La boda de Raül y Marina en Olot, Girona
De noche Primavera Rosa
R&M
28 Abr, 2018El día de nuestra boda
El sábado 28 de abril amaneció soleado contra todo pronóstico. Me desperté en casa de mi hermana, donde me iba a preparar junto a ella, su marido, mi sobrino y mi madre y su pareja. La boda era a las 18h pero me pasé toda la mañana en la peluquería acompañando a mi hermana y mi madre, yo pedí ser la última en peinar y maquillar. Estuve bastante tranquila todo el día, pero cuando se acercó la hora de vestirme empecé a sentir unas ganas locas de ver a mi pareja. Cuando llegaron Jaume y Víctor (los chicos de La Cuina Visual) fui consciente de que ya se había puesto todo en marcha. Me pidieron que leyera una carta que le había escrito a Raül y que le había entregado su hermano junto a unos gemelos personalizados que le regalé. Utilizaron mi voz para el vídeo de la boda.
Llegó el momento de vestirme y me puse un poco nerviosa. Era el momento de ver si todo cuadraba. Nos sacaron fotos y grabaron mientras mi madre y mi hermana me ayudaban a vestir y poner los complementos. Aproveché este momento para regalarle a mi hermana una pulsera igual que la que yo había escogido para ese día, fue muy emocionante.
Seguir leyendo »Recuerdo con cariño que al salir de la habitación donde me había cambiado, mis cuñados y el novio de mi madre me vieron. Me sentía muy a gusto con el vestido y no era consciente de que iba de novia, así que su cara y sus palabras me hicieron reír. El hermano de Raül me entregó el ramo y me dijo unas palabras muy emotivas.
Para ir hasta el restaurante, como yo no quería renunciar a nadie, me senté en el asiento del copiloto, el conductor era el hermano de Raül y en el asiento de atrás estaban mi hermana, su marido y su hijo. Estaba un poco nerviosa porqué íbamos tarde y tenía muchísimas ganas de abrazar a Raül.
Al llegar, todo fue muy rápido. Me bajé del coche, y escuché la música que había elegido Raül para entrar junto a su madre. Saqué la cabeza por arriba de los setos y lo puede ver. Y enseguida sonó mi canción. Agarré el brazo al marido de mi hermana y empezamos a andar hasta Raül. Sonrientes, contentos, con miradas de complicidad. Al llegar, nos fundimos en un abrazo.
La ceremonia fue perfecta, el oficiante lo hizo genial y no se hizo nada pesada a pesar de que fue más larga de lo habitual. Les habíamos pedido a los 4 testigos (mi hermana, una amiga del instituto y dos amigos de la universidad de Raül) que nos dedicaran unas palabras y fue increíble. Reímos y lloramos un montón. Los anillos los llevaron el hijo de mi hermana, que iba con un traje igual que el de Raül y la hija de su hermano, que llevaba un vestido hecho a medida con un cinturón de la tela de mi vestido. Al acabar la ceremonia el oficiante anunció un parlamento sorpresa y yo me quedé muy sorprendida, no tenía ni idea. Pero más sorprendida aún por ver que era Raül quién iba a hablar. Es muy tímido así que no me lo esperaba. Sus palabras fueron preciosas, y si había alguien que no había llorado antes, aquí nadie pudo aguantar. Al acabar la ceremonia, aparte de los pétalos que habíamos preparado, nos tiraron confeti rosa y fue muy divertido.
En la zona del aperitivo pusimos unas letras luminosas de madera hechas por Raül y su padre que quedaron preciosas. Mientras los invitados estaban disfrutando del aperitivo, a nosotros nos hicieron algunas fotos muy bonitas en el restaurante y el espacio de la ceremonia, no quisimos alejarnos de la gente. Era divertido ver a los invitados ver el sitting plan, que lo hicimos con fotos de nuestros padres, abuelos y hermanos en el día de sus bodas. Cuando fuimos a encontrarnos con los invitados nos recibieron con más confeti rosa. A penas comimos nada en el aperitivo, yo tenía un nudo en el estómago y no daba abasto con tantos selfies. Este fue el único momento de estrés que viví, pero una vez superado me relajé y seguí disfrutando a tope. Durante la cena apenas estuvimos sentados, ya que nos apetecía estar con la gente y hablar con todo el mundo. Hicimos lo que nos apetecía cuando nos apetecía. El momento del pastel fue muy emotivo ya que nos lo hizo una amiga nuestra que es una artista y todo el mundo quedó impresionado. Era precioso, delicioso y muy nuestro, con una pareja de gatitos coronándolo.
Al acabar la cena, mi hermana y mi cuñado nos regalaron una pareja de muñecos Sylvanian que eran míos cuando era pequeña, ¡vestidos como nosotros! Me hizo muchísima ilusión y el nivel de detalle era increíble. Después de repartir algunos regalitos hicimos el baile. Tengo que decir que no me gusta nada bailar en público, así que hasta ese momento no tenía claro si lo iba a hacer o no. Pero a pesar de que me pisaba el vestido y de que no me pude poner los zapatos con los que había practicado, bailamos un rock que dejó a la gente flipando (no por la calidad, sino por mi aversión al baile). Al acabar el baile, proyectamos un vídeo que yo había preparado con unas amigas como sorpresa para Raül y todos nos reímos. Después salimos al jardín y el primo de Raül y una amiga mía cantaron algunas canciones. Fue muy muy muy bonito y una sorpresa. Finalmente, llegó el momento de la disco y en un abrir y cerrar de ojos ya nos estábamos yendo a dormir. Habíamos alquilado un hotel rural cerca para pasar la noche con algunos amigos y familiares y al día siguiente hicimos un “brunch” con ellos. Fue muy bonito y divertido recordar la noche anterior todos juntos.
La resaca emocional nos duró semanas y aún lloramos al ver fotos y vídeos. La organización fue un poco dura para mí porque se me juntó con un momento profesional bastante estresante. Pero ese día, desde que puse el pie en el Mas Les Cols, entendí que todo el estrés había valido la pena.
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