La boda de Remi y Mireia en Arbucies, Girona
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R&M
01 Ago, 2026El día de nuestra boda
Después de once años juntos, el 1 de agosto de 2026 llegó por fin uno de esos días que llevas tanto tiempo imaginando que parece imposible que haya llegado de verdad. Nos casamos en Jardins El Roquer, rodeados de 87 de las personas más importantes de nuestra vida, y hoy podemos decir que fue exactamente la boda que queríamos.
La noche anterior y una mañana sorprendentemente tranquila
Tuvimos la suerte de poder alojarnos en el precioso palacete francés de Jardins El Roquer y quisimos pasar allí juntos también la noche anterior a la boda. Aunque quizá "descansar" no sea la palabra más adecuada: fue precisamente esa noche, escribiendo nuestros votos, cuando tuvimos uno de esos momentos de realidad absoluta de «mañana nos casamos».
A la mañana siguiente nos separamos para comenzar los preparativos en distintas habitaciones del palacete. Mireia se preparó acompañada de sus padres y hermanas, mientras Gil Ayats, encargado de la fotografía, y Alex Movies, del vídeo, comenzaron a inmortalizar desde primera hora todos esos pequeños momentos previos a la ceremonia.
Seguir leyendo »Sorprendentemente, los nervios no fueron los protagonistas. Fue una mañana muy tranquila. Tener todo tan bien organizado y, sobre todo, contar con grandes profesionales a nuestro alrededor hizo que pudiéramos olvidarnos de prácticamente todo y dedicarnos simplemente a disfrutar.
Para el vestido, Mireia eligió Berta Milano, aunque en realidad podría decirse que el vestido la eligió a ella: fue el único vestido de novia que llegó a probarse. Se lo puso, supo que era ese y no necesitó ver ninguno más. Lo acompañó con zapatos de Jimmy Choo y joyas de Petrita.
Remi vistió un traje de César by Antonio Vidal, también responsable de sus zapatos.
Las alianzas fueron de Joyería Sagaste y hubo además un pequeño detalle especialmente importante para nosotros. En el ramo de Mireia colocamos una pequeña chapita en recuerdo de nuestra perrita, que ya no podía estar físicamente con nosotros pero que, de alguna manera, queríamos que también nos acompañase ese día.
La ceremonia
Decidimos no hacer first look. Queríamos que la primera vez que nos viéramos vestidos de novios fuese precisamente en la ceremonia.
Remi esperaba ya en el altar cuando comenzó a sonar una versión de La Sirenita de Brent Morgan y Mireia apareció acompañada de su padre.
Y ahí desapareció cualquier posibilidad de mantener la compostura.
Mireia comenzó a llorar prácticamente desde el momento en que entró y Remi, esperándola en el altar, tampoco estaba precisamente lejos de hacerlo. La entrada de la novia acabaría siendo, de hecho, uno de los momentos favoritos de Remi de toda la boda.
Celebramos una ceremonia civil oficiada por un juez y quisimos que nuestros amigos también tuvieran protagonismo, con intervenciones de amigas de Mireia y amigos de Remi. Pero el momento más especial llegó con nuestros propios votos.
Para Mireia fue, sin duda, el momento de la boda. Remi había escrito unos votos preciosos y escucharlos allí, delante de todas las personas que queremos, hizo que ese instante fuese todavía más emocionante.
Aunque nuestros votos tuvieron también un invitado completamente inesperado.
En mitad de la lectura de los votos de Mireia se escuchó de repente un fuerte frenazo de un coche seguido de un golpe. Durante unos segundos nadie supo exactamente cómo reaccionar: si mirar hacia atrás, comprobar qué había ocurrido, detener la ceremonia… Mireia optó por la solución más práctica posible y siguió leyendo sus votos como si absolutamente nada hubiese sucedido.
La ceremonia terminó entre emoción, sonrisas y flores secas lanzadas por nuestros invitados a la salida.
Cóctel y un pequeño mundo de LEGO
Después de la ceremonia aprovechamos los propios jardines para hacer nuestra sesión de fotos antes de incorporarnos al cóctel. No necesitamos coches ni desplazamientos: todo sucedía allí y pudimos movernos tranquilamente por Jardins El Roquer.
El cóctel y el banquete, a cargo de Fusió Catering, se celebraron completamente al aire libre, rodeados de una decoración floral en tonos rosas, fucsias y burdeos.
Uno de los detalles a los que más cariño dedicamos fue el seating plan. No queríamos hacer simplemente un panel con nombres y números de mesa, así que decidimos construir literalmente nuestra boda en LEGO.
Creamos un escenario con la distribución de las mesas, árboles y diferentes elementos y, después, construimos una figura de LEGO personalizada para cada uno de nuestros 87 invitados. Cada persona tenía que encontrarse dentro de aquel pequeño escenario para descubrir dónde estaba sentada y, después, podía llevarse su figura como recuerdo de la boda.
Durante el cóctel contamos además con una artista que fue pintando en directo pequeñas acuarelas de nuestros invitados, de manera que muchos pudieron llevarse a casa otro recuerdo completamente único de aquel día.
Y si hasta entonces habíamos conseguido mantener cierta elegancia y solemnidad, nuestra entrada al banquete terminó definitivamente con ella.
Entramos saltando y bailando Breaking Free, de High School Musical.
Probablemente no exista una manera mejor de explicar el ambiente que queríamos para nuestra boda.
El menú continuó con una tostada de foie, cochinillo y, finalmente, el pastel nupcial elaborado por Pastisseria Fàbrega.
Y entonces empezó la fiesta
Mientras nuestros invitados entraban en la zona de fiesta, nosotros aprovechamos esos últimos minutos para practicar a escondidas nuestro primer baile.
Habíamos preparado una coreografía para Still the One, de Teddy Swims, y con ella abrimos oficialmente la última parte de la boda.
Durante la fiesta llegó también uno de los momentos que más risas provocó: el lanzamiento del ramo. Para acompañarlo elegimos ¿Y el anillo pa' cuándo?, de Jennifer Lopez, que nos parecía la banda sonora perfecta para el momento.
Quizá nos vinimos un poco arriba.
Mireia lanzó el ramo hacia atrás con tanto ímpetu que, en lugar de llegar al grupo que esperaba para atraparlo, acabó enganchado y colgando de la carpa.
Durante unos segundos, todas las candidatas se quedaron sin ramo y nosotros con una de las imágenes más divertidas de la boda. Después de una ceremonia llena de emoción y de tantos momentos románticos, aquel lanzamiento absolutamente fallido terminó convirtiéndose en una de esas anécdotas que todavía nos hacen reír al recordarla.
A partir de ahí, DJ Jordi Sayols se encargó de la música y nosotros únicamente tuvimos que preocuparnos de disfrutar.
Además de la barra libre tradicional, quisimos incluir una selección de cócteles de autor y, para recuperar fuerzas durante la fiesta, pizzas y golosinas.
La celebración terminó alrededor de las 23:00 y, aunque todavía quedaban muchos invitados con energía para continuar, nosotros terminamos el día de una manera que ahora recordamos con muchísimo cariño: los dos solos, descansando en Jardins El Roquer después de que todo hubiese terminado.
Después de tantos meses de preparativos, decisiones, nervios y expectativas, de repente solo quedábamos nosotros dos y la sensación de haber vivido algo irrepetible.
Exactamente la boda que queríamos
Si tuviéramos que elegir nuestros momentos favoritos, Mireia se quedaría con los votos y, especialmente, con escuchar los que Remi había escrito para ella. Remi, con el instante en que vio aparecer a Mireia entrando en la ceremonia.
Y si tuviéramos que definir nuestra boda en tres palabras, serían mágica, romántica e inolvidable.
Pero quizá haya una forma todavía más sencilla de resumirla: fue el mejor día de nuestra vida.
Si pudiéramos volver al 1 de agosto de 2026 y empezar de nuevo aquella mañana, no cambiaríamos absolutamente nada.
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