La boda de Unai y Anna en Girona, Girona
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29 Ago, 2015El día de nuestra boda
Hoy hace ya un mes de ese día tan especial. Me sorprende lo rápido que pasa el tiempo. Ya me habían alertado sobre lo lenta que es la preparación para el gran día y lo rápido que se pasa el día. A pesar de todo, nos quedamos con lo bien que lo pasamos. La nuestra fue una boda vasco-catalana y no pudo haber salido mejor. Fue una boda muy divertida y emotiva. Ese día me desperté para ir a la peluquería a las 08:00 de la mañana para ponerme guapa. La verdad es que, para mi asombro, la noche anterior me dormí muy rápido y profundamente. No había rastro de los nervios que tanto me preocupaban (la verdad es que soy muy nerviosa). Finalmente llegaron, pero no fue hasta que me vi en el espejo antes de salir de la peluquería. Allí ya lo noté, mi día había llegado y ya no quedaba nada (apenas unas horas).
Cuando llegué a casa, ya estaban mis hermanos/as impacientes esperándome para que me vistiera y nos sacáramos las fotos (me había retrasado en la peluquería). Después llegó el padrino y con él mi ramo (sencillo y elegante, justo como yo lo quería). Después de más fotos y de emocionarme al escuchar el verso (me encanta esta tradición), por fin llegó el momento. Ya subiendo las escaleras de la iglesia, los nervios volvieron a asomarse junto a alguna lagrimita. Lágrimas de emoción, de felicidad. No podía estar más feliz. Entramos mi padre y yo al son del Canon de Pachelbel. Siempre que escuchaba esa canción me emocionaba y ese día no podía ser menos. Y por fin, le vi. allí estaba Unai esperándome sonriente y feliz. Más lágrimas. Una vez casados, lo más difícil ya estaba hecho y ya sólo quedaba una cosa, disfrutar. Después de las fotos, nos fuimos al restaurante a celebrarlo con nuestros amigos y familia. ¡Qué bonito quedó el salón! Desde el principio quise encargarme de hacer muchas cosas y la verdad que fue una gran decisión. Cuando vi como habían quedado los centros de mesa que tanto trabajo me habían dado, me sentí muy orgullosa de mí misma. El salón tenía nuestro toque personal, sencillo pero elegante. Mi tía, que es florista, se encargó de darle vida con los distintos colores de las flores.
Seguir leyendo »Una vez lleno con nuestros invitados, el salón hablaba por sí solo. Risas y más risas. Felicidad en estado puro. ¡Pero qué rápido se nos fue el día! Fue una boda muy emotiva y bonita, así lo recordamos nosotros y así nos lo recuerdan nuestros invitados. No miento si digo que, sin lugar a dudas, fue el mejor día de nuestra vida.
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