La boda de Marta y Eduard en Villaviciosa De Odon, Madrid
Rústicas Verano Verde 1 profesionales
M&E
03 Ago, 2019El día de nuestra boda
Yo solo contaba con 26 añitos y Marta 27. Amaneció un día espléndido. Más de cien miembros de mi familia se habían desplazado de Girona a Villaviciosa de Odón para asistir al evento del año. Yo dormí en casa con mis padres y Marta durmió en la que ha sido su casa hasta ahora. A las 7 de la mañana ya no pude dormir más, así que le propuse a mi padre ir a por unos churros. Aunque los nervios iban por dentro, aparentemente solo tenía cara de cansado. A Marta le sucedía un poco lo mismo, aunque ella pudo dormir un poco más que yo. La mañana se nos haría larga. Yo quedé con los fotógrafos a las 16:00h. y Marta a las 17:00h. Nos casábamos a las 19:00h. No paré en toda la mañana. Ejercí de anfitrión con los invitados que habían venido de fuera, incluso fui hasta Atocha a buscar a un par de tíos que llegaban en el AVE de las 13:30h.
Llegó el momento. Sesión de fotos. Mi madre no llegaba de la peluquería, así que empezamos con mi padre. Poco más tarde se incormporaron mi hermano, mi cuñada y finalmente mi madre. Parecíamos modelos. Lo pasamos hasta bien. Los fotógrafos tenían más ganas de ir a casa de Marta (lo intuí rápidamente). Más tarde entendí por qué. Por lo que cuenta mi cuñado (el hermano de Marta), a ella le hicieron una super sesión, no pararon desde que llegaron. Y así, poco a poco, se acercaba el momento.
Seguir leyendo »A las 19:00h. como un clavo el cura me hizo entrar en la iglesia. El violín y el piano sonaban y todo el mundo estaba pendiente de mí y de mi madre. Qué sensación tan rara. El caso es que tuve que esperar diez minutazos. Y digo minutazos porque se me hicieron eternos. Al final, un murmullo. El coche que llevaba a Marta había llegado. Espectacular, radiante, fascinante. El padre de Marta y ella misma entraban y embellecían aún más el lugar y la situación. Entendí la prisa de los fotógrafos cuando habían estado conmigo y entendí también uno de los motivos por los que había pedido a Marta, tiempo atrás, que nos casáramos: estaba preciosa. Y así fue, en un pin pam el cura nos hubo casado y la gente nos llenaba de arroz y pétalos, con alguna que otra traca incluída.
Al llegar a la finca hicimos las típicas fotos posando, aquellas en las que no sabes muy bien cómo, pero siempre quedas bien. Ya sabéis: - Marta, míralo y sonríe. - Eduard, pon la mano en su cintura. etc. Y así hasta que llegamos al cóctel con los invitados. Este duró 1:30h. tiempo que no vi a Marta por ninguna parte. Éramos 258 invitados y todos nos querían felicitar y sacar alguna que otra foto. Y de ahí ya pasamos al banquete. Cuando todo el mundo estuvo sentado entramos a ritmo de Madre Tierra y nos vinimos arriba. Marta, los invitados y yo. Tengo que reconocer que en la parte que dice "tambor, tambor" me crecí, miré la cámara del videógrafo y monté un espectáculo de los buenos.
Fue de esta forma como después se desarrolló lo siguiente, con el baile que abría el momento fiesta y demás momentos que ocurrieron, tanto programados como espontáneos. La verdad es que nunca pensé que nuestra buda fuera tan tan divertida. Es verdad que nosotros pusimos de nuestra parte, pero los invitados también estuvieron espectaculares.
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