La boda de David y Helena en Boadilla Del Monte, Madrid
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D&H
14 May, 2016El día de nuestra boda
¿Qué puedo decir? Fue una boda maravillosa, un día precioso: por el acontecimiento en sí, por tener a mi familia y amigos cerca, por ver a David tan feliz, por lo hermoso que era todo...
Nos casamos en Boadilla del Monte, en una ceremonia civil. Teníamos muy claro desde el principio que queríamos hacer la ceremonia y la celebración en el mismo sitio para que los invitados no tuvieran que desplazarse. Elegimos el Antiguo Convento de Boadilla. Cuando vimos el sitio por primera vez supimos que queríamos hacerlo allí. ¡Es tan elegante y tan bonito!
El día de la boda amaneció sin lluvia y con un alegre sol. Todo un alivio después de haber estado lloviendo 10 días sin descanso hasta la víspera. La previsión del tiempo decía que ese sábado pararía de llover pero sin duda fue una alegría comprobarlo al despertar esa mañana. Los huevos que alguna amiga llevó a Santa Clara debieron contribuir al milagro...
Esa mañana, tras la peluquería, el maquillaje y las fotos en casa con mis padres vino a buscarnos el coche que nos llevaría a la ceremonia. Todo se retrasó un poco, pues camino a la peluquería olvidé el tocado y tuve que volver a por él. El coche que vino a buscarnos era un coche de época, un Citroën de los años 50 en blanco y negro del que me enamoré en cuanto lo vi.
Seguir leyendo »La ceremonia era a las 13:00 horas y llegamos con retraso, pero ¿no tienen las novias el derecho a llegar tarde? Cuando llegamos al Antiguo Convento mi madre (que era la madrina) entró primero con el novio y después entramos mi padre y yo. El paseo con mi padre camino de la ceremonia, entre altos setos y sobre la alfombra roja, con mi ramo de lilas en la mano, es de las cosas más emocionantes que recuerdo. Entramos al son del vals de la melodía "Hab mich lieb", de "La viuda alegre", una de mis composiciones preferidas. Fue precioso entrar al lugar y ver a todos mis amigos y familiares. Y ver a David, que me esperaba con carita de felicidad.
La concejal que nos casó fue encantadora y leyó un precioso texto de Erich Fromm sobre el amor. Después intervinieron un amigo -que dijo unas bellísimas palabras con las que acabé llorando un poquito-, mi cuñado -que es guitarrista, y tocó para nosotros una pieza de Elvis-, mis sobrinos y los de David -que leyeron juntos un poema- y, finalmente mi madre, que leyó la célebre epístola de San Pablo. Aunque fuera una ceremonia civil, no quise que faltara ese texto tan bonito. La ceremonia transcurrió alegre y emotiva. La disfruté muchísimo. Finalmente, cuando ya éramos marido y mujer tomamos nosotros el micrófono para decir unas palabras, sobre todo para dar las gracias a los invitados, pues muchos de ellos habían venido desde muy lejos. El final lo marcó la obertura de "Las bodas de Fígaro" y todo fueron besos y felicitaciones. Después, salimos a la calle donde nos lanzaron los consabidos pétalos de rosa y arroz, que habíamos dispuesto en unos preciosos cucuruchos malva. Hubo muchos detalles en color malva, mi favorito.
Tras más felicitaciones y besos fuimos a hacernos las fotos en los alrededores, tanto con nuestro flamante coche como en un campito cercano, rodeados de flores. Me encantó ese rato en el que David y yo nos escapamos de la vorágine y solo estábamos nosotros y los fotógrafos. Sabíamos que tras ese rato de paz, vendría de nuevo el bullicio de estar con nuestros invitados, con más besos y más felicitaciones que también sabían a gloria.
Después de las fotos, entramos al cóctel, que se celebraba en el precioso claustro del Convento, lleno de flores blancas. No nos dio tiempo a disfrutarlo mucho, pues en seguida los invitados pasaron al salón. Y cuando todos estuvieron acomodados lo hicimos nosotros, entrando al son de "I do, I do, I do", de ABBA, bailando agarrados mientras todos nos aplaudían y vitoreaban.
La comida fue exquisita, estábamos muy contentos con el menú elegido (¡y los vinos, deliciosos!) aunque no pudimos comer muy tranquilos porque entre plato y plato nos levantábamos a saludar a los invitados de las mesas más cercanas. ¡Nos faltaba tiempo para estar con nuestros queridos amigos!
En los postres, nuestros padres y sobrinos repartieron los regalitos: unas velas para ellas y una lámina con una menina creada especialmente para la ocasión por mi suegro (que es artista) para ellos... y para las chicas que lo quisieran. El original de la preciosa menina está enmarcado y colgado ahora en nuestra casa. También tuve una detallito especial (unas fotos y un texto) para las amigas que me habían preparado las despedidas de soltera, que fueron divertidísimas.
Y tras la comida... ¡el baile! Lo abrimos a ritmo de vals vienés (soy una enamorada de Viena) y "Blurred lines", nuestra canción gamberra. Distribuimos entre las invitadas unas zapatillitas planas para que todas pudieran bailar olvidándose de los tacones. Y yo me cambié mis zapatos de 9 cm de tacón (pero que fueron cómodos después de todo) por unas zapatillas de deporte con mucha plataforma, para que no arrastrase el vestido. Y bailamos todo lo que dio de sí la tarde y todo pasó volando, en un suspiro. Poco a poco los invitados se fueron marchando y nos quedamos los incombustibles, hasta que sonó el final del baile (My way), que bailamos David y yo, emocionados, con lágrimas en los ojos de que se acabase ese día y de que todo hubiera sido tan bonito.
La noche de bodas fue en el mismo Convento, en una suite preciosa. Y a la mañana siguiente, bastante tarde para dejarnos descansar, nos trajeron un desayuno enorme a la habitación. Cuando, tras el desayuno, recogimos y nos marchamos tuve que hacer un esfuerzo para no llorar por dejar un sitio tan hermoso y que siempre nos recordaría a lo felices que fuimos ese día.
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