La boda de James y Carlos en Miraflores De La Sierra, Madrid
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J&C
15 Sep, 2024El día de nuestra boda
Nuestra boda: una celebración del amor sin fronteras
El 15 de septiembre de 2024 vivimos uno de los días más significativos de nuestras vidas: nuestra boda. James y yo, Carlos, celebramos nuestro amor rodeados de familia y amigos venidos de distintos rincones del mundo —España, Inglaterra, Escocia, Isla de Man, Estados Unidos y Canadá— en un entorno que fue tan mágico como emotivo: Hacienda Jacaranda, en Madrid.
Después de tres años compartiendo vida juntos en Londres, y tras un año entero de preparativos, sabíamos que lo más importante para nosotros era elegir con mucho mimo los pilares de ese día. Primero, el lugar: queríamos una finca que fuera tan especial como nuestra historia, y Hacienda Jacaranda superó todas nuestras expectativas. Después, el reportaje visual. Queríamos que las emociones quedasen inmortalizadas en imágenes cuidadas, y Onsurbe Fotografía hizo un trabajo espectacular. Y por supuesto, la ceremonia: queríamos que fuese sincera, emotiva y profundamente personal, con nuestros propios votos y la participación de nuestro amigo cantante. Todo esto fue posible gracias a la sensibilidad y profesionalidad de Ana Sánchez, nuestra oficiante.
Seguir leyendo »La mañana comenzó en casa de mis padres, donde quisimos acoger a los familiares ingleses con un pequeño catering mientras nos preparábamos. Entre maquillaje, emociones y primeras lágrimas, el ambiente ya se sentía especial. Aunque para James fue un día agridulce, por la ausencia de sus padres y su abuela (desde hacía muchos años) y un tío muy querido que había fallecido recientemente, al igual que el de otros de mis seres queridos que tampoco estaban ya con nosotros, y supimos que su amor estaba presente y eso nos dio fuerzas para vivir el día plenamente.
Con la llegada del fotógrafo y el videógrafo, comenzaron a capturarse los primeros momentos íntimos, las miradas cómplices y los detalles que hacen que un día se vuelva eterno. Los autobuses trasladaron cómodamente a nuestros invitados a la finca, mientras nuestras familias y nosotros nos dirigíamos en coche. Al llegar, todo era armonía. La finca lucía increíble, y los nervios comenzaron a aflorar. Recibimos a los invitados con una mezcla de emoción y gratitud, y un refrescante puesto de limonada nos ayudó a calmar la sequedad de boca provocada por los nervios... Un detalle simple, pero que recordamos con cariño.
La ceremonia fue como un sueño. Comenzó con un desfile de niños lanzando pétalos al ritmo de una emotiva versión de "Bitter Sweet Symphony" interpretada al violín. Entré del brazo de mi madre mientras sonaba "Can You Feel the Love Tonight", cantada en directo por nuestro amigo, al tiempo que James entraba acompañado de su hermano. El silencio del público no era frío, sino cálido; lleno de respeto, ternura y alegría compartida.
Ana nos relató con dulzura cómo nos conocimos en Londres, y gracias a una amiga que hizo de intérprete, todos pudieron seguir cada palabra. Mi hermana leyó un texto muy especial, y también la cuñada de James. Hubo lágrimas, sonrisas y muchos corazones conmovidos. Luego llegaron los votos… y qué decir de ellos. Ambos dijimos lo que sentíamos desde lo más profundo del alma. Fue un momento que difícilmente olvidaremos, un instante de total vulnerabilidad y compromiso que tocó a todos los presentes.
Seguimos con una ceremonia simbólica: la unión de arenas. Una mezcla de la tierra de nuestros orígenes —una playa de la Isla de Man y un camino de mi infancia— que representó nuestras raíces uniéndose en un nuevo destino compartido.
El intercambio de anillos, el “sí, quiero” y el primer beso como esposos marcaron el inicio de una nueva etapa. Caminamos entre pétalos y música con una sonrisa que no se borraría en toda la noche. "The Dog Days Are Over" sonaba en vivo mientras nos abrazaban nuestros seres queridos. Era oficial: comenzaba la fiesta.
Durante el cóctel, aprovechamos para hacer algunas fotos y videos con el fotógrafo y videógrafo, mientras nuestros invitados disfrutaban y comentaban la ceremonia. Luego regresamos para compartir con ellos y, tras una hora, pasamos al salón. La entrada fue inolvidable: descendimos bailando por la escalinata iluminada al ritmo de nuestra canción de entrada. El ambiente era vibrante, todos nos recibían con palmas, sonrisas y muchísima energía positiva.
El salón estaba decorado con un gusto exquisito: flores naturales, detalles rústicos, una atmósfera cálida y elegante. El banquete fue delicioso, cada plato seleccionado con mimo, y el servicio fue impecable. Durante el postre, quisimos hacer algo especial y entregamos regalos personalizados a quienes nos ayudaron especialmente en la organización del gran día.
Después, James tomó el micrófono y ofreció un discurso que emocionó a todos. También hablaron sus dos mejores amigos, como manda la tradición británica, y nos hicieron reír y llorar a partes iguales.
Finalmente, llegó el momento del primer baile: "Champagne Kisses" de Jessie Ware fue la banda sonora de una coreografía que, aunque improvisada, rebosó de amor, alegría y complicidad. A partir de ahí, la pista se llenó y la noche dio paso a la diversión total con música, barra libre y la energía imparable de nuestros invitados.
Nuestra boda fue mucho más que una celebración. Fue un homenaje al amor libre, a la diversidad, a las raíces y al futuro compartido. Un día lleno de detalles, de personas que nos quieren y de emociones que quedarán grabadas en nuestro corazón para siempre.
Gracias a todos los que lo hicieron posible. Gracias por celebrar el amor con nosotros. Gracias por formar parte de este capítulo que apenas comienza.
Con amor, Carlos & James
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