La boda de Cristina y Iván en Guadarrama, Madrid
Al aire libre Verano Morado 2 profesionales
C&I
03 Ago, 2013El día de nuestra boda
Qué decir del día de nuestra boda. Fue un día maravilloso, mágico, perfecto, inolvidable... Sin duda alguna el día más feliz de nuestra vida. Todo salió genial, a pedir de boca. Pese a los nervios, tantos y tantos días de preparativos, logramos disfrutar a lo grande de cada segundo de nuestro día, nuestro gran día.
No hay palabras para describir tanta felicidad. Todo fue un sueño. Para nosotros todo fue un acierto. El lugar, la Finca Miravalle, un sitio idílico, cuidadísimo, lleno de vegetación, todo su equipo pendiente de absolutamente todo para que no faltase un solo detalle. Qué bellos jardines que nos arroparon en un día tan importante en nuestras vidas.
Estamos muy agradecidos con nuestra familia y amigos que nos han apoyado y acompañado siempre ofreciéndonos su compañía y cariño en tan señalado día. A los familiares, que realizaron unas bellas intervenciones dónde nos hicieron sentir los más grandes.
El día de nuestra boda fue un caluroso 3 de agosto del año 2013. Nosotros vivimos en Moralzarzal, un precioso pueblo de la sierra madrileña. El día amaneció bello con un sol radiante y un cielo azul intenso que auguraban sin duda que aquel era un gran día.
Seguir leyendo »Entre nervios y sonrisas nos despertamos mi esposa y yo. Con ganas de que transcurriesen las horas pero con nervios inevitables que hacían un nudo en el estómago. Ella se marchó a Collado Villalba, el pueblo de al lado, donde ha residido siempre.
Allí tenía cita con la peluquera, maquilladora y un sin fin de etcéteras que necesitan las bellas novias antes de su esperado día. Nos despedimos con beso dulce y un “nos vemos pronto, suerte y tranquilos”.
Mi reloj parecía que iba lento, más lento que nunca, parecía que las manecillas llevaban un peso extra aquel día. Pese a eso no paré ni un segundo, pues tenía mucho que hacer aún. Había detalles de última hora, como comprar el bolígrafo para unir tu vida con la persona que más amas, ir a recoger los pétalos frescos a una magnífica floristería que los tenía preparados en bonitas cestas.
Entre risas y prisas, mi familia me fue ayudando a llevar a la finca los pequeños detalles que nos faltaban. El día continuó. Picamos algo con mi familia, ya que los nervios no nos permitieron dar bocado.
Pronto empezamos a arreglarnos ya que Simón, nuestro gran fotografío llegaba en seguida. Eran las 6 y sonaba el timbre. Era el fotógrafo que pronto inmortalizaría grandes y bellas imágenes, dignas del recuerdo. Terminamos el reportaje y pronto empezó a sonar de nuevo el timbre. Eran familia y amigos que venían a saludar y a acompañarnos en la salida de la casa de mis padres.
Abrazos, saludos, risas...y ¡al coche! Todo el mundo listo para ir a la finca. Nos dispusimos a salir y en seguida llegamos a Miravalle. Los más rápidos ya estaban allí esperándonos con su gran sonrisa. Ese día aun aguardaba una sorpresa. Hubo un gran incendio en la montaña a unos cuantos kilómetros de allí. El cielo se tornó anaranjado y subió más la temperatura. Del cielo caían cenizas, las cuales podían teñir nuestros trajes si nos descuidábamos. Pese a esto, pudimos seguir con la ceremonia tal y como teníamos preparado.
Llegó la hora de prepararnos para la entrada. Gran parte de los invitados ya había accedido al jardín y estaban sentados en unas preciosas sillas que parecían doradas al reflejo del sol. El jardín lo presidía un altar el cual tenía detrás una bella cascada con gran variedad de plantas y árboles, palmeras y una bella luz que emanaba de atrás dando más magia si cabe a tan espectacular imagen. Entre las filas de sillas para nuestros invitados, atravesaba por el centro, dividiendo en dos la colocación de las mismas, una preciosa alfombra roja, dando un toque de clase y distinción a ese precioso y cuidado jardín. Los invitados se iban disponiendo a ambos lados del jardín. Después de que la organizadora entregase unas tarjetas de bienvenida y acomodase al resto de invitados, se acercó y con una sonrisa me dijo: “Iván, llegó la hora”.
De fondo se oía al oficiante, Germán, saludar a los invitados y darles la indicación de ponerse en pie para recibir a los novios, empezó a sonar la banda sonora de "Armagedón" de Aerosmith y con ella nuestros padres se dispusieron a abrir la entrada nupcial. Yo esperaba ansioso del brazo de mi madre a que llegase nuestro turno de entrar. Tras los padres, pasó mi hermana pequeña esparciendo pétalos frescos por la alfombra roja y tras ella y en el subidón de la canción llego el turno del novio, yo, que pasé del brazo de mi madre. Cabe destacar que para mí fue la madrina más guapa que había visto nunca, me temblaba hasta el apellido en aquel preciso momento, qué nervios y qué alegría a la vez. Pasamos por el jardín, que tenía un puente, he hicimos el recorrido de piedras blancas hasta la entrada del camino al altar pasando entre los invitados que alegres aplaudían efusivamente. Por fin llegamos al altar y allí quieto esperé esos segundos que se hicieron horas mientras entraba al jardín el amor de mi vida.
Mi canción iba sonando más y más bajito hasta convertirse en imperceptible cuando empezó a sonar otro gran tema, "A thousand years" de Christina Perri. Acompasados por la bella melodía entraron nuestros 3 damitos de honor, un primito pequeño nuestro llevaba los anillos en un bonito cojín y nuestra sobrina y ahijada llevaban dos bonitas cestas con pétalos que lanzaban al viento haciendo un camino de pétalos para la entrada de mi esposa. Y por fin llegó el momento de subida de la canción y desde el altar pude vislumbrar la entrada de mi esposa. Qué preciosa estaba, era increíble paró el tiempo para mí, no veía otra cosa que no fuese a ella. Todos quedaron boquiabiertos con la belleza y elegancia de la novia, ese precioso vestido que llevaba y esa sonrisa brillante de tanta felicidad. Llegó por fin al altar y el padrino, que la acompañó del brazo hasta el altar, me la entregó.Estábamos radiantes, nos saludamos con un tierno beso en la mejilla y la ayude a acomodarse en el silloncito de novios.
Nos agarramos de la mano y comenzó la inolvidable ceremonia. Transcurrió todo rápido y alegre. Algunos de nuestros familiares intervinieron haciendo más inolvidable el día. La ceremonia fue avanzando con preciosas melodías.
Llegó el momento, el gran momento del sí quiero. Nunca pensé que un sí pudiese resultar tan bello. Nuestros votos matrimoniales, dicho por todo el mundo, fueron preciosos y también la ceremonia de la luz. Sí quisimos hacerlo, era nuestra manera de unirnos en cuerpo y alma, al aire libre como tanto deseábamos.
La ceremonia de la luz o de la unión la realizamos con 3 velas, dos finas y alargadas que llevaban el nombre de cada uno y un cirio que llevaba el nombre de los dos, la fecha y unas alianzas pintadas. Los padrinos nos dieron la vela individual simbolizando lo que habíamos sido hasta ese momento y con ellas una vez las tuvimos en nuestras manos procedimos a encender nuestra vela, la vela de nuestra boda, quedando unidos para siempre a los ojos de familiares, amigos y Dios, que está en todas partes incluida la preciosa finca donde realizamos nuestra boda.
Tras todo esto, el oficiante pronunció: “Por los poderes concedidos, quedáis unidos en matrimonio, podéis, mejor dicho, debéis besaros. ¡Que vivan los novios! Y nos cayó una cascada de pétalos de rosa que nos bañó mientras nos fundíamos en un tierno beso. Empezó a sonar la canción "Hasta mi final" de Il Divo poniendo el broche de oro a tan bonita, emotiva y mágica ceremonia. Tras ello llegó el cóctel y las fotos en los maravillosos jardines.
La señorial entrada al banquete, el brindis con padres y padrinos. La exquisita cena en la que no faltó ni un solo detalle. La deliciosa y preciosa tarta nupcial. La entrada de regalitos a los invitados y regalos que nos hicieron a los novios. Y después, la salida al jardín de nuevo para el baile, un precioso vals vienés que bailamos mi preciosa esposa y yo.
Tras el vals, la discoteca en el jardín al aire libre. Qué bonito estaba todo. Para disfrutar aún más, hubo una la barra libre con refrescos, copas y cócteles y, como no podía ser de otra manera, con barra libre de chucherías con muchas cestas y cuencos que contenían las más duces delicatesen y bollería para hacer a nuestros invitados la boca agua nuevamente.
Precioso día, preciosas sensaciones y espectacular todo. La boda duró hasta las 4 de la madrugada, todo el mundo salió feliz, pero sobre todo nosotros, que quedamos maravillados con el día más feliz de nuestras vidas.
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