La boda de Vicente y Anna en Argentona, Barcelona
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V&A
29 Ago, 2015El día de nuestra boda
29 de agosto de 2015, sin duda uno de los mejores días de mi vida. Los nervios de los días anteriores desaparecieron esa mañana al despertarme. Estaba tranquila, en manos de los mejores profesionales, y sabía que toda nuestra familia estaría a nuestro lado con ganas de pasarlo bien y contribuir a que ese día fuera inolvidable.
Mi prioridad en ese día era que todo el mundo se sintiera especial y único. Está claro que es una fiesta de los novios, pero sin toda la gente que te rodea para mí no tendría sentido, y quería que la gente sintiera que los habíamos tenido en cuenta en todo momento. No quería perderme nada, me habían dicho tantas veces que todo pasa tan rápido, que tenía claro que iba a saborear cada momento. Es por eso que me vestí en mi casa, pero acompañada de mis padres, mi hermano, mis abuelos y mis tíos. Así aprovechamos todos para ponernos guapos juntos con la ayuda de Laia Martin Makeup, que nos dejó a todos radiantes y consiguió ocultar los signos de fatiga que arrastrábamos de los últimos días de preparativos (que fueron caóticos). Aunque digan que hay que hacerlo todo con mucha antelación, nosotros llevábamos casi 2 años de preparación, pero hay cosas que hay que dejar para el último momento, y creo que es inevitable el estrés de los últimos días.
Seguir leyendo »Una vez maquillada y peinada llega el momento de ponerse el vestido. En ese momento pensé, tantas pruebas y ahora va en serio, la última vez que te enfundas en este vestido, ha llegado tu momento. Y a partir de ese momento… ¡todo pasa tan rápido!
Nos casamos en la iglesia de Santa Maria Reina (Barcelona). Fue muy especial porque nos casó el mismo cura, que nos hizo el cursillo prematrimonial, y con el que conectamos a la perfección desde el primer momento. A pesar de mi media hora de retraso (sé que es de muy mala educación, pero el tráfico en Barcelona, a pesar de ser agosto, era terrible a las 17h de la tarde), supo amenizar la espera a los invitados y sobre todo al novio. Fue una ceremonia muy emotiva, participaron parte de nuestra familia durante toda la ceremonia y nos dedicaron palabras muy bonitas, esto también ayudó a que la gente no creyente disfrutara con ese momento y no se hiciera largo para nadie.
Acabada la ceremonia salimos hacia Bell Recó (Argentona), una impresionante casa a la que llegas a través de un caminito en medio de la montaña. Los árboles te acompañan durante todo el camino, pero al llegar a la finca desaparecen dejando al descubierto todo el palacete. El aperitivo se servía a los pies de la casa, donde hay una zona adoquinada con un lago en medio. Tuvimos la suerte de llegar antes que los invitados, que iban en autocar. El equipo de Jubany lo tenía todo impecablemente preparado y Xavi, su responsable, nos esperaba con un refresco para que nos relajáramos antes de ir a hacer las fotos por los distintos rincones de la finca. Aprovechamos una rama horizontal de uno de los árboles que entraba en la zona del aperitivo, para colgar fotos de todos los invitados con una dedicatoria personalizada para cada uno por detrás, éramos 150 invitados y teníamos miedo de no poder hablar con todos y decirles lo importante que eran para nosotros, y creo que conseguimos emocionar a más de uno.
Tardamos poco en hacernos las fotos de pareja, queríamos tener sobre todo fotos con los invitados. Al entrar al aperitivo, sonando la canción de Coldplay: “Viva la Vida”, entramos nosotros con un globo cada uno con las iniciales del otro y los invitados con globos de colores azul-grana (guiño a nuestro segundo amor, el Barça, que tenía que estar presente también en este día tan importante). Y la música nos acompañó ya durante toda la noche… lo dimos todo en cada baile. Al entrar al salón de cenar, en cada entrega de regalos, y sobre todo en nuestro baile nupcial. Fue con la canción: “New York, New York”, de Frank Sinatra, porque es nuestra ciudad preferida y nos parecía una canción preciosa. Lo hicimos en el hall de la entrada de la casa, donde hay una impresionante escalinata de madera que baja a dos aguas y se une en una misma escalera en el tramo final. Los invitados nos esperaban desde abajo y se pensaban que apareceríamos por la misma planta, por la puerta del salón-comedor. Lo que no sabían es que mientras ellos se levantaban para ir al hall subimos por una escalera oculta a la planta de arriba, se apagaron las luces, empezó la canción y un foco iluminó la escalera por la que bajamos al ritmo de la música hasta llegar a bajo y hacer el baile rodeados de nuestra familia y amigos.
Y hasta aquí puedo contar… sin duda, el día más fugaz pero más intenso y feliz de nuestras vidas. Ver a toda la gente que quieres junta, incluso gente que no se conocen de nada pero ese día se han fotos en el fotomatón juntos… ¡es indescriptible! Y sin duda vale la pena todas las horas, dinero y esfuerzo invertido. Lo volvería a repetir una y mil veces más.
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