La boda de Esteban Lopez Paredes y Mireya Galán Blazquez en Vilanova De Sau, Barcelona
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E&M
29 Sep, 2018El día de nuestra boda
La otra cara del día B
Ser psicóloga me hizo pensar que el día de mi boda, los nervios estarían controlados. Y sí, afortunadamente fue así, pero el día antes, la cabeza me daba vueltas, mordía a todos los que se acercaban a preguntarme algo y lloraba por el menor de los contratiempos que pareciera que pudiera suceder. En efecto, el tiempo anunciaba un diluvio universal, y yo me casaba en medio del bosque (El Mas del Silenci) sin plan B, ¡porque los tengo muy grandes y punto!. El desgaste emocional que llevaba y las lágrimas de cocodrilo que derramé durante más de 5 horas, hicieron que durmiera a pierna suelta, y como si de un segundo se tratara, me encontré en el gran día de mi boda. “Nota: recomiendo explotar el día de antes para dormir del tirón”. Y ¿adivinar? El sol brillaba y las nubes ¿venían o se iban?, hagan las apuestas ¿quién gobernaría el día? ¿el sol, las nubes? ¿el sol, las nubes?... así me pasé las 9 horas desde que empezó el día, hasta que dio inicio la ceremonia a las 18h. La familia arreglándose con un ojo en sus vestidos y otro hacia el cielo, la organizadora del evento mirando el meteocat, los dueños del Mas, hablándome de avispas y de que, si están revoloteando y no se agrupan, significa que no va a llover… ¡Pues oye! Que el truco del almendruco funciona, abejas felices, novios felices. Ni una gota cayó en todo el día.
Seguir leyendo »Mi novio y yo, perdón, rectifico, mi marido y yo (hablemos con propiedad a estas alturas), habíamos hecho un pacto meses antes, semanas antes y el día antes, de que no íbamos a beber mucho porque queríamos recordar con nitidez todos los momentos de ese día. Pues bien, mientras él recibía a los invitados, yo ya me había bebido media botella de champagne. ¡Qué dura es la reclusión y que nadie te pueda ver hasta el último momento!. Me pasé hora y media, desde mi ventana indiscreta, espiando los modelitos de todos los invitados y viendo como todos se iban acomodando al lugar.
¿Cómo? ¿Qué suena Linking Park? Todos miraron hacia arriba, y ahí me encontraba yo, bajando del brazo con mi padre unas escaleras de madera en medio de un bosque frondoso. “Nota: Sí, Linking Park, también hace baladas y las hace muy bonitas, yo escogí One more light”. Me acerqué a mi, todavía novio, y el muchacho más ancho que largo, ni un ápice de nerviosismo y por supuesto, guapísimo. Pantalones granates, chaqueta y chaleco marrón, pajarita azul y zapatos burdeos. ¡Genial! Pensé… ¡Vamos frikiconjuntados!
Nos casó el carnicero de mi pueblo, también juez de paz, traído de Extremadura a tierras catalanas. Leyeron mi cuñado y mi prima, y todo el mundo lloró y aplaudió, y después del sí quiero y del super beso, nos alejamos con el sonido de unas gaitas en directo para hacernos las fotos en ese precioso paisaje. ¡Buf! Ya podemos comentar la jugada, un ratito de intimidad. Terminamos, y aparecimos en el cóctel con bengalas de humo al son de Power of Love de la película regreso al futuro. ¡Qué subidón! Por fin una cervecita fresca y a hablar con todos, o bueno, a intentarlo. Creo que en ese mismo momento experimenté algo parecido a lo que se debe sentir teniendo déficit de atención, estar en mil cosas a la vez, pero atenta a ninguna. Menos mal que habíamos prohibido a los fotógrafos hacer posados con la gente, porque si no, todavía seguiríamos allí. Me sentí como en la canción de Piece of me de Britney Spears, vamos, que todo el mundo quería un trocito de nosotros y llevarse nuestra alma en una instantánea.
La comida fue un exitazo, todo riquísimo, cada plato acompañado de una canción muy bien pensada y miles de regalos para todos. Si una cosa tenemos, es que nos hace casi más ilusión hacer regalos que recibirlos. Y llegó el momento estelar de la noche, el video de nuestros amigos. Es tradición en nuestro grupo, regalar a todos los que se casan un video recordatorio que tenga una parte que sea sensiblona y otra divertida. Pues bien, se les fue de las manos muy mucho. Estuvieron el año entero trabajando en ello, utilizando incluso estudios de grabación y, bien se podría decir que supera a una buena producción de Bollywood. ¡Que hartón a reír! tuve que resolver las dudas del resto de invitados, que vinieron a preguntarme si mis amigos eran directores de cine, un grupo de moteros, cocineros….¡era taaan real todo!, que llegó a ser confuso para los que no están en el micromundo de la banda del patio. Así nos frikillamamos.
Momento de abrir el baile, ¡mierda, ya voy borrachilla! Paso para aquí, pie para allá, vuelta a lo dirty dancing y final de bruno Mars. ¿dónde está mi padre? ¿y mi suegra? Pues resulta que justamente con quienes teníamos que bailar, en ese preciso momento, estaban haciendo vete a saber tú el qué. Así que yo bailé con mi madre y mi marido con mi cuñada, lo que ellos llaman, el baile del avestruz, bajar hasta el suelo como si de un reggaetón se tratara aunque este sonando la canción más romántica del mundo. Vale, ¡alivio! Él va peor que yo.
Y a partir de ahí, fiesta, birra, baile, juegos, risas, charlas y emoción, mucha emoción. Qué día tan divertido y lleno de recuerdos que me llevo para mi historia. No hay nada como percibir que te quiere tanta gente y que te desean felicidad. Como dice Ewan Mcgregor en Moulin Rouge, una de mis pelis preferidas, “lo mejor que te puede suceder, es que ames y seas correspondido”.
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