Me entregaron un vestido que no era el mío
Me habría encantado no tener que escribir esta reseña, porque para una novia no es plato de buen gusto. No obstante, quiero dejar constancia del grave error cometido por Atelier de Bodas Madrid y que estuvo a punto de arruinar el día de mi boda.
Ese día, al ponerme el vestido de novia, tuve que pronunciar una de las peores frases que puede decir una novia una hora antes de la ceremonia: "Mamá, este no es mi vestido".
El día 8 de octubre mi madre recogió el que se suponía que era mi vestido en la tienda Atelier de Bodas Madrid. En la tienda, se lo enseñaron en la funda y ella corroboró que era el mismo modelo y que estaba, aparentemente, en buenas condiciones. También denotó que faltaba la cinta necesaria para recoger la cola del vestido, que Atelier había olvidado incluir en la funda. Las empleadas de la tienda colocaron entonces dicha cinta en la bolsa y entregaron el vestido.
El día 10 de octubre, sábado, el día de mi boda, llegamos al momento más bonito y más emotivo de la previa: el momento de vestir a la novia. En mi casa estaban la fotógrafa y el videógrafo, mi padre, mi madre y mi hermana pequeña.
Mi madre me ayuda a ponerme el vestido y, al abrocharlo, me dice "Ay cariño, has adelgazado muchísimo. Te sobra un montón". En el momento ya nos pareció raro: me había probado el vestido el miércoles pasado, en la última prueba, y me estaba perfecto. Clavado, de verdad. También nos pareció raro que era excesivamente largo.
Pero bueno, también piensas que estas cosas pasan y que la última semana de la boda tienes mucho estrés, estás muy agobiada. Puede pasar. No llevas los tacones puestos aún y claro, el bajo está cogido con tacones.
Al salir al salón, ponerme los zapatos y empezar los fotógrafos a hacer fotos, recuerdo que en la tienda me indicaron que me colocase las cazuelas del pecho del vestido, así que me dispongo a hacerlo...y de repente compruebo que no hay cazuelas.
Y en ese momento llego a peor conclusión posible, pero la única que puede ser.
El vestido no es el mío.
Lo digo en voz alta y se desata el caos.
Con auténtico pánico, corroboramos que el vestido que habían entregado en Atelier de Bodas Madrid no es mi vestido: es el mismo modelo, pero también es, mínimo, una talla más grande que el mío. Le sobran unos quince centímetros de bajo con tacones puestos, me sobran tranquilamente dos dedos de contorno, por lo que se me escurre el escote del vestido, que, para añadir problemas, es un palabra de honor y por tanto no tiene tirantes, ni tampoco lleva cosidas las cazuelas que sujetan el pecho; el corchete que lo sujeta a la espalda está deformado y descosido, tiene que arreglarlo mi madre. En resumen, mi vestido de novia, que no era mi vestido de novia pero lo parecía, se me caía de pecho y también me pisaba el bajo al andar, incluso con tacones.
En este punto queda menos de una hora para la ceremonia. Y no tengo vestido de novia. Bueno, lo tengo, pero es muy grande.
Empezamos a llamar al número de Atelier de bodas: los fotógrafos, mis padres, yo, incluso las primas de mi ya marido, al que tengo que avisar de lo que ha pasado para que, cuando llegue a la finca, entretenga a los invitados.
Nadie nos coge el teléfono.
En ese momento, el estrés, los nervios y el pánico inundan mi casa: mi madre está destrozada y, encima, se siente culpable de un error que no es suyo (porque era imposible detectar el fallo a simple vista), mi padre está agobiadísimo, mi hermana entra en pánico. Hasta el gato entra en pánico, en realidad.
Los fotógrafos, en una grandísima muestra de profesionalidad y empatía, me dicen que no me preocupe por las fotos de familia, que no se pueden hacer en ese momento; me dicen que las haremos sin problema en la finca y que ellos van yendo para ir haciendo fotos a los invitados y que parezca que todo va bien.
Tomo una decisión, que es seguir adelante con la boda con lo que tenemos y, en el último momento, recuerdo que tengo el WhatsApp de la tienda. Escribo un mensaje desesperado en el que indico que necesito ayuda urgente porque me caso en una hora (en realidad, ya menos) y me han dado un vestido que no es el mío.
Por fin, minutos después, me llaman desde Atelier. Les explico qué está pasando y me piden que indique cuánto me sobra de bajo del vestido; les digo que evidentemente no estoy en condiciones de medirlo pero que son casi 15 cms y que encima el escote se me cae (un oalabra de honor). Me piden fotos. Una vez las reciben, corroboran que efectivamente, el vestido no es el mío. Me indican que están poniendo la tienda patas arriba para encontrarlo y me piden la dirección de mi casa para llevarlo si lo encuentran. A todo esto, el coche que tiene que recogernos a mi padre y a mí para ir a la finca está a punto de llegar. Quedan menos de 15 minutos para mi boda.
Les digo que si no lo encuentran en 15 minutos tendrán que llevarlo a la finca cuando lo encuentren. Me dicen que harán todo lo posible y cuelgan.
Mi madre llama a la empresa del coche de novia para explicar lo que ha pasado; nos dan unos minutos más sin problema.
No obstante, no hay noticias.
Nos preparamos y finalmente salimos porque no podemos esperar más: ya vamos con 15 minutos de retraso y los invitados están en la finca.
De camino, me llaman de Atelier: han encontrado mi vestido, estaba en la tienda y me lo llevan a donde sea. Les doy la dirección de la finca y les pido que se den prisa.
La verdad es que sí se dieron muchísima prisa. El vestido llegó escasos 5 minutos después de mí, por lo que finalmente pude casarme con mi vestido y disfrutar del día de mi boda con él.
Gracias al buen trabajo de los empleados de la Finca, que se coordinaron con el coche para que nadie me viera llegar, pude cambiarme directamente allí y volver a entrar como si nada hubiera pasado. Los invitados, hasta que no lo conté yo, no notaron nada.
Todo esto quedó en una anécdota porque es cierto que la respuesta de Atelier fue rápida y me proporcionaron mi vestido, retrasando la ceremonia una media hora.
No obstante, esta solución fue una respuesta un problema que jamás debería haberse presentado.
El error de esta empresa estuvo a punto de arruinar el día de mi boda, un día en el que inviertes mucho tiempo, dinero y esfuerzo, sin contar la ilusión. De hecho, sí que arruinaron unos momentos preciosos para una novia y su familia, que fueron los previos a la boda, y eso no me lo puede compensar nadie, porque nadie me los puede devolver. Mi familia y yo no sólo no tuvimos la oportunidad de vivir los momentos previos con calma y felicidad, sino que además lo hicimos con una angustia, una impotencia y una desesperación tremendas.
El martes después de la boda me llaman desde la tienda para preguntarme por la llamada perdida que tienen por mi parte del pasado sábado. Quieren saber por qué llamé. Estoy en el aeropuerto a punto de salir de luna de miel, por lo que no tengo ni tiempo ni ganas de explicar por qué tienen una llamada perdida mía. Le comento a la persona que llama que estoy en el aeropuerto y ella me dice que le devuelva la llamada cuando pueda. No lo hago porque, sinceramente, no tengo nada que decir. Hubo un error, se solventó y lo que me quitaron ese día no me lo pueden devolver.
No obstante, el martes siguiente me llaman desde Atención al cliente de Atelier de Bodas. Esta vez sí, quieren hablar conmigo directamente de lo que ocurrió con mi vestido. Les cuento cómo lo viví e indico que solo quiero una explicación de por qué acabó en mis manos un vestido que no era el mío en lugar del mío.
La empleada de atención al cliente me dice que lo entiende, que llamará a la tienda y que se pondrá en contacto conmigo a lo largo del día para darme una respuesta.
La llamada con ella es muy agradable: me escucha y valida mi situación sin excusar el error de la tienda.
Vuelve a llamarme menos de una media hora después con una explicación que le han proporcionado en la tienda: al parecer, "durante esa misma semana se casaban dos novias que habían elegido el mismo modelo de vestido. En el proceso de planchado y preparación de las prendas para su entrega, se produjo un error al introducir los vestidos en sus respectivas fundas, que acabaron intercambiándose."
La explicación no me convence por dos motivos: -El primero es que si había otra novia que se casaba esa misma semana, con ese mismo modelo, ¿por qué apareció mi vestido en la tienda y no en manos de la otra novia? La otra novia debería haberlo recogido.
Cuando se lo indico a la empleada, me dice que puede que se casase la semana que viene.
-El segundo motivo es que si es correcto que el vestido que se me entregó, erróneamente, era para otra novia que se casaba esa misma semana, la calidad del trabajo finalizado en dicho vestido dejaba mucho que desear: el corchete de la parte de atrás estaba medio descosido, a punto de caerse, y completamente deformado, lo tuvo que coser mi madre para evitar que se cayera, las cazuelas para el pecho no estaban instaladas en el modelo. Yo me puse ese vestido y, sinceramente, no creo que fuera un vestido listo para entregar ni mucho menos.
Esto no lo digo y lo dejo pasar, porque la empleada de atención al cliente no tiene por qué tener una respuesta a esto y, en realidad, tampoco importa mucho llegados a este punto del partido.
Al final de la llamada, desde atención al cliente me ofrecen una "compensación" por lo ocurrido: me ofrecen un servicio de reacondicionamiento integral de mi vestido sin coste en Atelier Madrid.
No considero que esta compensación repare lo ocurrido; entiendo que no hay mucho más que hacer al respecto, pero simplemente tampoco me deja buen sabor de boca. Además, como le hago saber a la empleada, no tengo la más mínima confianza, evidentemente, en Atelier después de lo ocurrido, por lo que no me fío lo suficiente para dejarles de nuevo mi vestido. Le pido que me lo envíe por correo electrónico porque tengo que pensarlo, y ella me dice que sin problema, que no tengo que dar una respuesta ahora.
Efectivamente, me envía la información por correo. Y una vez recibo dicha información, veo que adjunto al correo hay un documento llamado "Acuerdo de desestimiento".
Dicho documento indica que, de aceptar la compensación que propone Atelier, yo me comprometo a, evidentemente, renunciar a cualquier otra reclamación, pero también a no hacer pública la situación que viví el día de mi boda a escasa hora-media hora del inicio de la ceremonia (textualmente, "no realizar manifestaciones públicas perjudiciales relacionadas con esta incidencia una vez ejecutado el presente acuerdo y resuelto el expediente")
En el correo solo se hace referencia a "el documento correspondiente para formalizar el servicio", sin dar más explicaciones de lo que dicho documento, en realidad, es.
Entiendo por qué se envía dicho documento. Y entiendo la posición de la empresa al enviarlo.
Lo que no entiendo es por qué, ni en las dos llamadas mantenidas ni en el correo, en ningún momento se hace referencia a dicho acuerdo de desestimiento, ni tampoco se me informa de que dicha compensación implica uno.
En la llamada que mantengo con atención al cliente, llamada empezada por la propia empresa, esta compensación se me vende como un intento de Atelier de resarcirme por el error ocurrido como buenamente se puede, pero no se me informa de que conlleva ningún tipo de obligación por mi parte.
Dada la situación vivida el día de mi boda, y el hecho de que tampoco manifesté ninguna intención de tomar acciones por lo ocurrido, aunque estaría en todo mi derecho, la solicitud de Atelier me parece sinceramente de muy mal gusto.
La realidad es que Atelier de Bodas cometió un grave error que derivó en un retraso de media hora en mi ceremonia, lo cual obligó a la Finca a tener que reajustar horarios, a mi ahora ya marido a tener que entretener a todos nuestros invitados y a ambos a perdernos el cóctel con ellos, porque tuvimos que realizar las fotos de familia que no se pudieron hacer en casa de mis padres por el caos que se desató al darnos cuenta de que el vestido no era el mío y la necesidad de gestionar la situación e intentar arreglarla lo antes posible.
Sobre todo, y esto es algo que no podremos recuperar, el error me robó de unos momentos tan importantes como son los previos a la boda con mi familia. Los fotógrafos no pudieron hacer las fotos de familia, mis padres y mi hermana pequeña no tuvieron el momento especial de ver a su hija y hermana vestirse feliz, salir de la casa, llegar hasta el coche. Vivimos todos esos momentos con una angustia y un agobio indescriptibles. De hecho tanto mi madre como mi hermana acabaron con una crisis de ansiedad.
Ni mi familia, ni yo, teníamos que haber vivido esa situación el día de mi boda.
Esos momentos no los tuvimos y nada nos los va a devolver.
Esta es la historia, la anécdota, de mi boda, y tengo todo el derecho a contarla y publicarla si así lo considero.
La compensación ofrecida por Atelier viene acompañada de una obligación por mi parte de no hacer pública mi historia. Este hecho va unido a la consideración personal de que el ofrecimiento de compensación no es comparable a lo que se me quitó el día de mi boda. No considero que repare lo ocurrido; entiendo que no hay mucho más que hacer al respecto, pero simplemente tampoco me deja buen sabor de boca. Tras leer el acuerdo, tampoco lo siento como una compensación, un intento de resarcir el error cometido, sino un como un intento de asegurar mi silencio para evitar manchar la reputación de la tienda.
A mí esto ya me ha ocurrido y, de nuevo, por suerte se quedó en una anécdota. Pero lo dejo por escrito y público para que, con suerte, no le ocurra a nadie más.