La boda de Natalia y Jorge en Villalbilla, Madrid
Elegantes Otoño Azul 2 profesionales
N&J
05 Nov, 2022El día de nuestra boda
Después de tantos meses de preparativos, de "run-rún" sobre qué queda por hacer, qué falta, sobre el tiempo que hará, sobre quién vendrá y quién no, a quién sentar con quién... Llega el gran día. Todo el mundo te dice las mismas cosas (lo que se conocen como frases "060") del tipo "todo pasa muy rápido", "no tendrás tiempo ni de comer", "será el día más feliz de tu vida"... En fin, cosas que cualquier persona que lo viva desde fuera identificará como topicazos.
El caso es que llega el día de la boda. Paradójicamente, sin darte cuenta, ya que estábamos tan liados con toda la marabunta de cosas que la cotidianeidad nos otorga que, hasta la misma mañana, a las 5:45 am en la que nos levantamos porque acaba de llegar la peluquera de Natalia, no éramos plenamente conscientes de que ese día nos casábamos. Y llegó la hora del desayuno. Y llegó la hora de ducharse, de autopeinarse (con extremo cuidado de no hacerme nada raro en el pelo con mis técnicas rudimentarias), acicalarse lo que buenamente se puede y medio vestirse para culminar con la llegada del fotógrafo.
Seguir leyendo »Mientras pasaban todas estas cosas de este día único, los visos de dicha cotidianeidad seguían haciéndose hueco. Conversaciones con mis padres, estar pendientes de si mi hermana subía o no, sobre cómo iba mi pequeño sobrino, de escasas semanas de vida... Y llega el fotógrafo y nos hacemos las fotos, y me agobio porque se nos echa la hora encima y meto prisa a mis padres, a mi hermana (oficiante de la boda) y, de repente, llegamos a la finca y me encuentro con todo el mundo. Quizás es ese el momento primero en el que me doy cuenta de que esta no es una boda cualquiera (como tantas a las que hemos ido previamente y las que nos quedan en el futuro).
Ir con mi madre del brazo para cruzar la “pasarela” fue algo de lo que no fui del todo consciente. Mi madre, mientras tanto, hablando de otras cosas (otra vez las filtraciones de la cotidianeidad sempiterna) lo que, ahora mismo, agradezco, ya que me evitó distraerme de mi profunda vergüenza de sentirme el centro de las miradas. Hasta que llegó Natalia. Y otro topicazo: el fin de semana anterior, vi como el futuro marido de una amiga mía se emocionaba al verla llegar al altar y me enternecí de su sensibilizad. Ese día no pude entenderle más.
Podría contar todo el resto de la boda, pero me gustaría quedarse con ese momento, en verla (como siempre pero, a la vez, tan guapa, tan radiante, que era como si dos soles brillaran esa dulce mañana de otoño). Con eso me quedo, porque después pasaron muchas cosas, vivimos en una nube de euforia de la que nos costó (afortunadamente) recuperarnos y porque, como diría Stephen King, "hay cosas que son difíciles de decir porque son de un valor infinito y, al ponerles palabra, al salir de la boca, suenan más pequeñas de lo que en verdad significan.
Bueno, con eso me quedo y con que me confirmó que sí se quería casar conmigo.
PD: Natalia, si estás leyendo esto, recuerda que te quiero.
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