celebraba en paralelo. Se llevaron artículos de higiene y decoración que habíamos preparado para nuestros invitados. Y por encima luego había uno que decía que era de seguridad no dejó entrar a nuestros padres al baño.
El DJ cometió errores inadmisibles como poner el “Cumpleaños feliz” a las 23:10 en lugar de a las 00:00 ya que era una sorpresa. El postre, que habíamos pedido expresamente como helado de menta con chocolate (un detalle muy especial para nosotros), solo se sirvió a 10 personas. La Organizadora lo sabía y lo habíamos recalcado varias veces.
Tuvimos que estar supervisando a los camareros, ordenando cosas que no eran nuestra responsabilidad: guardar nuestros muñecos personalizados de la tarta, la espada, mi ramo…
En la recena no se sirvió lo que se había contratado. Estuvimos pendientes nosotros de que se sirviera. También tuvimos que avisar al DJ de que avisara de que el autobús estaba listo, porque de La Organizadora no sabíamos absolutamente nada.
Al día siguiente, mi suegro fue a recoger nuestras cosas y muchas habían desaparecido. Tuvieron que insistir para que devolvieran algunas. No recibimos ninguna de las botellitas de Ruavieja personalizadas que sobraron (más de 10 unidades), las fotos del fotomatón estaban expuestas por el bar. No apareció la cesta del baño, los tatuajes sobrantes, ni la caja de los muñecos personalizados de la tarta.
En definitiva, todo lo que habíamos planificado con detalle, por escrito y verbalmente, fue ignorado. Nadie se dignó a pedir disculpas ni a asumir la responsabilidad por un evento que distó mucho de lo que se nos prometió y por lo que pagamos.
Les hemos escrito y nadie nos contestó.