La boda de Pablo y Alba en Sant Quirze Safaja, Barcelona
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P&A
07 Jun, 2014El día de nuestra boda
El día de la boda fue espectacular, inigualable, irrepetible, ¡genial! Y sobre todo, muy nuestra. Hemos llamado a nuestra boda “La boda DIY” o “Manualidades bodiles” porque muchas cosas y detalles los hicimos nosotros con nuestras manitas. Os voy a explicar todos los detalles de nuestra boda de fin de semana.
La boda en sí empezó el viernes con la llegada de todos los invitados. Muchos llegaron en avión a Barcelona, así que allí estaba la novia, o sea, yo misma, con mi padre en el aeropuerto a las 5 de la tarde con una furgoneta de 9 plazas esperando. Los invitados fueron llegando (algunos con retraso), los nervios, el calor, la cola de vuelta del aeropuerto y fuimos a la Masia Mas Badó. Allí durmieron todos los invitados que venían de fuera (valencianos, suizos, franceses, bosnios, italianos), unas 40 personas. El novio cenó con ellos y toda su familia y yo me quedé en mi casa tranquilita con mis padres, mi hermano y mis sobrinos. Por suerte, estaba tan agotada de todo el día (me hice manicura y pedicura por la mañana, tratamiento de hidratación en la cara y fui a recoger la furgoneta alquilada) que me dormí muy prontito.
Seguir leyendo »¡El sábado desperté muy pronto! Y no sé para qué porque la peluquería y el maquillaje no los tenía hasta la una del mediodía. Pasé la mañana paseando tranquila pero los nervios podían conmigo. ¡Y llegó la una y todos a correr! La peluquería y el maquillaje aumentaron mis nervios, llegó el fotógrafo, mi madre preparando el vestido, los complementos, los invitados que no encontraban el sitio, mis sobrinos nerviosos correteando por toda la casa. ¡Llegaron el fotógrafo y el videógrafo y por fin me puse el vestido! Los nervios no desaparecen, pero la sensación de calma de que por fin te pones tu vestido y es tu gran día es increíble. El novio, por lo que me dijo el fotógrafo, también estaba de los nervios.
Por fin pisé el césped que me llevaba al altar, sonaba mi canción, y al fondo, mi futuro marido y cientos de ojos mirándome. Ese momento casi no lo pude disfrutar porque los nervios hicieron que caminara muy deprisa. Sólo quería llegar a Pablo y darle un beso. Y así fue: llegué al altar, le di un beso a mi suegra, un beso a Pablo y me tranquilicé. Desde ese momento, todo fue increíble. Todo el mundo estaba radiante, yo no podía dejar de sonreír y Pablo y yo no dejábamos de mirarnos. Todo el trabajo y esfuerzo merecían la pena.
Todo salió perfecto. El juez nos tranquilizó en todo momento, la música sonó en su justo tiempo, la lectura del tío de Pablo le emocionaron y la lectura de mi madre que leyó mi prima me hizo llorar, los testigos nos envolvieron para dar el sí quiero. A continuación, la música de salida, el arroz y los pétalos, millones de besos de felicitaciones y alegría de todo el mundo. Nos fuimos media hora a hacernos las fotos y llegó el aperitivo, del cual no probamos casi bocado porque queríamos agradecer y estar con los invitados. La cena fue magnífica, el servicio estuvo genial, los platos en su justo momento y deliciosos.
El pastel no fue uno de los mejores momentos puesto que el carro del pastel no pudo llegar a la mesa presidencial por falta de espacio. Igualmente, no era una cosa que le habíamos dado mucha importancia, así que no nos importó mucho. Los detalles y regalos empezaron por los padres de los novios: un lienzo de una foto de nuestro preboda para cada familia. Luego vinieron los testigos: una botella de cerveza especial para los 3 hermanos (el mío y los dos de Pablo) y una pulsera para mi mejor amiga. Después las abuelas recibieron un marco de fotos de plata con la misma foto que el lienzo de los padres. ¡Y por fin los novios! Nosotros no teníamos ninguna pareja que tuviera boda a la vista, ¡así que decidimos dar 3! El primero fue a unos amigos de Pablo que ya tienen una hija y queríamos darles un empujoncito para que regularicen la situación. El segundo fue a mi amiga que lleva un montón de años con su novio y no nos importaría acudir a su boda. Y los últimos fueron de broma. Los amigos de toda la vida de Pablo no se quieren casar a pesar de llevar mucho años juntos y durante toda la preparación de nuestra boda estuvimos apretándolos y riéndonos de a ver quién iba a ser el siguiente. Así que cuando vieron que habían salido 2 novios ya pensaron que pasaríamos de ellos, pero aparecimos con una tercera pareja de novios y empezamos a dar vueltas alrededor de sus mesas, empezamos todos a reírnos, a mirarse unos a otros a ver quién iba a ser el siguiente, las chicas mirándose para pasar el trago, ¡y les dimos los novios a la pareja que lleva nada más y nada menos que 14 años juntos! Los dos empezaron a reírse y el resto descansó, pero nos lo pasamos muy bien en todo el momento que nadie sabía quién era.
La siguiente parte fue la que más nos puso nerviosos. ¡El primer baile iba a ser muy especial! Y es que Pablo y yo fuimos a clases de baile para poder bailar ¡la canción de Dirty Dancing! Fue una sorpresa total, nadie creía capaz a Pablo de bailar así ¡y mi madre no se lo podría creer! La cola no ayudó a dar las vueltas ni pasos que teníamos preparados, pero todo el mundo supo el baile que era y lo compenetrados que estábamos. Los días de preparación, las clases en la academia sin duda sirvieron. Nos lo pasamos genial aprendiendo los pasos, desalojando todos los muebles del comedor para ensayar, grabándonos para ver los fallos, pensando en la cara de nuestras madres al vernos bailar así.
La discoteca estuvo muy bien, ya mi vestido estaba cogido con un imperdible porque la cola me molestaba y todo el mundo se empezó a desmelenar. Los invitados se sorprendieron al ver la candy bar que había preparado y el photocall que Pablo había puesto en la entrada. El photocall, por supuesto, también era diferente puesto que era un autophotocall. Había una cámara, un mando a distancia y una pantalla de ordenador en la que podías verte, así que cada uno hizo las fotos que quiso. La noche se alargó hasta las 5 de la mañana y las chicas aguantaron muy bien sin dolor de pies gracias a las bailarinas que pusimos en la entrada de la discoteca. Yo me lo pasé genial, pude hablar con todos los invitados, bailamos toda la música que pusieron, bebimos hasta no parar de sonreír y sonreímos todo el rato porque había salido todo tal y como lo habíamos pensado.
El domingo la gente despertó tarde, algunos desayunaron algo y nos encontramos todos (unas 70 personas) en la piscina de la masía para pasar el día. Todo el mundo estaba encantado con todo, el día nos acompañaba y nos pudimos bañar y todo acabó con una comida en la mejor compañía y con el recuerdo de un fin de semana que no podíamos haber imaginado nunca.
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