Decepcionante
Nuestra boda fue el 15 de agosto de 2026, con 215 invitados, y después de casi dos años preparando con muchísima ilusión lo que debía ser uno de los días más felices de nuestra vida, sentimos que debemos compartir nuestra experiencia tal y como fue.
Queremos empezar por lo bueno. Desde el principio, el trato con Mercedes, la persona que lleva el palacio, fue muy bueno. Es una persona cercana, atenta y con la que, durante los preparativos, sentimos que todo se nos hacía fácil. También queremos destacar que las mesas estaban preparadas desde primera hora de la mañana y estaban preciosas. El trabajo previo y la decoración del espacio nos parecieron espectaculares.
Por desgracia, el día de la boda las cosas se complicaron y sentimos que la gestión de los imprevistos no estuvo a la altura.
A la hora de la salida de los novios se levantó un aire muy fuerte que empezó a tirar la vajilla de las mesas que ya estaban montadas. El viento duró aproximadamente una hora y cuarenta y cinco minutos, por lo que se tomó la decisión de desmontar todas las mesas exteriores y trasladarlas al salón.
Entendemos perfectamente que el viento no es responsabilidad del lugar y también entendemos que fue una situación de muchísimo estrés para la coordinadora, los camareros y todo el equipo. Precisamente por eso creemos que lo importante es saber gestionar estos imprevistos. Y ahí fue donde, desde nuestro punto de vista, falló el servicio.
Durante ese proceso, los camareros que tenían que encargarse del cóctel tuvieron que ayudar con el traslado y montaje de las mesas, por lo que entendemos que el lunch no llegara correctamente a todos los invitados. Lo que no entendemos ni podemos justificar es el trato que algunos camareros tuvieron con nuestros invitados: respuestas desagradables, malas formas y una actitud que varias personas nos trasladaron durante y después de la boda.
Cuando se volvieron a montar las mesas, también hubo bastante desorganización. Algunos invitados no tenían asiento, otros tardaron muchísimo en encontrar su sitio y hubo mesas con cuatro personas cuando el mínimo establecido era de ocho. Todo esto podemos llegar a entenderlo teniendo en cuenta la situación excepcional que se había producido.
Lo que ya nos cuesta más entender es todo lo que ocurrió después.
Nuestro menú estaba compuesto por pescado, sorbete, carne y postre, además de marisco al centro. La comida, en general, estaba muy buena, y esto queremos reconocerlo porque nuestros invitados también nos lo dijeron. Sin embargo, el marisco fue bastante decepcionante para gran parte de los asistentes. Los langostinos estaban buenos, pero las gambas, según nos comentaron numerosas personas, no tenían prácticamente sabor.
También se empezó a servir Coca-Cola en botellas de 2 litros, algo que para una boda de estas características nos pareció bastante poco cuidado. Además, la bebida estaba caliente y sin gas, y fueron varios los invitados que se lo hicieron saber directamente a los camareros.
Hubo incluso mesas a las que se les sirvió el postre antes que la carne…
Durante el café, la situación volvió a ser bastante caótica. Algunas mesas llegaron a pedir el café tres y cuatro veces sin que se lo llevaran, o recibían algo diferente de lo que habían solicitado. En ese momento, algunos invitados ya se lo tomaban incluso con humor porque la situación resultaba difícil de creer.
En la barra libre ocurrió otra cosa que nos decepcionó especialmente: teníamos contratada y elegida previamente una tarta que formaba parte del menú y, sin embargo, no se sacó. Consideramos que algo que estaba acordado y contratado previamente debería haberse servido independientemente de los imprevistos del día.
Respecto a la recena, para 215 personas nos pareció bastante escasa. Y aquí tuvimos una decepción especialmente grande con las croquetas. Las habíamos probado durante la prueba de menú y nos habían encantado. Sin embargo, las que se sirvieron el día de la boda no tenían absolutamente nada que ver con aquellas. Desde nuestro punto de vista, eran croquetas congeladas, y es algo que se nota claramente cuando has probado previamente el producto que se te ha ofrecido.
Nosotros llevamos además, por nuestra cuenta, diferentes pasteles para preparar una mesa dulce. Tenemos que decir que la mesa quedó preciosa y fue colocada con mucho gusto. En ese aspecto, estamos muy agradecidos porque visualmente quedó realmente bonita.
Lo que nos sorprendió muchísimo fue descubrir a los camareros comiendo los pasteles allí y que cuando se recogieron los pasteles al finalizar la boda (que fueron los padres del novio) y sabían lo que habían recogido , al día siguiente había mucha menos cantidad … Había también dos cajas y media de macarons de colores y únicamente quedaba aproximadamente media caja. En ningún momento dimos autorización para que el personal cogiera esos productos, por lo que nos parece una falta de respeto y de civismo completamente innecesaria.
Y quizá lo más importante de todo: no hablamos únicamente de comida, mesas o tiempos de servicio. Hablamos de cómo nos sentimos nosotros ese día.
Mi pareja terminó llorando al final de la boda delante de varios camareros, del DJ y de otros profesionales. Tuvimos demasiados momentos de ansiedad y preocupación en un día que llevábamos casi dos años preparando para disfrutar.
Por supuesto que disfrutamos de nuestra boda. Sería injusto decir lo contrario, porque estuvimos rodeados de nuestra gente, de familiares y amigos que hicieron que el día siguiera siendo especial. Pero también sería mentira decir que la disfrutamos como esperábamos. Hubo demasiados momentos en los que, en lugar de estar celebrando, estábamos preocupados por lo que estaba ocurriendo.
Queremos dejar claro que todos los profesionales externos que contratamos —DJ, fotógrafos, videógrafos, coctelería, decoradoras, etc.— estuvieron maravillosos y no tenemos absolutamente ninguna queja de ellos. Al contrario, hicieron un trabajo fantástico.
Precisamente por eso nos da tanta pena que una de las partes más importantes, el propio lugar y su servicio, fuera la que terminara fallando.
Entendemos que pueden surgir imprevistos y que el viento fue una circunstancia completamente ajena al establecimiento. Lo que esperábamos era que, ante una situación así, hubiera una mejor capacidad de reacción, organización y, sobre todo, un trato adecuado hacia nuestros invitados.
Esperábamos mucho más. No porque esperáramos que todo fuera perfecto, sino porque después de casi dos años preparando nuestra boda, esperábamos sentir que estábamos en buenas manos cuando las cosas se complicaran.
Las cosas buenas también hay que decirlas, y por eso reconocemos el buen trato de Mercedes durante los preparativos, el bonito montaje inicial, que la comida en general estaba buena y que la mesa dulce quedó preciosa. Pero también creemos que cuando algo no sale bien hay que decirlo, especialmente cuando se trata de un día tan importante y que no se puede repetir.
Al final, una boda solo ocurre una vez. Y esa es precisamente la parte que más pena nos da: que hubo situaciones que ya no se pueden solucionar ni repetir.