Una experiencia muy decepcionante con la fotografía, aunque el vídeo sí merece la pena.
Contratamos sus servicios de fotografía y vídeo para nuestra boda porque las opiniones que habíamos leído previamente eran excelentes y nos transmitieron mucha confianza. Precisamente por eso, la decepción después de nuestra experiencia ha sido enorme.
Antes de contratar, tuvimos una reunión con Enrique en la que nos enseñó fotografías sueltas de novios y novias en hoteles, algunas fotografías de salidas de iglesias, etc., pero no nos mostró ningún reportaje completo de una boda. Después de nuestra experiencia, creemos que es algo muy importante que debería tenerse en cuenta antes de contratar a un fotógrafo: una fotografía suelta puede ser preciosa, pero un reportaje completo permite ver realmente cómo trabaja durante todo el día, cómo cuenta la historia de una boda, la variedad de planos, los momentos que capta y cómo resuelve diferentes situaciones.
Nuestra experiencia con la fotografía ha sido, sinceramente, pésima y muy decepcionante y más para nuestra boda de solo 82 personas.
Tuvimos una reunión el martes de la semana de la boda con el fotógrafo, Enrique, que sentimos que no sirvió prácticamente para nada. El jueves por la tarde-noche, a pocos días de la boda, nos enviaron un cuestionario bastante extenso que tardamos más de 40 minutos en completar. Muchas de esas cuestiones pensábamos que precisamente se iban a tratar y concretar en la reunión previa.
Además, no se nos informó de que el videógrafo que habíamos contratado no acudiría a las preparaciones de los novios. El propio día de la boda nos encontramos con la sorpresa de una persona diferente, a la que no conocíamos y que no habíamos elegido ni conocido previamente. Consideramos que un cambio así debería haberse comunicado con antelación y conocernos previamente.
Durante las preparaciones hubo un pequeño contratiempo con la peluquera mientras se arreglaban la novia y la madrina. En lugar de aprovechar el tiempo y las circunstancias —los novios estábamos en el mismo hotel—, la situación terminó haciendo que la madrina se pusiera nerviosa y llegara a llorar.
Habíamos elegido expresamente un hotel espectacular y caro para poder aprovecharlo también para las fotografías. Sin embargo, no tenemos prácticamente ninguna fotografía de los novios saliendo del hotel, ni en zonas comunes que merecían la pena a pesar de que la iglesia estaba a apenas tres minutos. Tampoco tenemos fotografías allí de nuestro sobrino cuando se estaba preparando el novio y estaban en la misma habitación, que además tuvo un papel protagonista llevando las alianzas. Tampoco hay fotos con los amigos que llegaron a la habitación para vestir al novio, ya que era un momento importante para él.
Además, mientras la novia se estaba vistiendo, el fotógrafo y el videógrafo estuvieron aproximadamente 45 minutos esperando fuera de la habitación junto con amigas de los novios. En ese momento, el novio ya se encontraba con sus amigos y familiares, que habían llegado al hotel, por lo que consideramos que ese tiempo se podría haber aprovechado mucho mejor para ir con ellos y realizar fotografías y vídeos de esos momentos. Nos resulta especialmente frustrante porque precisamente después echamos en falta muchas fotografías de los preparativos y del ambiente previo a la ceremonia.
También, tuvimos la mala suerte de que el día salió lluvioso y las posibilidades para hacer determinadas fotografías fueron más limitadas. Para las pocas fotografías que pudimos hacernos con la furgo que habíamos contratado, tuvimos la sensación de que cada propuesta que hacíamos suponía poner impedimentos, mientras que Javier, el videógrafo, sí se mostraba dispuesto a intentarlo y a buscar soluciones. En un día como una boda, donde evidentemente pueden surgir circunstancias que no se pueden controlar, esperábamos precisamente esa actitud de intentar aprovechar las oportunidades que se presentasen.
Otro punto que nos resultó especialmente incomprensible fue el desplazamiento de la novia a la iglesia. Para el fotógrafo parecía ser un problema que la novia llegara en taxi porque el taxi podía aparecer en las fotografías. Nosotros entendíamos que, si esa era la realidad del día de nuestra boda, no había nada malo en reflejarla.
El novio llegó a la iglesia a su hora y la novia permaneció aproximadamente media hora esperando dentro del taxi, estando ya en la puerta desde las 12.28h. Habíamos hablado previamente de que la novia quería aprovechar en salir 15 min antes de ese momento para visitar a un familiar muy enfermo que no había podido asistir a la boda. Nos dijo Enrique que no podía ser (no entendemos por qué). Lo más frustrante es que, mientras tanto, la novia estuvo esperando durante ese tiempo sin que nadie saliera a buscarla y, finalmente, tampoco tenemos fotografías de la salida del hotel que justificaran esa espera ni el poder ir a visitar al familiar enfermo.
En la iglesia, la sensación que tenemos es que prácticamente todas las fotografías están tomadas desde el mismo punto. No hay variedad de perspectivas ni de planos. No tenemos, por ejemplo, ninguna fotografía de espaldas de los novios y padrinos mostrando la capa tan espectacular que llevaba, ni fotografías cuidadas de detalles de la iglesia, las flores, etc.
Las fotografías de las firmas con los testigos son especialmente decepcionantes: en la mayoría, aparecemos los novios con las cabezas cortadas. Para nosotros, que esas fotografías formen parte del recuerdo de nuestra boda y estén tomadas de esa manera resulta difícil de entender.
Durante la copa de bienvenida, nuevamente encontramos muchísimas fotografías realizadas desde prácticamente el mismo punto, con disparos que en muchos casos nos parecen aleatorios o sin un criterio claro. Hay muchas personas de espaldas y fotografías que no aportan nada al recuerdo del día.
Además, no tenemos prácticamente fotografías de los diferentes puestos que habíamos contratado: el puesto de quesos, arroces, jamón, vinos y cervezas, cucurucho de camarones y patatas, el seating, la decoración personalizada hecha por nosotros, etc. Eran detalles que habíamos elegido y preparado expresamente para nuestros invitados y que nos habría gustado conservar en imágenes.
Durante el convite, algunos invitados llegaron a pedir directamente al fotógrafo que les hiciera fotografías y, según nos trasladaron, no se las hizo. Tampoco tenemos fotografías de los detalles de las mesas ni una fotografía de la mesa presidencial completa, que para nosotros tenía un significado especial.
Somos conscientes de que en el contrato se indicaba que el fotógrafo no iba pasando mesa por mesa haciendo fotografías para evitar incomodar a los invitados. Eso lo entendemos y no lo estamos criticando. Pero creemos que una cosa es no hacer una ronda por todas las mesas y otra muy diferente es que apenas tengamos fotografías de nuestros invitados durante el convite. De hecho, sí hay algunas fotografías de las dos mesas que estaban junto a la mesa del Staff, por lo que tampoco entendemos demasiado el criterio seguido.
En la entrega del ramo de la novia ocurrió otra situación que nos llamó especialmente la atención. En lugar de moverse el fotógrafo para buscar una buena perspectiva y captar el momento de forma natural, pidió a la novia que le dijese a tu tía que se girase para poder hacer la fotografía. Para nosotros, este tipo de momentos deberían intentar captarse de forma espontánea, no dirigirlos de esa manera.
En la entrega de ramos a varias parejas de amigos, las fotografías tampoco han quedado como esperábamos: no tenemos prácticamente ninguna fotografía de frente o que se nos vean las caras en condiciones; en muchas aparecemos de espaldas o los ramos tapandonos las caras.
Y durante la barra libre se repite el mismo problema: muchas fotografías desde el mismo punto, numerosas personas de espaldas, fotografías que no terminamos de entender y ausencia de una parte importante de nuestros invitados.
En cuanto al vídeo, nuestra opinión es muy diferente
Aquí sí queremos hacer una distinción clara porque el vídeo sí nos parece que merece la pena.
Con Javier, el videógrafo, nuestra experiencia fue buena. Nos pareció una persona amable, predispuesta y con ganas de ayudar y de buscar soluciones. Solo tuvimos contacto con él el día de las fotografías de preboda y el día de la boda, pero en ambos momentos nuestra impresión fue positiva. Durante la boda, además, ante situaciones como la lluvia o las fotografías con la furgo, su actitud fue mucho más de intentar aprovechar las posibilidades que se presentaban.
Por tanto, nuestra valoración del vídeo es positiva y creemos que Javier merece que lo destaquemos, porque nuestra mala experiencia se centra fundamentalmente en la parte de fotografía y en la gestión previa con Enrique.
Lo que más nos duele es que las fotografías y el vídeo son prácticamente el único recuerdo tangible que nos queda de un día tan importante. No esperábamos que absolutamente todas las fotografías fueran perfectas, pero sí esperábamos un trabajo profesional, cuidado, variado y, sobre todo, que captara los momentos, las personas y los detalles que previamente habíamos explicado que eran importantes para nosotros.
Precisamente por las buenas opiniones que habíamos leído, llegamos incluso a pensar en volver a contar con ellos en el futuro para un reportaje de embarazo y recomendarlo. Después de nuestra experiencia, no volveríamos a contratar el servicio.
Nuestra intención con esta reseña no es generar polémica, sino contar nuestra experiencia tal y como la hemos vivido. Cada pareja debe valorar por sí misma qué espera de un servicio de fotografía y vídeo para un día tan importante, pero nosotros, después de nuestra boda, no podemos recomendar la parte de fotografía.
En cambio, sí queremos reconocer el buen trato y la predisposición de Javier y nuestra buena experiencia con el vídeo.