La boda de Raúl y Helena en Cabrils, Barcelona
Al aire libre Verano Morado
R&H
13 Jul, 2019El día de nuestra boda
Fue el día más perfecto de mi vida, incluso teniendo en cuenta las pequeñas cositas que no salieron bien. Empezó temprano, pero sin querer. El calor que nos estuvo atacando toda la semana, incluso aquella misma noche, nos dejó dormir poco y nos despertó junto con la luz de la mañana. Tenía la alarma puesta a eso de las 9, por aprovechar para acabar preparativos, pero antes de las 8 ya estábamos despiertos, así que decidimos darnos por vencidos en cuestión de sueño y desayunar con calma, entre caricias y palabras bonitas.
Estaba realmente tranquila y, como tenía aún cosas que hacer, me concentré en ellas y no pensé mucho en otras cosas. Pero hacia las 12 de la mañana, teniendo hora para peinado y maquillaje a la 1, ya empecé a sentir cosquillitas en el estómago al verme aún sin haber acabado de envolver los detalles de los invitados. Y sin arroz. ¡Un templo merecen esas madres rescatadoras que nos compran arroz y bolsitas a 6 horas de la boda! A pesar de no haber podido terminar todas las cositas que me hubiera gustado tener en la boda, me fui a arreglar con la conciencia tranquila: lo más importante está hecho, lo que no está son solo detalles que nadie va a echar en falta.
Seguir leyendo »Seguí bastante en calma hasta que me vinieron a buscar a la estética mi mejor amiga, mi prima y mi madre para llevarme a la masía. Y ahí empezó todo. Nos equivocamos de camino y llegamos muy justas de tiempo, pero el retraso, además de estrés, también generó risas. En la habitación ya me puse realmente nerviosa, pero se volcaron en mí, en hacerme fotos bonitas, con la bata y los preparativos... ¡Preciosas! Bromeamos y nos acabamos de retocar las unas a las otras, en unos momentos preciosos de compañerismo y cuidados mutuos. Empezaron a llegar los invitados, mi chico, la familia... ¡Pero mi padre llegaba tarde! Suerte que no me tenía que llevar el al altar.
Después de todo el nerviosismo y los preparativos de última hora, en cuanto llegó le pedí a mi padre que viniera a verme a la habitación, ya que quería que me viera antes que los demás para hacerle saber que para mí es muy importante, aunque no vaya a ir de su brazo hasta el hombre de mi vida. Y al verme empezó a llorar de la emoción. Fue uno de los instantes más dulces y tiernos del día, y lo atesoraré en mi memoria para siempre. Y a la hora que tocaba se fueron todos a la ceremonia. Entonces pude oír a mi chico, al otro lado de la puerta, llamándome para que saliera. Mi corazón se fundió de amor sólo con oír su voz reclamándome... Y salí. Estaba tan guapo y elegante... Y aquel momento fue solo de los dos, y lo seguirá siendo. El momento más íntimo y de mayor conexión de nuestras vidas. Aunque estuviera ahí su hermano para plasmar el momento en fotos preciosas, solo pude sentir la presencia de mi futuro marido y fue mágico.
Entonces ya temblaba. Salimos al jardín y nos dijeron que cuando indicáramos ponían la música. Cogí fuerte su mano con la mía y dije: adelante. Desde aquél momento no paré de llorar. Las emociones se me salían del cuerpo. Fue una ceremonia hermosa, perfecta. Corta, con discursos de nuestros seres más queridos y mucha lagrimita de alegría. Llegó el momento de los votos: fue indescriptible. Aún hoy lo oigo en mi cabeza por las noches y me inunda de amor. Tras firmar, todo fue una fiesta. Alegría, buena comida, bebida fresca, muchas fotos y comentarios preciosos de nuestros invitados. Me alegré de que sólo fuéramos 56 personas, pude estar con todos un ratito y agradecerles todo lo que hacían por nosotros con el simple hecho de estar ahí. Hicimos un juego de retos de fotos y vídeos y ¡fue un éxito! Todo el mundo participando y unas fotos y vídeos chulísimos.
En la cena fue todo bien, aunque las entregas fueron un poco desastrosas ya que no las habíamos preparado bien, y la música no dejaba que habláramos por el micro. Pero no le dimos importancia: quien tenía que enterarse se enteró bien. Entonces nos costó un poco hacer entrar a todo el mundo para el baile, pero me gusta pensar que se hacían los remolones porque se encontraban muy a gusto. Y abrimos el baile. ¡Fue un desastre divertidísimo! Apenas lo habíamos ensayado (solo una vez: la noche anterior, a la una de la mañana y con un par de copas de más), pero improvisamos y lo disfrutamos al máximo. En realidad, ¿a quién le importaban nuestras habilidades danzarinas? Creo que lo importante es que vieran amor y complicidad, y creedme, de ambas cosas hubo raudales.
A partir de entonces todo perfecto. Buena música, bebida, mucho bailoteo y una alegría que nos llevamos a casa con nosotros y que conservaremos para siempre. Disfrutad incluso de las cosas que salgan mal porque merece la pena y nos pone en perspectiva las cosas que realmente importan en una boda: el amor, el compromiso y la alegría de compartirlo con quienes saben apreciarlo. Lo demás, el tiempo se lo lleva consigo.
Otras bodas en Masia Can Tosca
Ver todas
Otras bodas en Barcelona
Ver todas
Inspírate con estas bodas
18 comentarios
Deja tu comentario