La boda de Diego y Oihana en Parque Tecnologico (Zamudio), Vizcaya
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D&O
24 May, 2014El día de nuestra boda
Me llamo Oihana, y me gustaría compartir con vosotros el momento más especial de mi vida, el día de mi boda con Diego.
Llevábamos 17 años de novios, los últimos 7 conviviendo juntos. Nuestra relación llevaba tanto bagaje que nadie esperaba ninguna novedad a corto plazo. Pero la casualidad o el destino quiso que el año pasado nos tocara un piso de protección oficial y empezamos a plantearnos otorgar a nuestra relación más oficialidad y estabilidad. Era el momento, ahora o nunca. Si algún día queríamos dar el salto, qué mejor oportunidad que en un momento así, ante un cambio tan grande como cuando compras tu primera vivienda. Pero nos costó mucho decidirnos, y pasó el verano sin ni siquiera plantearlo en serio entre nosotros. Salía la conversación de vez en cuando en plan "deberíamos...", "cuándo mejor que ahora...", "estaría bien...". Pero no terminábamos de confirmarlo, ni sí ni no.
En esta situación en octubre visitamos Expobodas. Era la primera vez, y nos pareció que nos ayudaría a decidirnos si animarnos o no... La verdad es que tenía un poco de miedo a la reacción de mi novio. Pensaba que tanto gremio, tanto detalle, tanto por decidir le pareciera una ñoñería y una parafernalia innecesaria. Pero me equivoqué. Mi novio se lo pasó tan bien y disfrutó tanto de la experiencia de sentirte protagonista por un día, que nos decidimos... Nos casaríamos en 2014, pero a nuestro estilo, en una ceremonia sencilla y emotiva. Consultando agendas laborales nos decidimos por el 24 de mayo y ahí empezó nuestra aventura de organizar la boda.
Seguir leyendo »La idea era clara: ceremonia civil y con los invitados imprescindibles (familia y amigos importantes... sin compromisos ni gente demás). Teniendo en cuenta que ya no somos unos yogurines, tenemos 35 años, decidimos casarnos por la tarde (ya que no confiábamos en aguantar en condiciones desde la mañana) y nos decantamos por el Hotel Aretxarte, un sitio estupendo, rodeado de jardines, dentro del parque tecnológico de Zamudio. Además de las buenas referencias sobre el servicio, el detalle que nos hizo elegir el Aretxarte fue la posibilidad de realizar la ceremonia civil y oficial en la terraza del hotel, sin oficiante de pega, todo legal y sin tener que pasar por el juzgado el día antes.
Estaba decidido, lo anunciamos a la familia con la consiguiente sorpresa y tras unos pocos meses de preparativos llego el gran día. Ese sábado el día amaneció amenazante. El cielo encapotado y una temperatura bastante fresca nos auguraba mal tiempo. No decaímos y seguimos con el plan: peluquería, manicura, maquillaje... y para las 16:00 de la tarde ya estaba empezando a ponerme el vestido de novia. Siguiendo con la idea inicial me había decantado por un vestido largo de fiesta, en color plata, con corte imperio y mucha caída... sencillo pero elegante. No muy de novia, pero sí muy de mi estilo.
A las 17:00 empezaron a llegar algunos familiares a la recepción que había preparado mi madre para nuestra familia, con unas tapas para picar y algo de beber. Unos 20 minutos antes de que empezara la ceremonia, despachamos a la gente y me quedé a solas con mi padre. Éramos los últimos en salir hacia allí. ¡Todavía recuerdo el momento! Fueron unos 20 minutos de silencio, nervios, miradas entre mi padre y yo... ¡El reloj iba tan despacio!!
Aunque lo supe después, Diego tuvo una mañana mucho más ajetreada que yo, entre atender y llevar y traer a sus familiares. Encima tanto los músicos como el concejal llegaron justos de tiempo y estuvo a punto de volverse loco.
Llegado el momento, mi padre arranco el coche y nos dirigimos hacia el Aretxarte... Despacito, como en procesión, recorrimos los 8 kilómetros que hay desde casa de mis padres al hotel... y el destino o la casualidad quiso que en la radio sonara una canción que se titula Oihana, como mi nombre... Desde entonces, tiene un significado muy importante para mí.
A partir de aquí todo paso muy rápido: llegar al altar, ver a Diego tan guapo como estaba con su traje, todos los invitados sonriendo viendo como llegaba al altar... Todavía me emociono al pensarlo! El concejal fue majísimo, hizo una ceremonia preciosa, rapidita y con mucho humor y cariño. Y por supuesto nuestra elección del Aretxarte fue inmejorable, porque todo salió espectacular: la decoración, los jardines, el coctel, la comida increíble, la discoteca... Todo el personal súper atento y haciendo que todo rodara sin problemas. Incluso el tiempo se puso a nuestro favor y en lugar de llover, ¡terminó siendo una tarde maravillosa!
Nos consta que los invitados se lo pasaron genial y tuvimos muchísimas felicitaciones por todo: por la ceremonia (hubo algunas primas jóvenes que comentaron que de casarse lo harían así), por la comida (hubo muchísima comida y riquísima), por la música, incluso por nuestros trajes. Pero sin duda por lo que más nos felicitó la gente fue por el detalle de boda: como buenos dueños de dos perritos, decidimos gastarnos el dinero de los detalles en una donación a una protectora, y a los invitados les regalamos una tarjeta explicando el detalle junto con una foto de nuestra pequeña familia canina (elegida de la sesión preboda que hicimos con ellos, para que participaran en este día tan especial, aunque no pudieran estar físicamente con nosotros).
Decididamente, casarme ha sido una de las mejores cosas que he hecho en mi vida, y sin duda lo repetiría exactamente como fue. ¡Un día inolvidable!
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