La boda de Ricardo y Cristina en Madrid, Madrid
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R&C
04 Jul, 2020El día de nuestra boda
4 de julio. Por fin había llegado el día. Habían sido meses complicados ya que acababa de llegar el Covid y no sabíamos si podríamos casarnos con toda nuestra familia y amigos. Dudamos en cambiar la fecha hasta que nos dimos cuenta de que queríamos casarnos pasase lo que pasase. Y, así lo hicimos. Son las 9.30 de la mañana. Quedan 8 horas y media para la boda. Fue una mañana larga, creo que las bodas de tarde hacen que la mañana pase muy lenta. Todos están emocionados en casa y Kala (mi perrita) no sabe muy bien qué está pasando. Yo me noto nerviosa y uno de mis hermanos mayores lo nota, así que me trae una tila. Yo me la voy bebiendo mientras me van maquillando y peinando. Todos están guapísimos. Mis hermanos, mi hermana, mi madre y mi padre. No es la primera boda que celebramos en casa, pero parece como si lo fuera.
Fotógrafos por la casa, videógrafo... ¡Todo va quedar guardado para el recuerdo! Son las 17.30. Me viene a recoger un coche espectacular. Me agarro del brazo de mi padre y salimos. Qué largo se me hizo el camino a la iglesia... Gracias a Dios tenía a mi padre ahí conmigo. Al bajarme del coche y empecé a notar el corazón a mil y notaba que las lágrimas se me agolpaban en la garganta, pero no podía llorar, todavía no. Llego a la puerta de la iglesia y ahí me están esperando mi damita de arras (mi prima pequeña) y mi hermana. Abrazo muy, muy fuerte a mi prima y siento que vuelvo a tener ganas de llorar. Es todo tan emocionante... Mi hermana empieza a colocarme la cola y el velo porque ya es hora de entrar. Respiro profundamente y... Se abren las puertas.
Seguir leyendo »Una amiga mía me recomendó que mirara a los invitados, que saboreara cada momento de esa entrada. Lo intenté. Empecé mirando a los lados, izquierda y derecha, pero me daba cuenta de que los invitados no me “importaban”, yo solo quería mirar a Ricardo, así que es lo que hice. Le vi vestido con su levita azul marino, superelegante, al lado de su madre que iba guapísima y ahí, empecé a llorar. El pasillo hasta el altar se hizo largo, yo solo quería llegar y abrazarle para no soltarle. Por fin llegamos y le abracé. Él me devolvió el abrazo y fue como si no nos hubiésemos abrazado en años. Un abrazo del que no quería soltarme ni que me soltara, pero había que empezar. La ceremonia fue preciosa y todo salió fenomenal. Impresionaba un poco ver a todo el mundo con mascarillas, pero eso, dentro de unos años, será histórico.
Termina la misa y los compañeros de mi ya marido (todavía se me hace raro decirlo), nos esperan fuera con el pasillo de sables. Es superemocionante hacer ese pasillo. Al final el coche nos está esperando e intentamos ir directamente ya que, al ser una boda Covid, intentamos dar los menos besos y abrazos posibles, aunque algún abrazo cayó. Es inevitable...Llegamos a la finca El Espliego. Cómo estaba de bonita... La tarde se había quedado espectacular y hacía una temperatura estupenda. Fuimos a hacernos fotos con los fotógrafos a la parte de atrás de la finca, que tiene una cuadra con caballas preciosa y, después de todo esto, llegó el momento de disfrutar con los invitados. La finca hizo un trabajo espectacular. Cuidaron muchísimo todo por el Covid. Hicieron un trabajo excelente. Cenamos de maravilla (aunque yo no comí casi nada), bailamos, cantamos. Nos lo pasamos fenomenal.
De repente, ya era de madrugada y ya tocaba irse. El día de tu boda pasa rápido. Muy rápido. Menos mal que luego hay fotos y vídeos para poder ver todos los momentos a los que no llegaste.
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