La boda de Victor y Miriam en Sentmenat, Barcelona
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V&M
06 May, 2017El día de nuestra boda
Nos casamos el día 5 de mayo de 2017 en los juzgados de Terrassa, pero la celebración tendría lugar el 6 de mayo que era nuestro quinto aniversario.
Amanecí el día 6 muy tranquila, me duché y desayuné con mi mejor amiga, que había dormido en casa de mis padres conmigo, ya que iba a maquillarme y peinarme. Recuerdo que nos fuimos arreglando todos, tranquilos, y que la mañana fue pasando pero sin prisa, sin estrés, habíamos manejado bien los tiempos. Cuando llegó el fotógrafo estaba todo preparado, los zapatos lilas, la liga de mi tía Lucia, mi anillo de pedida, el ramo con el nombre de mi abuela y el vestido colgado de la barra de la cortina, tan grande, tan voluminoso, tan de princesa... Tan yo.
Fotografiaron todos los detalles antes de que me vistieran mi mejor amiga y mi madre, después empezó a llegar gente a casa pero yo estaba ocupada con el reportaje de fotos, que he de decir que fue lo que menos me gustó del día, porque me sentía dirigida y yo estaba tan feliz que quería ir a la mía pero no podía. Cuando acabaron ya era la hora de marchar, así que me despedí de mi adorado Piecitos (mi perro), que no podía venir a la fiesta, y bajé en el ascensor con mi madre, mientras el resto de gente esperaba en la calle.
Seguir leyendo »Nada más cruzar la portería vi a lo lejos a la madre de una compañera de clase, Rosi (madre de Sheila), a la cual tengo gran aprecio, tanto a ella como a su hija y la cual no pudo evitar emocionarse al verme vestida de novia. Sentí entonces que realmente debería ir guapa, ya que no me había visto vestida, peinada y maquillada. Aún no había tenido ocasión de mirarme en un espejo.
Mi mejor amiga y su prometido eran los encargados de llevarme al restaurante y habían decorado el coche con cintas lilas, ya que es mi color preferido, además dentro habían puesto una M en globo, una botella de agua de Rapuncel (la princesa con la que me siento identificada) y una postal. Detalles que hacen el día aún más bonito.
Llegamos al restaurante Can Montcad, donde tendría lugar la ceremonia y el banquete. Tuvimos que esperar en el coche a que todos los invitados llegarán y se sentaran. Cuando el camarero, Jordi (un gran hombre), nos dijo que podíamos entrar, mi padre y yo nos posicionamos y nos dirigimos hacía la ermita.
Yo estaba tranquila, para mi sorpresa, puesto que días antes había estado histérica, pero ese día estaba relajada, feliz. Mi padre por el contrario parecía tenso y no se daba cuenta que presionaba mi brazo y me impedía avanzar, tenía que ir tirando de él, cuando entré en la ermita quería ver cómo iba mi prometido vestido, pero estaba a contraluz y apenas podía verle, así que dirigí mi mirada a un lado y a otro para ver que guapos iban todos nuestros familiares y amigos. De vez en cuando le decía a mi padre que avanzará, pero mi padre no se enteraba de nada... ¡La emoción!
Cuando llegamos por fin, al lado de mi prometido, vi su traje, su chaleco lila, tenía ganas de besarle pero tenía que esperarme unos minutos, así que solo le di la mano y me senté mientras mi cuñado, Joan, empezaba la ceremonia. Habló sobre nuestros comienzos, contó algunas anécdotas y después dio pie a las lecturas de familiares y amigos.
Empezó mi cuñada, Marta, hermana del novio y novia del maestro de ceremonias, fue notarle la voz rota y verle los ojos llorosos y no pude evitar empezar a llorar. Tras ella leyeron dos de mis primas, Aroa y Nerea, las cuales son como hermanas para mí, después un amigo de Víctor y acabó las lecturas una de mis mejores amigas.
Fue tan bonito todo, tan especial, nos dimos el sí quiero aceptando nuestros defectos, puesto que nuestro cuñado exponía nuestros defectos diciendo quieres casarte con el pesé a... Fue un momento muy divertido. Intercambiamos las alianzas y por fin nos besamos.
Empezó a acercarse todo el mundo para darnos la enhorabuena y fueron saliendo de la ermita, cuando quedamos los últimos y Jordi nos avisó, salimos, nuestros familiares y amigos habían hecho un pasillo y nos tiraron arroz, pétalos, burbujas... ¡Me sentía tan feliz!
Comenzamos el reportaje, primero haciéndonos fotos con todos los invitados, después nos hicimos fotos los dos solos y cuando acabamos llegamos al aperitivo. Todos habían comido pero nosotros nos moríamos de hambre y antes de que nos avasallaran a fotos y saludos, empezamos a picotear. Aproveché ese momento para charlar un poco con la gente, ellos habían cogido su cajita donde les indicaba en que mesa se sentarían, habían podido firmar en el libro de firmas...
Antes de que el aperitivo llegará a su fin, Jordi nos invitó a subir al banquete para que viéramos que estaba todo en orden, ya que habíamos dejado muchos detalles para poner en las mesas (regalos para los amigos, para los niños, para los adolescentes, pájaros de papel para poner en las copas, cintas para que la gente las hiciera volar en las entradas de los platos, los nombres de las mesas...). Todo estaba perfecto. La verdad es que me quito el sombrero ante todo el personal de Can Montcad, ¡un lujo! Bajamos y dimos fin al aperitivo. Los invitados fueron subiendo y mi ya marido y yo aprovechamos para tomarnos un mojito de fresa a solas.
Después nos dirigimos al salón para hacer una entrada estelar en el restaurante de la que no puedo contar detalles porque es secreta, el restaurante no deja que nadie la cuente para que en futuras bodas sea sorpresa. Una vez dentro entraron los camareros con el primer plato, con antorchas en las manos y música medieval. Estaba todo buenísimo, eso de que los novios no comen en su boda, no era nuestro caso, nosotros sí comimos. Como nos servían los primeros, aprovechamos el momento en el que nosotros ya teníamos el plato y el resto no para degustar la comida. Eso sí, después de comer nos levantábamos para charlar con la gente, prácticamente en cada plato. ¡No podía estar sentada! Tenía a mi familia, mis amigos, mi gente, quería estar con ellos.
El pastel llegó y con él nuestro brindis. Una vez pasó el tiempo de cafés y licores empezamos las entregas. Pusimos un vídeo con las bodas de nuestros padres que enterneció a todo el mundo, puesto que mucha gente que aparecía en el vídeo ya no estaba entre nosotros. Les regalamos una cena en un restaurante de Barcelona y una foto nuestra de ese mismo día. La siguiente entrega fue un pack de spa y un peluche con nuestra foto cogiendo a nuestro sobrino para nuestros cuñados. Seguidamente entramos al ritmo de Benny Hill, Víctor salió corriendo con dos ramos de chucherías y yo le perseguí hasta acabar los dos en la mesa de mis primas e hicimos la entrega. Después llegó el turno del abuelo, a ritmo de Abuelito dime tú de Heidi, le entregamos una botella de whisky con nuestra foto. Se emocionó tanto que casi nos da un susto, estuvimos un rato con él intentando tranquilizarle porque lo vimos excesivamente emocionado y nos daba miedo que le pasará algo, pero solo fue emoción, el abuelo de Víctor es duro de roer. ¡Qué grande eres abuelo!
Los siguientes fueron nuestros amigos, dos parejas que recibieron los novios para que sean los siguientes, una de las parejas ya tiene fecha de bodorrio, nos falta la otra, pero todo se andará. Y finalmente, antes de entregar el regalo a los invitados, que era nuestra foto con ellos de ese día, hicimos la entrega de la liga, una entrega muy especial por un motivo, la liga que llevaba puesta era la que llevó mi madre en su día y que también llevó mi tía Lucia, que desgraciadamente está en el cielo, por lo tanto escribí una carta a mi prima, Akira, y la dejé en su sitio, diciéndole que más tarde le entregaría algo que era de su madre. Víctor me quitó la liga en plan sexy y la fuimos a buscar para ponérsela a ella. Un momento también que no olvidaré nunca.
Pasadas las entregas, pusimos un vídeo en el que se nos veía a mí y a Víctor en casa de nuestros padres, como si hubiera sido el día de la boda antes de llegar al restaurante, pero en el vídeo parecía que llegábamos tarde y yo hacía auto-stop y el corría para llegar al restaurante y allí nos encontrábamos y entrábamos y justo entonces empezaba nuestro primer baile. La primera parte era de los dos, un poco de salsa y después pedíamos a la gente que saliera para bailar Jump on it, como lo hicieron los actores del príncipe de Bel-Air. Quedó bastante divertido y participó muchísima gente.
Una vez acabamos, empezó el baile y nos dejamos llevar por la barra libre, la música, los amigos, la familia, nuestro amor y disfrutamos, fue la guinda de un día mágico e inolvidable que siempre llevaremos en nuestro corazón.
Tengo que dar las gracias en primer lugar al restaurante Can Montcad, en especial a Jordi y Pere, ¡sois los mejores! Si volviera a casarme, volvería hacerlo allí. Y en segundo lugar y no por ello menos importante, a nuestra familia y amigos, a nuestra gente. Sobre todo a nuestros padres por ayudarnos tanto económica como mentalmente a lo largo de los preparativos, a Joan por oficiar la ceremonia, ¡puedes dedicarte a ello! A Marta, Aroa, Nerea, Toni y Sofi por vuestras palabras en la ceremonia, nos pusisteis un nudo en la garganta, a mi pedazo de peluquera y maquilladora, Jesica, ¡de profesional total! Además fuiste la que me ofreció refrigerio en todo el baile, eso también se agradece, a Saida por combinar su poco tiempo libre con nuestra boda y escucharme cuando estaba nerviosa o preocupada por algún tema, a Rafa y Abi, porque me hizo ilusión que nos reuniéramos junto a Sofi en un día tan importante, a mis tíos y primos que os comisteis la pista, ¡pedazo de familia! Y en general a todos los que formasteis parte de ese día. Diría vuestros nombres de uno en uno porque lo disteis todo, os entregasteis e hicisteis que ese día fuera único. ¡Tenemos las mejores familias y los mejores amigos del mundo! Nosotros no olvidaremos nunca este día, nos habéis hecho más felices y eso no sé si os lo podremos compensar. ¡Gracias!
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