La boda de Albert y Miriam en Sant Cugat Sesgarrigues, Barcelona
Rústicas Otoño Granate 1 profesionales
A&M
26 Sep, 2015El día de nuestra boda
The Dark and Pink Wedding (o Una Boda de Cine)
La verdad es que nunca hubiera esperado que el día fuera a ir tan bien. Nunca he sido partidario de casarme, y lo hice para hacer feliz a mi pareja... pero debo admitir que ahora me alegro mucho de haberlo hecho. Muchísimo, va.
Empecé el día en casa de mi padrino Frans, ya que mi mujer me había echado directamente para tener la casa para ella y su familia… Mientras él iba a buscar el ramo y su mujer Judit iba a la peluquería, a mi vino a peinarme Lidia, la fotógrafa, que como también es peluquera aproveché en contratar. No iba a hacer ningún peinado ni nada, pero tuve la idea de hacérmelo en semi-recogido con un toque oriental (llevo el pelo muy largo) y me pareció gracioso. Debo decir que conseguí mi objetivo: ¡qué se hablara más de mi peinado que del de Miriam! Cuando terminó, las fotos de rigor, a esperar a mi cuñado Miquel y su pareja Gloria, los dos guapísimos, para ir hacia La Masia "La Torre del Gall".
El viaje estupendo, íbamos muy bien de tiempo, aunque el grupo de amigos que cogía el autobús tuvo varios percances antes de salir que me alteraron un poco (tardones, pantalones rotos, ¡nada que no esperara!). La sorpresa fue ver que el resto de invitados había llegado bastante pronto, así que fue salir del coche (a ritmo de Bohemian Rhapsody) y recibir a una marabunta de familiares y amigos. Pero bueno, pese al colapso inicial, poco a poco, fui saludando a todo el mundo con estilo. En el fondo fue divertido, es muy curioso ver a todos tus familiares y amigos arreglados y en tu boda, si te paras a pensarlo.
Seguir leyendo »Una vez llegada la hora, movimos a todos los invitados a "El Bosquet", la zona donde decidimos hacer la ceremonia, un pequeño y precioso bosque detrás de la Masia. Anna, la Jefa de la Torre y una mujer encantadora y perfectamente eficaz, se encargó de irme diciendo todo lo que tenía que hacer, dónde ir, etc, así que estaba muy tranquilo.
Ya en la invitación anunciamos que la nuestra era "Una Boda de Cine" (diseñada por el estudio "El Pulpo", ¡unos cracks!), así que subí al altar con la música de Superman (y gemelos, calcetines, y sí, calzoncillos a juego). Mi madre por supuesto lloró como una tonta, pero bueno, ¡para eso están las madres!
Al cabo de poco Míriam, mi Princesa Prometida entró. Judit, la mujer de mi padrino, me preguntó como esperaba que fuera el vestido, y ciertamente lo clavé: parecía una princesa Disney (pero en blanco, sin colorines). Estaba realmente preciosa, y nunca he visto a nadie tan orgulloso y feliz como a su padre Josep Maria llevándola al altar.
Nuestro amigo Molina fue el pastor de la ceremonia, y pese a que tiene experiencia casando gente, fue gracioso ver que estaba bastante nervioso (además de resacoso, porque tuvo una boda el día anterior, ¡pobre!). ¡Pero lo hizo de fábula igualmente!
Aunque lo espectacular fue la gente que elegimos para que hablara en la boda: Silvia se marcó un rap a lo Principe de Bel Air para hablar de nuestra historia, Xavi hizo un discurso divertidísimo y elegante sobre nuestra infancia y los problemas de vivir en la Meridiana Alta y Baja, y Laura habló y lloró (e hizo llorar) emocionada y con el corazón en la mano. Después el pequeño Jan trajo los anillos (de Joies Orli, otros que nos han dejado encantados) en una espectacular carrera, y pim pam, ¡ya estábamos casados!
Aquí toco hacer las fotos de pareja de rigor. Al menos nos dieron una copa para el camino, ¡pero estaba desesperado por llegar al pica-pica! No me gustan los posados, no me gustó hacer el preboda y no disfruto siendo el centro de una foto seria, pero por un lado, el paisaje era precioso, entre las viñas de La Masia y con el día espléndido que hacía. Y por el otro... Llevaba un Sable de Luz. He dicho que era Una Boda de Cine, ¿no? Pues sí, le pedí a un amigo su sable de Annakin Skywalker y lo llevé durante toda la ceremonia y las fotos. Bueno, casi todas. Mi yo "serio y posado" no hubiese sido auténtico, en cambio mi yo "payaso y freak" sí. Y para posar y estar guapa, ¡ya estaba Miriam...!
De aquí pasamos al pica-pica. Me habían dicho que no lo disfrutaría, pero los camareros nos iban trayendo bandejas reservadas para los novios, así que no pasamos hambre. No pude verlo, pero me han contado que había un grupo de amigos perfectamente posicionado en la entrada de los camareros que los atacaban y dejaban "secos" como si fueran vampiros. En el fondo estoy orgulloso de ellos, un pica-pica significa "comer o ser comido", ¡y ellos se lo comieron todo!
El pica-pica es la parte que menos recuerdo de todo el día. Todo el mundo venía a buscarte y llevarte con su grupo para hacerte una foto con ellos. Aquí Miriam y yo nos separamos para abarcar más gente y claro, la gente se empeñaba en juntarnos para la foto. Yo me divertí haciendo "photo-bomb" (ponerse detrás de una foto y hacer el payaso) cada vez que veía a grupos de gente haciéndose una foto. ¡Como era el novio, les hacía gracia!
Y luego, las fotos de grupo. El otro fotógrafo, Sebastián (de Luz y Grabados, ¡a falta de ver las fotos finales 200% recomendados!), fue todo un profesional e hizo las fotos de grupo a la velocidad de la luz. Hicimos unas 80 fotos de grupo (éramos 160+ invitados) ¡en pocos minutos! Genial, porque mi objetivo durante la boda era que no se hiciera pesada en ningún momento y que tuviera un buen ritmo.
Ah, una de las cosas a destacar también fue el buen uso que dieron todos nuestros amigos de la App de Wedshots de aquí, de Bodas.net. La semana anterior envié un email a la gente más joven para que se la bajaran, y durante toda la ceremonia no pararon de subir fotos. ¡300 y pico fotos tengo del evento!
Con todo el mundo sentado, entraron nuestros padres, y luego nosotros al ritmo de la Marcha Nupcial de “Flash Gordon” (by Queen). El primer Viva los Novios, el primer que se besen... ¡y empieza el banquete!
Todo fue perfecto. Dimos regalos entre todos los platos para aligerar y animar el ambiente, y como pusimos las mesas con los amigos en el centro de todo conseguimos el efecto deseado de risas y jolgorio. La comida, pescado y carne, no fue buena, ¡fue deliciosa! Durante la prueba lo pasamos mal porque estaba todo muy bueno y fue difícil elegir, pero todo el mundo nos dijo que estaba de rechupete. Y todo, como ya he dicho, con mucho ritmo, sin hacer las entregas de regalos pesadas ni dejar mucho tiempo entre comidas. Hemos ido a muchas bodas (estamos en esa edad en que todos los amigos se casan), y la verdad es que la experiencia adquirida fue muy útil para ver lo que queríamos y como lo queríamos.
Una de las cosas que me hizo más ilusión de la boda es una pequeña tontería. Había 8 niños rondando los 7-8 años que no se conocían entre ellos. Pues después del segundo plato, me escapé al lavabo, y en una de las salas me los encontré jugando juntos y con pinta de pasárselo muy bien. Les habíamos dado chuches a todos, y supongo que el subidón de azúcar ayuda, pero no sé, todos hemos sido niños y sabemos cómo puede ser una fiesta de adultos, así que verlos pasándoselo bien me llegó al corazón.
La parte del pastel no la voy a explicar. Anna nos dijo que eso era una sorpresa de La Torre del Gall hacia nosotros, y así fue, un pedazo de sorpresón. El único "spoiler" que voy a decir es que fue muy adecuado para una boda de cine... ¡y que nos encantó!
El baile inicial fue el resultado de una dura negociación con Miriam, a la que al final convencí. Molina (el amigo que nos casó) hizo de Presentador del Jack Rabbit Slim Twist Contest y fuimos Vincent y Mia en la pista de baile. Y luego... “When you say Nothing at All”, ¡para compensar!
Durante el baile estuvieron habilitadas dos zonas: la pista y un chill-out fuera con la barra libre. La gente se repartió entre ellas y cada uno iba a su rollo, pero en la pista de baile siempre había gente dándolo todo. A mitad del baile los fotógrafos dieron el regalo que teníamos preparado para los asistentes, una copia de la foto que habíamos hecho minutos antes para todos, y al terminar de darlas montaron un photocall fuera, donde ya la gente se desmadró del todo. La única pega del baile es que pese a que habíamos contratado coca, fruta y chucherías para comer durante el baile, no vi nada de eso, porque la gente se lanzó en manada y lo devoró todo. ¡Si algún día me caso, pediré cinco veces más comida para el "ressopó"! Pero bueno, para cuando cerramos la pista de baile teníamos preparadas unas bandejas de pastas de la Dori Dori que eran el azúcar necesario para aguantar la post-fiesta.
El baile en sí, genial, pero aluciné cuando vino el D a decirme "oye, que quedan 15 minutos para terminar las dos horas y media contratadas, ¿qué hacemos?". Fue fácil decidir, vi que aunque mucha gente mayor ya se había ido o estaba en ello, la gente joven (y alguna no tan joven) estaba "on fire", así que nada, una hora más que valió totalmente la pena. Lo gestioné con el Dj (Xavi, un Dj que trabaja siempre con La Torre, muy majo), la barra libre y el autocar (Autocars Vendrell, también, muy recomendados) de vuelta a Barcelona, que no tuvo problema en llegar una hora más tarde, así que perfecto. Yo iba de la barra al chill-out, del chill-out a la pista de baile, y hablaba y bebía con todos. Creo que con la única con la que no hablé fue con Miriam, ¡que solo la veía para hacernos fotos!
Las bajas reportadas fueron un amigo mío que esperó inconsciente bajo la lluvia (llovió solo a última hora) y otro de Miriam que dejó el lavabo fino. Al día siguiente en el libro de firmas vimos el mensaje "Os hemos dejado a XXX en el lavabo, ya pasaréis a recogerlo" ¡y nos partíamos! (‘todo el mundo sabe quién fue, pero no le voy a hacer el feo de ponerlo por escrito!). Decidimos dejar el premio al Mejor Borracho en empate por KO.
Y nada más, cuando todos marcharon recogí lo que había quedado en la sala como recuerdo, y los padres de Miriam nos llevaron de vuelta a Barcelona a pasar la noche de bodas en el Hotel Melià de Diagonal. Lo único que puedo decir de lo que pasó en la habitación... ¡es que tardé 15 minutos en desabrochar el vestido de Miriam, y que tuve que hacerlo con una cucharilla!
Si me lo hubiesen dicho hace un año, no lo hubiese creído, pero después de horas y horas de buscar, ver, perseguir y negociar... ¡Realmente tuvimos Una Boda de Cine!
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