La boda de Alberto y Karla en Puentes Viejas, Madrid
Al aire libre Verano Granate 5 profesionales
A&K
25 Jun, 2016El día de nuestra boda
¡El día de nuestra boda fue el más maravilloso de todos! Comenzó pronto porque debíamos llegar a la Finca Aldea Santillana para organizarnos y retocar los últimos detalles. Lo magnífico de esta finca es que tanto la ceremonia (que fue civil, claro), como el banquete, el baile y el hospedaje era todo en la misma finca, hasta la mayoría de nuestros invitados pudieron quedarse a pasar la noche allí, así que todo nos salió de lujo.
¿Nervios? Por supuesto que sí, pero, increíblemente, yo transmitía una tranquilidad a los demás que sorprendía. Eso sí, ya luego en las fotos te das cuenta de que algo de tensión sí que había.
Llegaron las chicas que nos iban a atender en maquillaje y peluquería. Mi madre, mi hermana y algunas amigas aprovecharon la sesión (todo esto ya estaba previamente organizado) así que el despliegue era impresionante. Teníamos toda una torre para nosotros. La planta baja era la del novio. Allí se iba a vestir y le harían su sesión de fotos. Tenía terminantemente prohibido subir. La planta del medio era para maquillaje y peinado. Teníamos todo un salón para ello y vaya que nos dimos gusto. La planta alta, que era además nuestra habitación nupcial, fue donde yo me vestí y donde me hicieron mi sesión de fotos. En cuanto pude subir a vestirme, sentí que el día ya iba rodado. Mi madre me ayudó y fue el mejor momento de intimidad para compartir las dos. Para Alberto (el novio) también fue un momento muy dulce. Nuestra hija mayor fue quien sirvió de ayudante, y prestó todo el mayor detalle y con la mayor ternura que sólo ella podía tener.
Seguir leyendo »Y llegó el momento de salir. Alberto cruzó la galería llevando del brazo a la madrina e hicieron su entrada al sitio donde celebraríamos la ceremonia. Fue al aire libre, en un espacio precioso adornado con flores y fuentes. Fue una boda pequeña, alrededor de 70 invitados, pero todos eran tan cercanos y tan especiales que lo hacía sumamente especial. El tiempo pasaba y yo no llegaba, algunas bromillas para el novio, por lo visto, pero es que no sabían lo difícil que era bajar por la estrecha escalera de la torre con vestido estrecho y zapatos altos. Lo maravilloso fue verme entrar en una caleza, estilo sevillana, tirada por cuatro caballos preciosos. Mi madre, mis niños (que fueron nuestros pajecitos, claro) y yo íbamos entre nerviosos y felices. Todo el mundo tuvo que ver con nuestra entrada y yo, sintiéndome como toda una princesa.
La ceremonia fue preciosa. Primero, porque el trato del juez fue muy cercano y eso nos ayudó a relajarnos un poco; segundo, porque el hilo musical fue recreados por dos grandes músicos: un saxofonista y un pianista, que supieron interpretar las melodías que les habíamos pedido; tercero por las estupendas lecturas que nos hicieron nuestros hermanos (uno de cada uno); cuarto por el momento de la entrega de las alianzas y las arras (sí, incluimos arras también y no cualquier arras); y quinto por una ceremonia muy especial que hicimos con arena del lugar de nacimiento de cada uno (Madrid para él y Cúcuta, una pequeña ciudad en Colombia, para mí); se trataba de juntar las dos arenas en un único reloj de arena que las mantendrá unidas por toda la vida, ¡nuestro vida!
Luego de la ceremonia, mientras nos íbamos a hacer unas fotos hermosas aprovechando los parajes de la finca, los invitados pasaban al cóctel, que era apenas un poco más allá. Ah y a los niños (los nuestros y los de los invitados) se los llevaban para jugar en un castillo hinchable y a hacer actividades de pintacara, juegos y manualidades, porque hasta nos hicieron tarjetitas muy monas. Tuvimos tiempo para fotos (allí ya más relajados y sin nada de tensión en la cara) y para volver y estar un rato con nuestros invitados recibiendo abrazos y más abrazos.
Pasamos entonces al banquete, todo también dentro del mismo espacio, simplemente era entrar ahora a un amplio comedor, exquisitamente decorado, donde nos recibieron nuestros amigos y familiares al tono de All you need is love. Ay qué dulzura fue verlos a todos en pie, haciendo palmas al compás y cantándonos esa canción. Fue un momento muy dulce.
La cena estuvo estupenda (aunque alguno ya venía muy lleno del cóctel). Un primero, dos segundos (con bebida para separar sabores) y el postre. Entre un plato y otro, aprovechamos para enseñar un vídeo de nuestra historia juntos, regalar el ramo (yo se lo di a mi hermana que es mi adoración), entregar regalitos (a nuestros padrinos, a familiares y a algunos amigos muy especiales), entregar nuestros detallitos de boda: unas naricitas del Dr. Sonrisas (Fundación Theodora) y unos tarjetones personalizados donde contábamos que nuestro mayor regalo era una donación que habíamos hecho para hacer sonreír a más y más niños hospitalizados, como alguna vez hicieron con el más pequeño de los nuestros, cuando lo estuvo, fue muy emotivo, y ver también un mini resumen de nuestras fotos de la preboda (como regalo de nuestro fotógrafo que no nos esperábamos pero que estuvo genial). Ah, por supuesto que hubo el corte de la tarta, y no quiero olvidar que al novio, nuestros amigos mexicanos, le hicieron una tradición muy suya llevándole en brazos y atiborrándole de vino, mientras sonaba la marcha fúnebre, debíais haber visto mi cara de horror.
Finalmente, pasamos a la fiesta (la disco quedaba a unos pocos metros del comedor) e hicimos nuestro primer baile al compás de la canción con la que Alberto me pidió que nos casáramos (Volví a Nacer de Carlos Vives -cantante colombiano como decía ser, claro-). Allí mismo, vino nuestra segunda sorpresa y es que, los chicos del vídeo nos proyectaron un resumen de escenas que habían grabado durante el día (ceremonia, cocktail y banquete) y fue genial poder vernos y ver a nuestros invitados disfrutando de cada momento. El dj de Aldea Santillana estuvo genial y nos la pasamos estupendamente. La sorpresa vino ahora para los invitados y fue que contratamos una batucada para que amenizara la fiesta, estuvo genial, sin duda. Y mientras todo esto, fotitos en el photocall. La fiesta duró hasta la madrugada, yo ya no aguantaba mis tacones, a las 4:30 subimos a nuestra habitación y allí se quedaron los demás disfrutando de la música y del buen ambiente.
Eh, que no terminó ahí, a la mañana siguiente, que es lo estupendo de quedarnos todos a dormir en el mismo sitio, nos reunimos de nuevo para desayunar juntos y compartir los gratos recuerdos del día anterior.
Qué día, qué lugar, qué momentos, qué profesionales, qué detalles, ¡qué magnífico todo!
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