La boda de Víctor y María en Almería, Almería
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26 Oct, 2024El día de nuestra boda
El festival de nuestras vidas. El 26 de octubre de 2024 no solo fue el día de nuestra boda, fue el mejor concierto de nuestras vidas. Bajo el sol brillante de Almería y justo antes de que la DANA asomara por el horizonte, celebramos nuestro propio festival del amor: el Wedding Fest. La finca, a orillas del mar, fue el escenario perfecto para un día que no podríamos haber soñado mejor.
Él, de Cuenca. Yo, de Almería. Y elegimos mi tierra para darnos el “sí, quiero” rodeados de nuestras personas favoritas y de una energía que aún seguimos sintiendo cada vez que lo recordamos. El viento típico de la zona nos acompañó, pero no pudo con nuestras ganas. ¡Todo lo contrario! Le dio ese toque épico que toda buena historia necesita.
Y aunque el día fue perfecto, la historia que nos llevó hasta él no fue fácil. Había tenido un año complicado, con problemas de salud digestiva que me acompañaron durante muchos meses y, siendo sincera, tenía miedo de que justo ese día tan especial no pudiera disfrutar como soñaba. Pero la vida me regaló una tregua, y no solo estuve bien… estuve pletórica. Radiante. Feliz de verdad. Como si el universo hubiera alineado todos los astros solo para que ese día brillara sin sombras.
Seguir leyendo »Mientras los invitados esperaban con una cervecita y una limonada a que llegáramos, nuestras wedding planners les pusieron una pulsera a cada uno para acceder al Wedding Fest, idea que sorprendió a todos y todas. Se iban haciendo fotos y subiéndolas a redes sociales con un filtro de nuestra boda que había creado yo misma para Instagram. Tengo la suerte de dedicarme a la comunicación (soy periodista) y casi todos los diseños los hice yo misma.
Entramos a la ceremonia con nuestras canciones: “Allí donde solíamos gritar”, de Love of Lesbian, para mí; y “I Don’t Want to Miss a Thing”, de Aerosmith, para él. Desde ese momento, sabíamos que lo que venía iba a ser inolvidable. Tuvimos la suerte de contar con un equipo de proveedores de primera división que hicieron magia en cada rincón: fotógrafos, wedding planner, DJ, catering, la finca, mi vestido, los pendientes… Todo encajó como una canción perfectamente afinada.
Durante el banquete, jugamos a hacer capitanes de mesa y cada mesa tenía que salir a bailar la canción que le había tocado cuando el DJ la pinchara. ¡Qué momentazos vivimos! Las coreografías improvisadas, los gritos de emoción, las risas… Fue como un flashmob inesperado, ¡pero mejor!
El seating plan, como no podía ser de otra forma, también fue musical: cada mesa tenía el nombre de un grupo o artista. Y en su sitio, cada invitado encontraba una pulsera benéfica contra el cáncer, una nota escrita con todo el cariño del mundo y su kit antiresaca. ¡Nadie se quedó sin cantar o brindar!
Llegó el momento de entregar las réplicas de mi ramo, que voló hasta las manos de dos personas muy especiales: mi amigo Jesús y mi cuñada, al ritmo de “LN Granada”, de Supersubmarina. Las madres recibieron flores, los padres un portarretratos de madera con una foto nuestra de pequeños. Lágrimas, sonrisas, abrazos… Un estallido de emociones.
Y por si todo esto fuera poco, mi amiga Nuria nos preparó una sorpresa que aún nos emociona: un vídeo con felicitaciones de nuestros grupos favoritos indies, ¡incluyendo mi top, los Love of Lesbian! Fue absolutamente mágico.
El primer baile lo abrimos los novios con el vals “23 de junio”, de Vetusta Morla, una coreografía montada por nosotros mismos gracias a YouTube y a nuestra imaginación. En mitad de la canción, nuestro DJ hizo magia y la mezcló con “Me gustas todo el rato”, de Sidonie, para encender la pista con energía festivalera desde el primer minuto.
Uno de los momentos más emocionantes del día: el baile con mi padre y la mítica “What a Wonderful World”, de Louis Armstrong… ¡Con mi tía cantándola en directo! Ella es soprano, y su voz convirtió ese instante en algo absolutamente mágico, sobre todo porque es la canción favorita de mi madre y de mi abuela. No hubo invitado/a que no se emocionara y alguna lagrimilla se escapó. Fue nuestro pequeño homenaje al amor de la familia, a lo realmente importante.
La fiesta fue un festival en toda regla: glitter bar, fotomatón con neón personalizado con una frase de nuestro grupo Shinova —“Con la sonrisa intacta”—, hora loca con cabezas de animales y palos led y anillos. Yo me puse una capa de luces y lo dimos todo en la pista de baile; desde pequeños hasta mayores, íbamos llenos de purpurina. Como colofón sorpresa… ¡un camión de churros con chocolate para la recena! Regalo de mi hermano y mi cuñada, que nos dejaron con la boca llena y el corazón a rebosar.
Nuestro Wedding Fest fue mucho más que una boda. Fue una declaración de intenciones, un himno a la alegría, una oda al amor, un homenaje a la música… Y a la superación. Una fiesta que ni el viento ni la lluvia de la DANA que empezó a caer por la noche pudieron detener. Terminamos bailando bajo las gotas, con la sonrisa intacta y el corazón a punto de estallar.
Gracias a todos los que lo vivieron con nosotros. Fue el concierto más divertido —y más emocionante— de nuestras vidas.
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