La boda de Oriol y Pamela en Barcelona, Barcelona
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O&P
27 Oct, 2019El día de nuestra boda
Fue todo perfecto. La ceremonia empezaba a las 12h del mediodía y, sin embargo, a las 6:30h ya me habían empezado a maquillar y peinar, pues después tenían que continuar con mi madre y hermana, todo ello antes de que llegasen los fotógrafos para hacer su sesión de fotos previa a la ceremonia. Mientras esperaba a que fueran las 10h para que abriesen el Mas de Sant Llei (lugar donde realizaríamos la ceremonia y posterior banquete), intenté comer rápidamente un bocadillo sabiendo que quizás los nervios me habían cerrado el estómago. Estaba nerviosa. Tenía que acabar de montar unos preparativos en la sala de banquetes antes de la ceremonia, y el tiempo era justo.
A las 10h llegué al Mas, en tejanos y camiseta, saludé afablemente, pero con prisas, al personal que me estaba esperando y me dirigí a la sala de banquetes. El día antes había habido otra boda y por eso no habíamos podido dejarlo todo preparado con anterioridad. Allí ahora los camareros repasaban las copas y se aseguraban de que todo estuviera en su sitio. Cogí un par de cajas que estaban en una sala anexa y empecé a montar una sorpresa que teníamos preparada para los invitados. Habíamos hecho dos murales para colocar en la sala y teníamos que montarlos con trípodes y bridas. Por suerte también estaba mi padre, quien me ayudó a que todo saliera bien y a tiempo. Los camareros no entendían que hacía allí a esas horas la novia jugando al bricolaje, pero no detuvieron sus labores. Entre bridas, trípodes y murales mi móvil me avisó de que mi mejor amiga se había equivocado de ubicación para coger el autocar. Por temas logísticos hacía 3 días que la empresa de autocares nos había pedido cambiar el punto de encuentro, pero en ese momento supuse que ella no había leído el grupo de WhatsApp en el que lo comentamos. No me lo podía creer. Por suerte iban con tiempo y parecía que no habría retrasos ni consecuencias. ¡Venga, que ya queda poco! Me animé a mí misma para no pensar en qué podría salir mal... Finalmente acabamos de montar el mural y respiré, ya estaba todo hecho, el último “sprint” y a disfrutar del día.
Seguir leyendo »Cogí la bolsa en la que se peleaba mi vestido por salir y corrí al tocador. Tenía que prepararlo todo para la sesión de fotos. Con la ayuda de mi madre en cinco minutos me había puesto una bata especial para la ocasión y colocado los anillos, colgante, zapatos y vestido en sus posiciones de salida. Estaba lista para que todo empezase. Las fotos de preparación no iban mucho conmigo y las consideraba bastante trámite de postureo, pero como estaba incluido en el pack que habíamos contratado, pensaba disfrutar de ello cada segundo que pudiera. Llegaron los dos fotógrafos y el cámara. ¡Cuánta expectativa! Aprobaron con calificativos de excelencia el vestido que reposaba en una chaise longue de diseño romántico y el peinado que mi cabeza aún aguantaba tras la gincana matutina. Por suerte, también volvió a venir la peluquera-maquilladora, quien aprovechó para retocarme un poco más mientras que las cámaras disfrutaban de los encuadres más complejos y artísticos. Finalmente dejamos atrás el tocador y fuimos a una sala dentro de la masía. Ahí colgamos mejor el vestido para que luciese correctamente. Las cámaras seguían disfrutando del espectáculo. Se detuvieron. Tenían que salir para que me pusiera el vestido con la ayuda de mi hermana y mi madre. Conseguido, quedaba perfecto. Vestido, peinado y lugar encajaban como si hubiesen sido creados para ese momento. Tras unos minutos más con los fotógrafos ya estaba lista para que mi padrino me entregase el ramo. Nada más verle no pude dejar de sonreír. ¡Mi ramo! La noche anterior había pasado un mal momento cuando el florista me había enviado las imágenes del ramo y los centros de mesa... No era como me lo había imaginado y le hice unas correcciones sin saber si podría arreglarlo a tiempo. Pero las dudas que había tenido hasta entonces se disiparon, ¡era mi ramo!
Ya no estaba nerviosa, finalmente había llegado el momento de dar el pistoletazo de salida. La música empezó a sonar. Sabía que a pocos metros mi novio entraba en el patio de la ceremonia y en breve lo haría yo. Sabría por fin como era su traje, el cual no había querido enseñarme para estar en igualdad de condiciones cuando nos viésemos ese día por primera vez. Sabría qué se sentiría al entrar en la ceremonia y estar rodeada de los amigos y familiares que más quiero en el mundo para decirle te quiero a la persona a la que amo.
Y así fue, a las 12h todo empezó. El Sol brillaba en lo alto del cielo y la temperatura era perfecta, a pesar de estar ya a finales de octubre. Ya no había nervios. La sensación era de dejarse llevar por un camino que, aunque nuevo, había visualizado durante meses muchas veces y por el que cada segundo parecía una mezcla de sueño y realidad. Fue un día muy especial, realmente único, al que animo a todas las parejas a ser capaces de disfrutar.
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