La boda de Ernesto y Ana en Escalante, Cantabria
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E&A
07 Jun, 2025El día de nuestra boda
Nos casamos el 7 de junio de 2025, en un día nublado, donde algunos rayos de sol escapaban rebeldes de las nubes. Ambos somos un tanto frikis, pero no queríamos una boda temática. Sin embargo, a medida que íbamos decidiendo el lugar y la decoración, comenzaron a verse muchos guiños a El Señor de los Anillos. No queríamos que solo se representara alguna de las sagas de fantasía o ciencia ficción que adoramos. Por eso, decidimos incluir otros detalles que hicieran referencia a La guerra de las galaxias, Harry Potter, Dune e incluso al pequeño extraterrestre Stitch. También hubo espacio para dinosaurios, ya que también nos gustan.
Enviamos las invitaciones el 1 de noviembre, que es el primer día de Dinoviembre. Para quienes no conozcáis este evento, es un mes en el que los dinosaurios cobran vida y cada día aparecen en distintas escenas. Mi chico y yo llevamos varios años celebrándolo y sorprendiéndonos mutuamente con la colocación de los dinos.
Seguir leyendo »Por esta razón, las invitaciones tenían que tener una referencia a Dinoviembre. Decidimos hacer un vídeo en el que los dinosaurios iban por una selva hasta encontrar algo enterrado. ¿Qué podría ser ese “algo”? Nada más y nada menos que la película La Comunidad del Anillo. Cuando los dinos ponían en el DVD el CD, aparecía la escena del Concilio de Elrond, pero habíamos doblado los personajes para incluir detalles de la boda.
Además, para facilitar la comunicación con los invitados y que toda la información estuviera en un solo sitio, creamos una web usando la opción que ofrece Bodas.net, donde incluimos, por ejemplo, un cuestionario para confirmar la asistencia, información sobre el alojamiento (ya que muchos invitados venían de fuera de la provincia o incluso del país), y las diferentes opciones de menús (normal, vegetariano, vegano, infantil), con la posibilidad de señalar alergias e intolerancias alimenticias. También añadimos un apartado para que los invitados nos enviaran sugerencias de música y otras cuestiones relacionadas con la localización, aparcamiento, etc., todo ello adornado con referencias frikis variadas.
El lugar elegido para la ceremonia, el banquete y la fiesta fue el Hotel San Román de Escalante. Un emplazamiento con diferentes espacios que hicieron posible una boda dinámica y adaptada, en la que pudimos incluir sorpresas tanto para los invitados como para nosotros mismos. La ceremonia se celebró en un bosque de robles dentro de la finca, que parecía sacado directamente de El Señor de los Anillos. El cóctel fue en los jardines, decorados con obras de arte que se entremezclaban con los adornos de nuestra boda en un equilibrio sorprendente. El banquete se sirvió en la casona, donde pudimos disfrutar de unos platos riquísimos.
Cuando los invitados llegaron, el novio les recibió y les indicó dónde debían dirigirse para la ceremonia. Mientras esperaban, podían tomar una cerveza o agua con limón bien fresquita para no pasar calor. Además, hicimos un cartel con las horas aproximadas de los distintos momentos de la boda. Este cartel representaba el camino que recorrieron Bilbo y los enanos en El hobbit, con diferentes paradas que indicaban: ceremonia, cóctel, banquete, etc.
Para la ceremonia en el bosque, decidimos construir un arco donde colocarnos, del que colgaba una lona con una foto de una pared de escalada, haciendo referencia a que nos conocimos escalando. La sorpresa fue que, durante la ceremonia, en un momento concreto en el que se llamaba a los amigos a la roca, aparecía dibujada la Puerta de Moria. Esto lo conseguimos gracias a un vinilo pegado en la lona, que solo se veía cuando se encendían unos LED colocados detrás.
Otros detalles de la ceremonia: en lugar de arras, usamos dados de rol. Los votos estaban escritos en papel que simulaba pergamino, en los cuales pusimos la imagen de la Alianza Rebelde en los del novio y el colgante de Arwen en los de la novia. Para los de lágrima fácil, había pañuelos en sobres con la famosa frase de Tolkien: “No diré ‘no lloréis’, pues no todas las lágrimas son amargas”, y el Árbol de Gondor, que simboliza la esperanza, la renovación y el linaje de los reyes en la Tierra Media. Las alianzas las encargamos a Gada Joyas, porque queríamos algo artesanal. En ellas pusimos nuestros nombres y la fecha de la boda. Además, para simular el contrato matrimonial, nuestra oficiante redactó un texto que parecía sacado de un libro de caballería.
En los diferentes espacios se colocaron los siguientes carteles de decoración (algunos no quedaron exactamente como queríamos, pero estamos muy contentos con el trabajo de la decoradora, que se implicó muchísimo y se esforzó en aprender todos los detalles y guiños que queríamos incluir).
En el cóctel, habilitamos una zona infantil con cojines y mesas bajas para que los niños no se aburrieran. Incluimos pinturas y hojas para colorear, cuadernos de pinturas mágicas, pomperos y figuras de madera para decorar. Queríamos haber escondido figuras de minidinosaurios por los jardines para que los niños los buscaran, pero no nos dio tiempo a colocarlas el día anterior. Queda la idea para futuras ocasiones.
Por supuesto, también había un espacio para hacer fotos durante toda la fiesta. Montamos un rincón con capas, atrezzo de El Señor de los Anillos, orejas de elfo, además de los típicos bigotes, gafas y carteles con frases temáticas de boda.
Para organizar las mesas del banquete, decidimos romper con los grupos de afinidad y buscar que todos se relacionaran con gente diferente. Así, en cada mesa había representantes de ambas familias, amigos de la novia y del novio. Sabíamos que era un poco arriesgado, así que, para romper el hielo, pusimos varios juegos: ruletas con preguntas que ayudaban a conocerse y rascas con pruebas que provocaran risas. Además, en cada mesa había un sitio vacío en el que, en lugar de un nombre, colocamos una carta de Magic (del juego de cartas) y un cartel de “invitado sorpresa”. La incógnita sobre quién sería el invitado sorpresa generó muchas conversaciones intentando averiguarlo. La sorpresa llegó cuando, tras el paseo de los novios por la sala al ritmo de “Shake Señora”, en vez de dirigirse a una mesa principal, cada uno se sentó en una mesa diferente. Siempre me habían dicho que en las bodas hay que elegir entre comer o atender a la gente, y como nosotros comemos juntos todos los días, decidimos separarnos y comer cada plato en una mesa distinta. Para indicar cuándo era el momento de cambiar, elegimos una serie de canciones relacionadas con los platos.
Para que los invitados supieran en qué mesa estaban, preparamos unas hojas de Lórien de madera con su nombre, y también un organizador de mesas en forma de mapa de la Tierra Media, ya que cada mesa llevaba el nombre de un lugar de ese universo.
Todos los invitados recibieron un detalle para recordar este día. Como el novio es de Cantabria y la novia de Madrid, quisimos incluir algo de cada tierra. Elegimos una botella con crema de orujo de Liébana, marca El Oso, y otra de licor de madroño del Alambique Santa Marta. Como la segunda venía en un estuche muy bonito, construimos unas cajas con cartulina para las otras, formando un pack muy mono, metido en una bolsa con la palabra “Gracias” y una pegatina que decía “Mi tesoro” (haciendo referencia a un personaje de El Señor de los Anillos) y una etiqueta con la silueta de la Comunidad del Anillo.
Para los más pequeños y adolescentes, sustituimos el alcohol por letras de madera con las iniciales de sus nombres y otros detalles apropiados para cada edad. También quisimos hacer un gesto especial con varias invitadas. A nuestras madres les regalamos un libro titulado Cartas a la madre, que recopila escritos de diferentes personalidades de la historia y del arte dedicados a las progenitoras. Para la invitada más pequeña, a modo de bienvenida a la familia, le regalamos una lamparita con su nombre, la fecha de nacimiento y algunos dados. Y, para la amiga que nos presentó, un collar de plata con un nudo de escalada, realizado por la misma joyera que las alianzas.
El momento de la tarta fue muy sencillo. Colocamos unas figuras de Playmobil vestidos de novios que nos habían regalado unos amigos, y utilizamos un cuchillo normal, aunque algunos invitados esperaban que sacáramos una espada. Pero, créeme, manejar una espada no es tan fácil y pesan mucho, así que optamos por algo más sencillo para evitar accidentes. Le dimos un toque divertido poniendo una canción que no suele ser habitual en estos momentos: la banda sonora de Indiana Jones.
Para el baile de los novios, elegimos una canción de swing lenta: “Two Sleepy People”. Lo especial fue que la coreografía la habíamos preparado nosotros tras apuntarnos a clases de swing. Nadie esperaba algo así, especialmente porque el novio tenía fama de poco bailarín.
Para darle un toque dulce al rato de la barra libre y la fiesta, montamos una mesa de dulces. Compramos chuches que simbolizaban el bastón de Gandalf, el Anillo Único y a Beorn en su forma de oso.
Como libro de firmas, colocamos un buzón de sugerencias con octavillas que los invitados rellenaron con un adjetivo para la boda, indicando si habían llegado en el Halcón Milenario, en escoba voladora o en carroza, además de un espacio para comentarios, felicitaciones y consejos. También pedimos que hicieran un dibujo de su lugar de procedencia.
Durante la boda, hubo varias sorpresas de baile: en la ceremonia, una coreografía tribal al ritmo de Misty Mountains Cold; antes del banquete, un baile de danza india (pues la novia baila kathak y Bollywood). En mitad de la fiesta, nos sorprendieron con un medley en el que los invitados, en grupos pequeños y con atrezzo variado, bailaron con entusiasmo y lograron emocionarnos y sacarnos muchas risas. El momento culminante fue cuando, avanzada la fiesta, sonó la música de Parque Jurásico en versión roquera y apareció una amiga vestida con un dinosaurio inflable naranja, bailando con globos que parecían guitarras eléctricas.
Por último, hablaremos de nuestros vestidos. El novio decidió hacerse un traje a medida en un sastre de nuestra ciudad, Carlos Romo. Era un conjunto compuesto por pantalón, camisa con cuello mao, chaleco y chaqueta. La novia eligió un vestido de Palmira Novias, un atelier también de Santander. Era blanco, con cola, con la espalda al descubierto y bordados en el pecho. Como complemento, llevó un velo de tul con motivos florales en el borde y unos pasadores blancos que hizo la madre del novio. Muchas personas pensaron que íbamos disfrazados de elfos, pero la verdad es que optamos por trajes sencillos, cómodos y que reflejaban nuestra personalidad.
La verdad es que todo salió genial; tanto los invitados como nosotros lo pasamos muy bien. Fue un día increíble, lleno de emoción y felicidad. Es cierto que pasamos horas preparando cada detalle, pero valió la pena cuando vimos el resultado y la acogida que tuvo, logrando sacar varios “¡Oh!” y algunas sonrisas. Lo curioso es que, aunque parecía que había mucho, los adornos eran sencillos y todo estaba distribuido de manera armónica, sin saturar, reflejando nuestra personalidad y gustos.
Esperamos que esta crónica pueda inspirar a otras parejas y, si alguien quiere algún detalle o plantilla de las que utilizamos para la decoración, los juegos o cualquier otro elemento, no dudéis en pedírnoslo.
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