Conmigo la cagaron
Como la gran mayoría, yo estaba súper contenta y feliz con la elección de mi vestido. Núria fue encantadora y me asesoró en todo momento con cariño y paciencia.
Llegó el día de la primera prueba, mi vestido me quedaba fenomenal a falta de unos “pequeños retoquillos” para ajustarlo a mi cuerpo. (Se decidió pedir una talla más para que yo estuviera más cómoda con la falda más suelta y después ya me ajustarían la parte de arriba, cosa que nunca ocurrió.) En el pecho noté que las copas eran diferentes al modelo de prueba, no notaba la misma “sujeción”.Pero me dijeron que no, que eran las mismas. Ahora,con la reclamación, he comprobado que no era así y yo tenía razón.
Hasta aquí todo iba perfecto. Pero el día de la segunda prueba… iba ilusionadísima con mi peinado, maquillaje… hasta que me colocaron mi vestido y me quedaba FATAL la parte de arriba. La falda subía y toda la parte de arriba era una bolsa, me quedaba muy suelto. A la vez, me hacía daño tanto en los hombros como en las axilas. Mientras yo les iba comentando lo que observaba, ellas me decían que el vestido era así y que me quedaba perfecto. Aquí me llevé la primera desilusión. Si un vestido queda mal, queda mal y la falta de sinceridad duele mucho. Comenzaron las primeras soluciones: poner una copa para rellenar el pecho (el vestido ya traía unas), hacerme unas pinzas en el pecho (el vestido es de encaje), la falda subía por la forma de mi cuerpo (¿perdona? antes quedaba perfecta y ahora la culpa es de mi cuerpo)… Me quitaron y pusieron el vestido varias veces hasta que supuestamente el vestido quedó como en la primera prueba. Ahí el vestido volvió a su sitio, la falda no tiraba para arriba, el pecho no quedaba tan suelto… pero me quedaba grande, no estaba a gusto. Sara me cambió las copas, me las subió, las volvió a colocar en su sitio… pero yo no estaba cómoda. No sentía el pecho “tan sujeto” como con el vestido de prueba.
Me ayudaron y asesoraron en la búsqueda de algo para sujetarlo: tiras, copas adhesivas… pero no terminaba de quedar bien. Finalmente en la última prueba (4º) opté por un sujetador de espalda al aire y esa fue la mejor elección. En esta prueba, comenté que el vestido de un lado, en el pecho, me hacía bolsa. Respuesta de la modista: es por tu postura (ni miró el vestido). También propuse la opción de quitar las copas, ya que me sentía con un pecho muy exagerado al llevar las dos cosas. Su respuesta: ya he movido las copas ochenta veces no voy a tocarlas. Además, es un vestido sin cuerpo y necesita las copas para darle forma.
Resultado final: Me he casado con un vestido cuyas copas estaban mal cosidas (como podéis ver las fotos) y que además no hacían falta.
Añadir, que como no estaba cómoda al 100% llamé y propuse probármelo nuevamente el día de la recogida. Me dijeron que vale, pero que ya estaba planchado y que si se arrugaba con la prueba me lo llevaría así. Como podéis imaginar, finalmente decidí llevármelo tal cual, porque aunque algo estuviera mal, Sara no me lo iban a modificar y bastante tenía con no sentirme a gusto con él como para encima llevármelo arrugado.
El día que lo recogí, le expresé a Núria mi decepción y le comenté lo mismo que está aquí escrito. Lo que no me esperaba era el resultado final. Me pareció verlas mal cosidas el día de mi boda en el baile. Pero cuando recibí alguna foto del fotógrafo confirmé mi sospecha.
Bajé a la tienda cuando estuve segura al 100% y se lo enseñé a Sara. ¿Sabéis cuál fue su primera reacción? Bueno Ana, tampoco es para tanto.
¿No es para tanto? ¡Es un vestido que no vale dos duros, qué es para uno de los días más importantes de tu vida y que no se puede repetir! Este es el recuerdo que me queda de mi boda.
Les pedí que me lo arreglaran para las fotos de la postboda y como os podéis imaginar fueron muy amables. Tras quitar la copa que estaba mal, les pedí si se podía quitar la otra y ver cómo quedaba sin ellas y, esta vez si se quitaron y pudieron comprobar que el vestido quedaba muchísimo mejor sin ellas, mucho más limpio. No tengo ninguna foto de la postboda para que vierais la diferencia. Pero no hay color.
Por favor, insistir en los cambios que necesitéis y no aguantéis lo que yo aguanté. Es un día único para disfrutar y no os hacéis una idea del sabor amargo que a mí me ha quedado. Además, haceros fotos (una vez que el vestido ya sea vuestro) así podréis valorar los cambios. Y cuidado con las cosas que se pueden hacer antes de que lo compréis. Porque luego una vez que ya es vuestro, no se puede o te dicen que sí y luego no lo hacen.
Solo espero que contando mi experiencia sirva para que no le pase a ninguna novia más.