La boda de Manuel y Nieves en Jimera De Libar, Málaga
En el campo Verano Verde
M&N
27 Jun, 2015El día de nuestra boda
Nunca había soñado con el día de mi boda, ni con ir de princesa, ni nada por el estilo. Decidimos casarnos simplemente porque nos apetecía compartir con nuestros amigos y familia algo bonito y organizar una gran fiesta que todos recordaran.
Para la ocasión yo elegí el vestido Palmer de Alma Novia, que me pareció muy años 20, y cómodo, muy cómodo de llevar. Unas sandalias planas preciosas de Lola Cruz completaron mi cómodo look.
Para el ramo elegí uno de proteas, que me recuerdan a nuestra época viviendo en Sudáfrica ya que es la flor nacional de ese país que nos encanta.
Mi marido (aún se me hace rara la palabra) llevó pantalón gris y chaleco azul, con tirantes y pajarita de Mrs Bow Tie, muy original y guapo. Lo mejor es que ninguno de los dos se sintió disfrazado, éramos nosotros.
Elegimos una finca de campo, con alojamiento para mucha gente, porque una celebración de un día nos sabía a poco, y queríamos celebrar una boda de fin de semana. Además teníamos muchos invitados de fuera (de España y del extranjero) y nos sabía mal que viajaran hasta tan lejos sólo para un almuerzo. Así que ofrecíamos boda el Sábado, alojamiento y paella el domingo. Me habría encantado asistir como invitada, de verdad.
Seguir leyendo »La finca (El Molino de la flor, en Jimera de Libar, Málaga) nos enamoró. Es una finca llena de árboles, cruzada por un río, a los pies de la sierra de Grazalema, un sitio precioso y virgen, lleno de verde y de posibilidades. Nunca se habían celebrado bodas allí, así que tuvimos que trabajar duro para acondicionar la finca que albergaría a 120 personas comiendo, bailando... Montar una carpa para la cocina del catering, poner puntos de electricidad, decorar todo... trabajo duro que mereció la pena muchísimo.
Decidimos dividir la finca en cuatro zonas: ceremonia, aperitivo, almuerzo y baile.
Queríamos involucrarnos totalmente en nuestra boda, ya que era muy importante que fuera a nuestro gusto. Así que diseñamos las invitaciones, hicimos el photocall y el videocall, nos encargamos del seating y los meseros, de las guirnaldas de luces, hechas con origami por nosotros... un lío, pero sarna con gusto no pica.
Para el seating decidimos hacer algo especial que sorprendiera a nuestros invitados. Así que buscamos fotos de todos ellos el día de su boda (o elegantes si no estaban casados) y las imprimimos en blanco y negro. Colgamos las fotos de los invitados por filas con un pequeño lienzo al final de cada ristra de fotos indicando el número de la mesa. Todas colgadas en una cuerda entre dos árboles. Más tarde pusimos las fotos en una caja en la zona de copas para que cada uno se pudiera llevar la suya.
Para los meseros hicimos unos números con acuarela en un pequeño lienzo (que compramos en la tienda tiger). Después de la boda se los regalamos al catering para que los puedan usar en otras bodas, porque quedaron preciosos y era una pena no volver a usarlos.
La idea del videocall fue de Manuel, que es un manitas para estas cosas. Con una televisión pequeña, una cámara gopro y madera montó lo que acabó siendo el centro de la fiesta. Lo que nos hemos reído viendo los mensajes que nos dejaron los invitados y los bailes espontáneos, imitación de escaleras mecánicas... Fue todo un acierto meternos en este jaleo.
La decoración en general se la encargamos a mi cuñada Ana, que nos conoce bien y entendía perfectamente lo que queríamos. Acertó de pleno (a las fotos me remito) con el uso de girasoles, balas de paja a modo de asiento, trigo... y una espectacular puerta en medio del campo para dar paso a los novios a la ceremonia (entre otros muchos detalles que fueron el centro de las fotos).
Todo quedó muy campestre y moderno. Aun ahora veo las fotos del pasado Sábado y me parece mentira que fuésemos capaces de montar un fiestón de ese calibre y no morir en el intento.
Además de lo bonito por la decoración la ceremonia resultó muy emotiva, conducida por mi hermano Miguel y mi cuñada Lola. Con muchos amigos y familiares dedicándonos palabras bonitas y compartiendo recuerdos.
La noche de bodas la pasamos en una de las pequeñitas cabañas en árboles que salpican la finca. Allí nos habían preparado (cortesía de la finca) una camita y una botella de cava. Un detallazo increíble que nos sacó una gran sonrisa.
Nuestros amigos nos prepararon videos sorpresa, un flash mob en directo... en fin, no he llorado más en mi vida. Es un día que recordaré siempre, seguro.
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