La boda de Ángel y Mª José en Granada, Granada
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Á&M
12 Oct, 2014El día de nuestra boda
Después de una noche fatal, me levanté dispuesta a disfrutar de todo lo que este gran día me ofrecía. Llevaba toda mi vida soñando con él y por fin comenzaba.
Tras levantarme junto a mi amor y mi pequeño, dormimos los tres juntos, me di una ducha y al me fui al centro de estética. Allí una gran amiga tenía su negocio abierto en domingo solo para mí. Entre risas, me dejó como una rosa: tratamiento facial, manicura, etc.
La siguiente parada era mi casa. Allí estaba otra gran amiga, encargada de peinarnos a mi madre y a mí. A mi madre la peinó en casa y después fuimos a tomar una tapilla, típico en Granada, y nos fuimos al hotel donde me esperaba una suite preciosa para prepararme tranquilamente. Poco después llegaba mi cuñada con una mochila cargada de pintura y listo. Peinada y maquillada y ya estaba casi lista, entre amigas, pasando un rato muy divertido.
Al rato llegaba mi madre guapísima, pero eso sí, ¡hecha un manojo de nervios! Casi a la par, llegaban los fotógrafos, así que llegaba el momento de ponerme el vestido, un precioso vestido de Rosa Clará que no podría ir más con mi estilo y mi personalidad.
Seguir leyendo »Tras unas fotos y vaivenes de gente por la habitación, primas, amigas, etc. bajamos a esperar el coche, que casualmente llegaba tarde ¿Cómo no? Los encargados de recogerme eran mi amiga del alma, Marta, y su marido y claro, Marta es la persona más despistada que conozco y… ¡pensaba que la boda era una hora más tarde!
Empezaban así una serie de tropiezos. Llegamos a la iglesia y el novio aún no había llegado porque una procesión se había interpuesto en su camino, pero sin problema, paramos un poco antes y dejamos que pasaran. Fue un pequeño problema pero todo seguía su curso. Entramos en la hermosa Iglesia de San Gil y Santa Ana y allí estaba el Sacristán esperando que le diera los anillos para tenerlos preparados y cuando se los pedí a mi madre… ¡Sorpresa! Ella no los tenía ni sabía dónde podían estar.
De repente, llegó el momento culmen de la ceremonia y nos acercaron un anillo que no me cabía y uno enorme para mi marido. Después nos acercaron una bandeja con las arras, cuando mi marido guardaba al mismo tiempo nuestras arras en su bolsillo.
No pudo haber más traspiés, pero fue incluso divertido. Al salir nos esperaba una eterna lluvia de arroz y un montón de besos. Al rato nos fuimos a dar un paseo, como el que tantas veces hemos dado por nuestra preciosa ciudad y ¡Qué sorpresa al encontrar casi todas las calles cortadas! Este hecho nos permitió hacer unas fotos diferentes y divertidas en las que lo pasamos genial gracias a Stelart, unos chicos encantadores y muy profesionales.
Llegamos ya por fin al Hotel Vinccy Albayzin, donde todos los invitados esperaban ansiosos nuestra llegada, y una vez todos estaban sentados en el salón, entramos mientras sonaba la cancion "Happy", la favorita de nuestro niño. El banquete fue todo un éxito y la gente no paró de felicitarnos por el estupendo menú. Tras el postre, una sorpresa me esperaba en el gimnasio destinado a pista de baile y barra libre del hotel. Mi tío y mi primo estaban preparados para tocar El vals de Amelie con guitarra y acordeón en directo. Mi padre, recién recuperado de un gravísimo accidente de tráfico, cogía mi mano para abrir baile. Fue el momento más emotivo de la fiesta para todos los allí presentes.
A partir de ese momento, risas, copas, música y mucha fiesta para terminar en la habitación del hotel tomando una bandeja de fruta recién cortada y una botella de cava. Y hasta aquí puedo contar. ¡Un día mágico que siempre recordaré!
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