La boda de Andrés y Silvia en Forcarei, Pontevedra
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A&S
13 Jul, 2024El día de nuestra boda
Nuestra boda empieza el viernes 12 de julio de 2024, con la preboda en el Monasterio de Aciveiro, en Forcarei. Hicimos una cena de picoteo con los invitados que se hospedaban con nosotros en el hotel. Entre risas, nuevas amistades y una celebración de cumpleaños, el cálido entorno se cargó de uno más fiestero y divertido; aunque pusimos fin a las 2 de la mañana para poder descansar.
Ahora bien, llegó el gran momento: el día de la boda, 13 de julio de 2024. Me despierto antes de tiempo, por la gracia o desgracia de los nervios, aunque poco importó, porque el tiempo se pasó volando entre desayuno y risas, y, cuando menos lo esperaba, llegó mi Merche, mi peluquera (Peluquería Despeinadas – Marín, Pontevedra). Cada vez los nervios eran más fuertes que yo, y no paraba de recitar en alto las palabras que tendría que decir, en apenas unas horas, en el altar, mientras de fondo se escuchaban canciones románticas de Reik. Termino de peinarme y es el momento de mi dulce Vivi, mi maquilladora de Vivirroumakeup (Nigrán), quien, por supuesto, me deja hermosísima con sus maravillosas habilidades. El maquillaje resistió perfectamente sin retocar durante todo el evento. Mi habitación se iba llenando: los fotógrafos y videógrafos, mis damas de honor, mi madre, algunos amigos y amigas mías, una pajecita y mi perrhija, por supuesto. Recuerdo mi preparación con mucho mimo, felicidad y cariño.
Seguir leyendo »Llega la hora de vestirme y, sorpresa, sorpresa: a pesar de haber colgado el vestido tal y como nos dijeron, una de las asas estaba un poco suelta. Pero nada que, con un poco de maña de mi wedding planner, Melissa (Melissa González y Xorimaeventos), y de mi madre, no se pudiera arreglar. Estaba tan nerviosa que temblaba mientras me ponían el vestido y post vestida. Por último, llega mi padre a la habitación, le doy la corbata personalizada con una foto nuestra de cuando era bebé, y ya estábamos todos listos. Comenzamos a bajar las escaleras una a una cual princesa en su película, mientras por dentro le rezaba a Dios que, por favor, con lo torpe que soy, no me dejara tropezarme y caer escaleras abajo. Todo salió a la perfección, como comprenderéis.
Salimos del hotel, atravesamos los jardines y, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba de camino a la entrada de la iglesia. Podía notar cada latido de mi corazón. Mirada al frente, que quería llegar y ver a quien, por entonces, era mi novio. Cuando los pajes entran dentro de la iglesia, las puertas se cierran y, cuando estábamos a un paso de estas, se abren de par en par con el estribillo de A Thousand Years (versión Kevin, Karla & La Banda) de fondo. Fue una entrada triunfal. Todo el mundo me susurraba lo guapa que estaba, yo no podía parar de sonreír y, cuando ya pude ver a mi marido, no pude apartar mi mirada de él. Estaba tan guapo...
Llegamos al altar, hacemos los saludos y empieza la misa. Después de una misa entrañable, con nuestros amigos leyéndonos y dedicándonos unas palabras, bromas todo el rato por parte del cura, el padre José, dos pajaritos que se colaron y no paraban de cantar, y la maravillosa voz de Jazzencuentro, toca el turno de las fotos familiares y de la salida de la iglesia; donde nos tiraron pétalos en forma de corazones y el arroz que había preparado días previos con los conos DIY. Saludamos a nuestros familiares y amigos y dimos paso a los preparativos. A pesar de haber estado toda la semana lloviendo, el día de nuestra boda hizo un sol espectacular. Incluso, durante los aperitivos, los camareros tuvieron que sacar las sombrillas para no quemarnos. Probé todos los aperitivos a la par que hablaba con mis invitados. Tiré el ramo y, 10 minutos antes de entrar al banquete, sacamos algunas fotillos que teníamos en mente.
La comida estaba de 10. Y entre plato y plato entregamos los ramos a nuestras abuelas, el premio del trivial que creamos en nuestra página web, la entrega de los novios, y, además, dos amigos íntimos nos dedicaron unas palabras. También dimos nosotros un mini discurso para agradecer la presencia de los invitados.
Posteriormente, en el claustro, bajo el comienzo del atardecer y una cortina de luces, abrimos el baile como marido y mujer. Una vez terminado... ¡Que empiece la barra libre y el desfase! Estuvimos dándolo todo hasta las 3 de la mañana.
Fue una boda soñada. Elegante, sofisticada, divertida y memorable. Todos hablan de nuestra boda con mucho detalle y mimo aún a día de hoy (casi un año después).
Al día siguiente hicimos un brunch con quienes se hospedaban en el hotel. Nos despedimos y nos fuimos a casa, que aún había que ultimar las maletas antes de irnos de luna de miel.
Quiero agradecer el esfuerzo de todos los proveedores, pues sin ellos, la boda de princesa que quería no podría haber sido posible. Aunque hubo algunas cosas que mejorar respecto a la organización del monasterio y el vestido (se me salieron dos aros del cancán durante todo el día). Pero, en resumen, fue una boda de ensueño.
También quiero destacar las flores: estuvieron preciosas y decoraron todo tal y como lo tenía en mente, gracias a Natural Eventos. Así como las fotos y el vídeo, que están de 10, como de revista, gracias a Fotografía Difusa. Estuvieron dándolo todo desde la mañana hasta el fin de la fiesta. Agradecer a Xan, de Bailoteo, por entendernos y hacer una fiesta de 10. A Joyería Ramón (Arcade y Redondela) por nuestras alianzas; a Centro Lara Vilas (Vigo) por ponerme las pestañas y hacerme las cejas; a Oniix Studio (Sanxenxo) por mis preciosas uñas que me duraron un mes. A Ángela Garrote, Laurismua, Soniavillafer Hair & Makeup y PetitSalon_NG por maquillar y peinar a mis invitadas, damas de honor, pajecitas y a mi madre. A Hanala Studio (Cangas do Morrazo) por la papelería de la boda y a Plan B Eventos por su espejo mágico.
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